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Marta Romero | En Profundidad 15/11/2013
Ayer se representó en el Auditorio Municipal de Alcázar de San Juan la obra ‘La mala memoria’, una particular visión de un tema de candente actualidad: los niños robados. Luz –Ruth Gabriel- es una joven adoptada que emprende un camino sin retorno hacia la verdad, encontrar a su madre biológica y saber quién es en realidad. Ruth recibió a manchainformacion.com en su camerino y nos desveló algunas claves de su personaje, de su vida artística y personal.
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Escena
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Cuatro en escena
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Lo primero que llama la atención de Ruth Gabriel es su simpatía. Le cuesta muy poco sonreir y tiene un brillo especial en los ojos, como de niña a la que le queda todavía mucho por descubrir. Quizá esta actitud contrasta con la imagen que de ella tenemos a través de su trabajo porque, desde aquel personaje de Charo, en la película de Imanol Uribe ‘Días contados’, no ha parado de encarnar a mujeres intensas, fuertes, sufridoras. Un poco también como Luz, la protagonista de la obra que ayer se representaba en el Auditorio de Alcázar. Un personaje que poco o nada tiene que ver con ella y para el que ha tenido que “tirar de imaginación” para poder encarnarlo. Aunque, como ella misma comenta, “siempre encuentras partes de ti que ayudan a que el personaje tenga su voz y su cuerpo”.

Luz es una joven obsesionada con encontrar a su madre biológica, ya que fue una niña adoptada en un caso de robo de bebés. Todo empieza cuando encuentra, grapado a su certificado de adopción el de su propia defunción. No es algo irreal, esto está pasando, puesto que la obra de Antonio Muñoz de Mesa trata un tema de candente actualidad. Ruth ha tenido la ocasión de acercarse a casos reales y apunta que “siempre existe esa necesidad de buscar a la madre, curiosamente no al padre”.

Aunque “La mala memoria” es un “dramón”, también se dan situaciones de auténtica carcajada –especialmente en la relación que establece el personaje de Ruth con el Doctor (encarnado por un gran actor como es Carlos Álvarez-Nóvoa)- “La gente viene al teatro dispuesta a ver un drama y notas como parece que les da vergüenza reírse” –comenta Ruth- “Creo que es una forma de tratar con la mayor naturalidad posible un tema tan complicado como el que se está contando. Un tema que tiene componentes de thriller, equívocos y que te plantea la moralidad porque piensas si es lícito todo lo que Luz está haciendo para llegar a la verdad. Y luego están los secretos. Olvido (Asunción Balaguer) y el Doctor están protegiendo la verdad bajo llave, porque es tan devastadora que es mejor tenerla a salvo hasta que reviente. Por eso, creo que se ha tratado con suavidad, con naturalidad. Las personas que han pasado las cosas más grandes del mundo son un poco así; cuentan las cosas con la más absoluta tranquilidad, porque ya las han vivido y han sobrevivido a ellas”.

Una historia que cuenta con un reparto de lujo: Asunción Balaguer –con la que Ruth trabajó cuando tenía 19 años, con ella y con su fallecido esposo Paco Rabal. “Asunción es generosa, dulce, muy de verdad”. Carlos Álvarez-Nóvoa, “un terremoto, generoso a morir y con una energía que te envuelve” y Liberto Rabal, “el más nuevo en esto de hacer teatro pero que ha encajado muy bien”.



Igual que en la mirada de Ruth se intuye su inquietud por seguir aprendiendo, su apertura a descubrir cosas nuevas, es inevitable sentir que miras a los ojos de una mujer con gran madurez y experiencia y es que, a pesar de sus tan sólo 38 años, lleva toda la vida actuando. “La primera vez que subí a un escenario tenía 11 meses y no nací sobre las tablas de milagro” -Su madre, Ana Rosetti, estrenaba una obra y aguantó hasta el último momento para ir al hospital. Su padre, Ismael Sánchez Abellán, también es actor -“Mis padres tenían una compañía de teatro y he vivido muchas giras en furgoneta y con los baúles a cuestas. Yo empecé a trabajar en televisión con 5 años y, desde entonces, sigo aquí” -de casta le viene al galgo- “Mi padre fue el primero en abrir la veda y le costó la relación con sus padres, detrás de él fue también mi tía, Susi Sánchez. Es algo que he vivido y disfrutado en casa. He tenido la suerte de contar con dos maestros tan maravillosos como son mis padres y poder hacer lo que me apasiona”.

Pero Ruth confiesa que no ha sido un camino de rosas y que también ha vivido momentos muy duros: “pegada al teléfono” esperando una llamada, haciendo pruebas que después no salían, etc. “Creo que los actores tenemos algo de masoquistas. Pero es como lo de las tragaperras, cuando por fin te da premio, ese momento es tan estimulante que no importa todas las monedas que hayas tenido que echar primero”. Y Ruth ha echado unas cuantas –“He puesto mis copas, me he hecho mis gogós, aunque ahora eso lo vea tan lejano. Cuando estás sin trabajar, siempre tienes que inventar algo. Muchas veces me pregunto, a ver, ¿para qué sirves aparte de para decir cuatro frases juntas?”.

La vida de Ruth no es tan diferente de la del resto de los mortales –“De pronto, no llegas a fin de mes y soy madre, tengo dos hijos. En más de una ocasión he tenido que buscar la forma de hacer doblete, para tener un trabajo para comer y otro para pagar a la persona que cuida de mis hijos para que yo trabaje. Además, tampoco estamos ahora en el mejor momento, la crisis es una zancadilla constante para el espectáculo; especialmente para el cine. Parece que están planeando cual es la manera más disimulada de cargarse la industria. El teatro es otra cosa, porque siempre hay circuitos y sigue en la misma rueda. Pero es cierto que la subida del IVA –del 8 al 21%- hace muy difícil que se pueda hacer taquilla. A las personas que vienen a vernos al teatro, con lo que cuestan ahora las entradas, hay que darles infinitas gracias”.

A nivel profesional, Ruth confiesa que le hubiera gustado interpretar a Frida Khalo pero que, en este momento, le apetece mucho más hacer comedia - “Me apetece más un personaje como de Minnie Mouse y liberarme”- Aunque no lo parezca, se confiesa vergonzosa –“No sabía dónde meterme cuando me cantaban el feliz cumpleaños, o cuando te sacaban a participar en cualquier espectáculo” –Quizá por eso ahora sienta que es el momento de explorar su faceta cómica- “Me da un poco de miedo, porque nunca lo he hecho. He estado tal vez un poco encasillada por mi físico en otro tipo de personajes, de los que he aprendido mucho, por supuesto. Pero me apetece hacer un poco el ridículo, creo que es muy sano”.

Hasta que ese personaje llegue, Ruth Gabriel continuará encarnando a Luz en los escenarios con “La mala memoria”. Disfrutando del “espectáculo más 3D que existe y el que más cosas siempre tiene que decir sobre lo que está pasando en la calle”, el teatro.
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