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Marta Romero | El Quijote y Cervantes 12/04/2015
De la infancia recuerdo dos cosas; el gusto por perderme recorriendo las calles de Alcázar de San Juan y las acaloradas discusiones con mis primos de Alcalá de Henares sobre el lugar de nacimiento de Cervantes. Y es que el insigne escritor y su Ingenioso Hidalgo corren, sin quererlo, por las venas de todos los alcazareños. Te invito, querido lector, a que recorras conmigo a través de estas líneas el Alcázar de Cervantes y descubrir juntos la huella del Hidalgo.
 
 
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Los alcazareños tenemos algo de Quijotes impreso en nuestro ADN. Ese toque soñador y aventurero que nos empuja a descubrir el mundo y colorearlo de locura. Quizá nos falte algo de Sancho y su llana cordura. En cualquier caso, sin importar los siglos transcurridos desde que Miguel de Cervantes Saavedra diera forma a Don Quijote de La Mancha y a los distintos personajes que le acompañan en sus aventuras, nos sentimos retratados en su prosa y llevamos con orgullo ser manchegos y defender que en Alcázar de San Juan está la cuna de uno de los escritores más grandes de todos los tiempos. Una defensa que no sólo se basa en pruebas y certezas, como la partida de bautismo en Santa María La Mayor de un Miguel de Cervantes Saavedra, con todos sus apellidos –no como sucede en la encontrada en Alcalá de Henares- y la existencia de una casa donde se dice vivió. Es una defensa de corazón, sentida, intuida… ¿Y quién se atreve a decir que donde nosotros vemos gigantes sólo hay molinos?



En 1748 se descubrió en la Parroquia de Santa María la Mayor, en el Libro Primero de Bautismos, correspondiente al período 1556-1635, la partida de bautismo de Miguel de Cervantes Saavedra. Como se puede leer en la fotografía, data su nacimiento el día 9 de noviembre de 1558, hijo de Blas Cervantes Saavedra y de Catalina López. En el margen izquierdo, con grafía distinta, figura el escrito “este fue el Autor de la Historia de Don Quijote”. Una referencia atribuida a Don Blas Antonio Nasarre y Férriz, Bibliotecario Mayor del Rey y miembro de la Real Academia Española en tiempos de Felipe V. Esta partida se trata de tachar de “falsificación” por diversos estudiosos cervantinos. Analizada exhaustivamente, comparándola con las partidas de bautismo de la época y las actas de matrimonio que figuran en Santa María, existen razones para considerar que es auténtica y los cervantistas alcazareños reclaman que sea analizada pormenorizadamente por los investigadores para zanjar la polémica existente con la partida de bautismo de Alcalá de Henares. Hay que mencionar que en la partida alcalaína no aparece el apellido Saavedra, como sí figura en la alcazareña. Ésta fecha el nacimiento de Miguel de Cervantes el 9 de octubre de 1547, hijo de Rodrigo Cervantes y Doña Leonor.




Como dijo el investigador y estudioso de la historia de Alcázar, Manuel Rubio Herguido: “Hay dos creencias en Alcázar de San Juan que, nada ni nadie podrá arrancar de la entraña de este pueblo. Una, la antigüedad del mismo. Otra, la certeza de ser la verdadera cuna de Miguel de Cervantes Saavedra, autor del Quijote”.



Portada dedicada a Cervantes por el “Centro de Estudios Alcazareños”, el 22 de abril de 1978, defendiendo que Alcázar de San Juan es ese “Lugar de La Mancha” de cuyo nombre no quiso acordarse el escritor. El prólogo de esta edición lo realizó Manuel Rubio Herguido.


Pero si hay alguien a quien el Alcázar de Cervantes, del Quijote, le debe años de pasión e investigación es a Ángel Ligero Móstoles. El espíritu inquieto, mágico y literario de este alcazareño de pro, le llevó a buscar en la localidad personajes reales en los que pudo inspirarse Cervantes para los personajes de su eterna novela. “La Mancha de Don Quijote”, dos volúmenes editados por el Patronato Municipal de Cultura de Alcázar de San Juan en 1991 y 1994, son el resultado del concienzudo y valioso trabajo de Ángel Ligero. Maritormes, el cura Pero Alonso o los personajes del conocido episodio del manteo de Sancho -que Ligero sitúa en Villacentenos- tienen sus homólogos en personas reales que nacieron o vivieron en Alcázar de San Juan y que pudieron cruzar sus vidas con las del insigne escritor.



El alcazareño Ángel Ligero Móstoles dedicó numerosos años de su vida a enraizar la tradición Cervantina y el vínculo del escritor, su obra y los personajes del Quijote con Alcázar de San Juan.


Y es que Alcázar tiene mucho que ver, y para ver, en relación al Siglo de Oro y la vida de los hidalgos. En su momento, fue el escenario perfecto para acoger a estos nobles caballeros, surgidos tras la Reconquista. Así lo recoge su himno: “Es Alcázar de San Juan, de La Mancha la hidalguía…” y lo atestigua una de las casas solariegas que se conservan de aquella época, conocida como Casa del Rey, que hoy puede visitarse reconvertida en Museo del Hidalgo.





El Museo Casa del Hidalgo se inauguró el 23 de marzo de 2011, después de seis años de restauración. Esta antigua casa solariega del siglo XVI estuvo habitada por la familia de un hidalgo. En su interior se recrea cómo era la vida de estos nobles que vivieron en Alcázar de San Juan desde el siglo XV al XVII. Las diferentes estancias muestran objetos y enseres propios de la época, algunos de ellos donados por importantes museos españoles, como el del Ejército, el de Santa Cruz o el Museo Nacional de Artes Decorativas, entre otros. Lo que llama la atención de esta casa museo es su patio interior, característico de las casas manchegas y la balconada de la galería superior. Cocina, bodega, habitaciones para el ocio y dormitorios han sido reproducidas con gusto para cautivar al visitante. Se trata de una muestra más en Alcázar de la huella de esos hidalgos que inspiraron a Cervantes para crear a Don Quijote de La Mancha.


Todos los pueblos de La Mancha, al igual que Alcázar de San Juan, se identifican con El Quijote. Los manchegos llevamos con orgullo haber inspirado los personajes de la novela de aventuras más leída del mundo, pertenecer al escenario por donde transitó el caballero de la triste figura, el primer anti-héroe de la historia de la literatura que, por méritos propios, ha superado a otros ornamentados con cualidades más notorias o provistos de mágicos super-poderes.



Escultura donada por la Fundación Cervantina de México a la ciudad de Alcázar en octubre de 1992. Se trata de un busto de Don Quijote situado en la Plaza Palacios de la localidad, cercana a la Parroquia de Santa María La Mayor, donde se encontró la partida de bautismo de Miguel de Cervantes y donde se colocó una escultura en homenaje al escritor en 1999, realizada por Teresa Guerrero y Javier Martínez y que encabeza la apertura de este reportaje.


Nuestro Don Quijote no deja de ser humano. No pierde la tediosa vulgaridad de la carne de Alonso Quijano que, para escapar de la hipocresía de una sociedad -lamentablemente en muchas cosas no tan distinta de la de ahora- decidió perder el juicio y vivir la vida que se le negaba. Un loco defensor de nobles ideales que tomó como escudero al pueblo llano, representado por Sancho Panza, y se lanzó a recorrer el mundo arreglando entuertos y deshaciendo agravios.



Las esculturas de Don Quijote y Sancho de la Plaza de España son uno de los símbolos identificativos de Alcázar de San Juan, junto al torreón del Gran Prior, los molinos del cerro de San Antón y la estación de ferrocarril. Datan del año 1971 y son obra de Marino Amaya. Las figuras están realizadas en bronce y representan a caballero y escudero, sobre sus monturas, en actitud de marcha.


Sancho y Quijote, dos figuras que permanecerán impertérritas en el centro de este Alcázar de Cervantes, vigilando el paso de los siglos, mirando de frente el templo que rige el destino de los alcazareños; como uno de esos espejos que el devenir pone a cada paso. A veces, si escuchamos con atención, Don Quijote parece decirle a Sancho: “Ninguna comparación hay que más al vivo nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes; si no, dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, este el mercader, aquel el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes iguales”.

Mimq
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