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Marta Romero | En Profundidad 19/04/2016
Carlos Valle y su hermano Roberto llevarán su premiado cortometraje, ‘La silla de la vida’, a la ‘Short Film Corner’ de Cannes, un evento paralelo al conocido festival de cine francés que tendrá lugar entre el 15 y 19 de mayo. Estos jóvenes de Consuegra han conseguido despertar la emoción entre el público con un relato real que retrata la vejez y las vivencias compartidas de su abuela y su tía, girando en torno a una pequeña silla de madera que una de las dos mujeres utiliza como andador. Lo que surgió como un trabajo de clase ha terminado siendo la ‘opera prima’ de estos dos manchegos que se han propuesto cambiar el mundo con su trabajo, tratando de emocionar e inspirar a otros para que luchen por conseguir sus sueños.
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Entrevistados ‘La silla de la vida’ ya ha conquistado el corazón de muchos espectadores, obteniendo la mención especial del jurado al mejor montaje en el certamen ‘Corto Cortismo’ de Miguelturra (Ciudad Real), al mejor cortometraje y premio del público en Fescora de Villacañas (Toledo) y premiado también como el mejor corto en el Festival Cortem de Tembleque, también en Toledo. Junto a estos premios, numerosas nominaciones en diferentes certámenes españoles y europeos. Ahora, la silla sigue andando por la vida y estará en el ‘Short Film Corner’ de Cannes el próximo mes de mayo, un importante escaparate para dar a conocer no sólo este corto, sino otros proyectos a productoras, distribuidoras y televisiones de todo el mundo y conseguir financiación.

“Para nosotros es un privilegio poder ir a Cannes y darnos a conocer. Es una oportunidad que tenemos que aprovechar”, comentó para manchainformacion.com Carlos Valle que aseguró que, aunque cuesta creer hasta donde han llegado, “lo vivimos con mucha naturalidad”.

Naturalidad que también está en la base de su historia, ‘La silla de la vida’, que nació como un trabajo de clase y se ha convertido casi en “una gran película”, porque esta es la sensación que Carlos y Roberto tienen cada vez que vuelven a visionar su trabajo, “como si fuera mejorando con el tiempo”.



El caso es que la idea se le ocurrió a Carlos cuando cursaba 4º de Bellas Artes, después de fracasar en un trabajo que presentó basado en la infancia. “Tengo que hacer algo mejor y conquistar a profesores y compañeros, pensé, y me fui al polo opuesto”. No lo tuvo difícil, porque tenía cerca a María y a Carmen, su abuela y su tía, dos cuñadas que comparten su vida también en la vejez. Una historia que tomó como leitmotiv la pequeña silla de madera desgastada que Carmen utiliza a modo de andador. “Es algo muy peculiar que quería mostrar al mundo, como la relación que tienen mi abuela y mi tía”. Así, Carlos grabó un par de secuencias y las mostró en clase, consiguiendo emocionar a sus compañeros y obteniendo el aprobado de sus profesores.

Animado por su hermano Roberto, decidieron profundizar en la idea y convertirla en cortometraje, una labor que les ha llevado tres años (2012-2015), principalmente por falta de medios. Sin embargo, la sencillez y emotividad de la historia ha contagiado a otros y como si de algo “mágico” se tratara, en el camino han ido encontrado apoyos desinteresados, como el del Conservatorio Pedro Aranaz de Cuenca que dio forma a la banda sonora o el técnico de postproducción Juan Ignacio Pascual (Jota) que se ha hecho cargo de los efectos visuales. “La confianza que han tenido en la historia nos daba la seguridad para seguir adelante y saber que tendría éxito, como así ha sido. Todo va sumando y ‘La silla de la vida’ se ha ido haciendo y consolidando a si misma gracias a la magia de lo corriente”.

Y es que las historias corrientes acaban por conquistar al público, porque son universales. “Todos tenemos o hemos tenido una abuela y cuando ven a Carmen y a María las sienten cercanas. Creo que es más fácil empatizar con este tipo de historias. Hubiera dado lo mismo, que en lugar de ser de Consuegra, fueran dos ancianas africanas. Además han actuado con muchísima naturalidad, porque ellas vivían y nosotros grabábamos. Hay escenas como en la que Carmen le pide a mi abuela Coca-Cola diciendo ‘dame de lo negro, que me da mucha energía’, que le salió de forma espontánea; es tan natural que te quedas con ello”.

Hermanos y colegas

Los hermanos Valle ya apuntaban maneras antes de la mayoría de edad. “Siempre nos ha gustado el cine. Recuerdo que cuando yo tenía 16 años y Roberto 11, nuestro padre nos regaló una cámara de video doméstica e hicimos nuestra visión particular de ‘El Padrino’. Roberto se metió algodones en la boca y actuaba mientras lo grababa”.

Una afición que, más tarde, se ha convertido en oficio. Ahora Carlos tiene 25 años y la carrera de Bellas Artes por la Universidad de Cuenca, además de formación en montaje y postproducción en la Escuela de Cine de Madrid. Roberto, con 21 años, es experto en guion para cine y televisión y animador 3D. A lo que suman formación en ‘Desarrollo Personal’, algo que ha comenzado a introducirse relativamente hace poco en España y que confiesan que “nos ha cambiado la vida”.

Al igual que el origen de ‘La Silla de la Vida’, el desarrollo personal llegó a la vida de estos dos hermanos por casualidad, cuando Carlos respondió a una oferta de trabajo mientras estudiaba en la escuela de cine. Como operador de cámara, comenzó a grabar sesiones en un instituto madrileño dedicado a estos menesteres y, lo que en un principio le pareció “cosa de locos”, poco a poco le fue calando hondo y ha cambiado su filosofía de vida. La de él y la de su hermano, que también se animó a trabajar con Carlos. “Nuestra vida dio un giro de 360º cuando entendimos que todo se consigue cuando no te limitan los miedos”.

Ahora trabajan con otros jóvenes transmitiendo, a través de charlas y conferencias, este mensaje. “En la vida hay que disfrutar de lo que hagas y dedicarte a lo que quieres, no a lo que te impongan. Me hace mucha gracia eso de prepararte para un trabajo que tenga salida, las salidas son las que tú te quieras crear, haciendo lo que realmente te gusta y amas. Lo de las ‘salidas’ es la mayor mentira de la humanidad”.

La forma de hablar de Carlos es realmente inspiradora y este espíritu es el que él y Roberto quieren trasladar a su público. “Nos educan en el miedo, dando más importancia al dinero que a otras cosas. Tenemos que resetear el disco duro y desaprender para trabajar por conseguir nuestros objetivos. Me gusta pensar que nuestro trabajo pueda ser inspirador para otros y cambiar su vida, ayudarles a luchar por sus sueños. Conmoverles, emocionarles”.

Algo de esto hay también en ‘La silla de la vida’, un trabajo que muestra el día a día de dos mujeres que, en su vejez, se prestan apoyo mutuo para seguir adelante, sin renunciar a sus ganas de vivir.



Pasión por el cine

Está claro que Roberto y Carlos sienten verdadera pasión por el cine, que aman lo que hacen y disfrutan con cada nuevo reto. Para Carlos, trabajar en el cine es “desarrollar mil oficios en uno y estar en muchos sitios a la vez”.

Se han puesto el listón muy alto, pero no paran de trabajar porque tienen claro que esta es su vida. Aparte de ‘La silla de la vida’, este año se han embarcado en tres proyectos.

Por un lado, han desempolvado otro trabajo de fin de carrera inspirado en la cultura rural y lo que sucedería si esta se perdiera. “Estamos elaborando un corto que es primo hermano de ‘La silla de la vida’. Queremos reflejar el amor por la tradición y la sencillez. La figura de ese hombre de 70 años que se levanta, coge su tractor y se va al campo a ‘enredar’, porque es lo que ama y sabe hacer”.

Además de este cortometraje, Roberto está dirigiendo otro de animación en el que cuenta con el apoyo de importantes profesionales de la industria y del doblaje. “Porque su historia es muy buena y ha generado confianza”, comenta su hermano.

Por otro lado, Carlos también se ha embarcado en la aventura de sacar adelante su primer largometraje documental, basado en un hecho que aconteció en Consuegra el 11 de septiembre de 1.891, una inundación que se llevó a más de 400 personas por delante y de la que se sabe muy poco, a pesar que en su tiempo fue una catástrofe natural con trascendencia fuera de nuestras fronteras. “Me apetecía hacer un homenaje a las víctimas y conocer la historia”.

Así son Carlos y Roberto, los artífices de un corto que está sorprendiendo al público y, lo que es más importante, emocionándonos a todos con una historia cercana que toca la piel y el alma, que despierta sentimientos y nos hace sentir más humanos desde lo simple. Un efecto que se entiende mejor cuando se conoce la motivación de estos hermanos manchegos que, bien sujetos a sus raíces, se permiten volar detrás de sus sueños.

Auntie productora de 'La silla de la vida'




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