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Luis Miguel Román Alhambra | El Quijote y Cervantes 09/08/2016
“El misterioso lugar de la Mancha”, este el título del trabajo con el que su autor, José Guerrero Martín, se presenta el próximo día 13 de septiembre a las 19:00 horas en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid, con la intención de agrupar varias hipótesis sobre la posible identificación real del famoso y misterioso lugar de don Quijote. Como el mismo autor dice, “ni quita ni pone”, simplemente concentra las diferentes hipótesis en una misma publicación.
 
 
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Más de cuatro siglos después de escribir Cervantes: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”, hay varios lugares, que de una manera o de otra, han reivindicado para sí ser ese misterioso lugar. Desde la publicación en 2011 de Mi vecino Alonso, Alcázar de San Juan es considerado ya uno de esos lugares que pueden ser este lugar cervantino, como así afirma el importantísimo hispanista y cervantista francés Jean Canavaggio: “No quiero tardar más en comunicarle mis impresiones, una vez concluida mi lectura de su tan documentado estudio. Creo que, sin la menor duda, Cervantes estuvo pensando en Alcázar de San Juan en el momento de situar las aventuras de don Quijote de la Mancha. Varios de los muchos datos señalados y comentados por Ud. a partir de sus propios y amplios conocimientos tienden a demostrarlo. Ahora bien, como Ud. apunta muy bien, no podemos, de momento, explicarnos por qué Cervantes calla el nombre de este lugar que, hasta el final, permanece enigmático, hasta el punto que los académicos aludidos al final de la primera parte, son de Argamasilla de Alba, y no de Alcázar de San Juan…”

Para los que consideramos, acertadamente o no, que el Quijote es una obra de ficción pero enmarcado en una geografía real, como nuevo recurso literario creado por Cervantes para la novela moderna, este es un trabajo para leer y tener en cuenta. Y para los que solo lo consideran como una obra de ficción, en todos sus aspectos, puede servirles para constatar cómo, además del fin principal del Quijote como una gran obra de humanidades, crítica social y de enseñanza a partir de la propia vida del autor, hay otras interpretaciones, de menor importancia, como la geográfica. A la que yo he llegado como lector privilegiado del Quijote, al nacer en esta parte de la Mancha que Cervantes escoge para hacer de ella la patria chica de don Quijote. Sin duda alguna, el conocer los caminos, parajes y lugares de esta parte de la Mancha desde chico, a lomos de la vieja bicicleta de mi padre, han facilitado mi trabajo.

Esta parte, de la extensa Mancha de finales del siglo XVI y principios del XVII, delimitada entre los lugares citados en la obra de El Toboso, Quintanar de la Orden, Tembleque y Puerto Lápice, por la que atraviesa de oeste a este el antiguo camino de Toledo a Murcia, camino en el que don Quijote, regresando a casa desde la venta, se encuentra con los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia, y en la que los más de treinta molinos de viento de Campo de Criptana están esperando, como gigantes encantados, a que llegue un hidalgo manchego al amanecer, habiendo salido con su vecino Sancho en mitad de la noche desde su pueblo, a enfrentarse a ellos, es la comarca cervantina del lugar de don Quijote.

Esta parte de la Mancha, que conoce y describe Cervantes, en la que la Cueva de Montesinos está en su corazón y el famoso Campo de Montiel forma parte de ella. El antiguo Campo de Montiel, espacio geográfico tan cercano a su pueblo, en el que don Quijote comienza sus aventuras en sus dos primeras salidas, y al que simplemente “acertando” en el camino de salida de su pueblo se entra en él.

Con un lugar de esta Mancha, Alcázar de San Juan, en los límites con el santiaguista Campo de Montiel, que por entonces se consideraba incluido en él a Campo de Criptana, con picota de justicia, fuente en la plaza, un arroyo cruzando el antiguo camino de entrada desde el Este, al que sus mujeres iban a lavar la ropa, con ríos donde sus vecinos, como Sancho, iban a pescar, y con las famosas bellotas de sus montes, son descripciones singulares que bien pudo conocer Cervantes en él. Descripciones del misterioso lugar de don Quijote que para otros autores, cuando no coinciden con sus finalidades, los obvian o simplemente los definen como recursos literarios, sino los tergiversan a su antojo.

En este IV centenario de la muerte de Cervantes se seguirá hablando de su obra más importante, el Quijote, y del lugar del hidalgo manchego, gracias también a esta publicación, “El misterioso lugar de la Mancha”.

Luis Miguel Román Alhambra


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