Obispillo
Obispillo
José Fernando Sánchez Ruiz | Carnavalcázar 13/12/2016
Durante años se despreció todo lo anterior, lo tradicional, lo patrimonial o las señas de identidad cultural; ahora parece que con el asentamiento del siglo XXI en una visión distinta, se afianza la tendencia de investigar, rescatar, recuperar y revitalizar aquellos vestigios y signos que quedan de otros tiempos.
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El carnaval de Alcázar de San Juan recoge de la memoria y la tradición popular esta costumbre infantil, escolar y religiosa de celebrar “El Obispillo”, una figura burlesca que durante diciembre, entre el día 6 (San Nicolás) y el día 28 (Santos Inocentes), aparece en Europa desde la Edad Media hasta la actualidad.

En cada geografía regional, la fiesta tiene signos particulares. Por lo general suele tratarse de un niño, que formando parte del coro de la catedral, o parroquia, o convento o bien formando parte del grupo monaguillos; es elegido para representar una dignidad eclesiástica, corrientemente un obispo, aunque también hay casos en que se designa Papa. En otras ocasiones se vincula a las universidades y los centros de estudio. De cómo llegó a Alcázar de San Juan, no tenemos hoy más datos que recuerdos perdidos en el tiempo y la costumbre de los últimos decenios. Pero su extensión en toda la península, su desarrollo en el reino toledano, su universidad y los abusos del templo franciscano datados por Hervas al principio del siglo XIX aseguran su arraigo.

Sobre El Obispillo, se establecen dos tendencias sobre sus orígenes. La primera de carácter sincrético, habla de ritos paganos, romanos y de costumbres centroeuropeas relacionadas con los espíritus del bosque, los árboles etc. Estos teóricos argumentan que estos vestigios paganos son recogidos e incorporados por la nueva religión cristiana conforme se va instaurando en diversos territorios y entre otros da lugar a este juego del Obispillo, que permite alrededor del solsticio de invierno, celebrar fiestas populares antiguas, claramente cristianizadas. Una reinvención de las fiestas de la llegada del invierno. Junto a este grupo teórico, hay otro, que trata de explicar la necesidad de expansión de los jóvenes, detectada por sus educadores. Las comunidades religiosas correspondientes dicen estos analistas, no solo permiten, sino que alientan y ayudan la celebración de esta fiesta infantil, para resolver los naturales conflictos que se crecen en todo grupo humano de relación continuada. Por eso no solo ayudaban sino que incluso patrocinaban la comida de la fiesta como ocurría en el Toledo del siglo XVI por el cardenal Cisneros.

Después de varias prohibiciones españolas de su celebración, ha pervivido en pueblos pequeños de Castilla, Navarra, País Vasco….o en Cataluña donde se celebraba abiertamente a primeros del siglo XX; y ahora se comienza a recuperarse con mucho ahínco y oficialismo. Los casos de Burgos, Palencia o Murcia son muy significativos, con implicación eclesiástica, paseo en caballo por las calles con un importante sequito y discurso de solicitudes infantiles a las autoridades de la ciudad. Pero en los tiempos históricos, no todo fue en el mismo tono.

Esta antigua tradición se remonta en la península documentalmente, al siglo XII, es una de las fiestas que parece seguir el modelo de fiestas invierno de las saturnales romanas como el “Rey de la Faba” los “reyes y alcaldes de Inocentes”, “las fiestas de Asno” “de Locos” o el mismo “Carnaval” y “Santa Águeda” con sus alcaldesas. Muchos de estos aspectos superados hoy por las nuevas formas de organización social, pero latentes en el sentido de que aun reestructurada la pirámide social, hoy sigue habiendo poderosos y humildes.

En el pueblo Navarro de Burgui se anuncian en el pregón del obispillo, licencias infantiles en corrales y huertas ajenas para hacer una comida colectiva. En Málaga se representa una pantomima, en Murcia se reparten dulces y caramelos durante su paso por las calles.

El obispillo fue prohibido en muchas ocasiones. Inocencio III en 1207 durante su papado, condenaba las representaciones en los templos entre el 26 y el 28 de diciembre. Alfonso X igualmente prohíbe estos escarnios en sus Siete Partidas. Es curiosa la historia de Sevilla, que explica que la catedral se reformó en 1512 por la caída el día de los Inocentes del cimborrio, como una señal de disgusto divino ante las profanaciones que el obispillo y su comparsa cometían en los templos. En plena Mancha, el concilio provincial de Toledo de (1565-1566) mandaba “no haya obispillos en las iglesias, ni regocijo profano el día de los Inocentes”. Su primera gran prohibición fue en el concilio de Trento y no sirvió de mucho.

En la catedral de Toledo, según viene a decir la profesora toledana de la UCLM, Maria José Lop Otin, la fiesta esta en la ambivalencia de lo religioso y lo popular, identificándose claramente con una celebración de carnaval. Su tono burlesco, la inversión de papeles, y “el mundo del revés” así lo presentan. Las celebraciones se extendían entre las dos fechas y no conservamos ningún discurso burlesco desde el pulpito. Al finalizar los actos se paseaba por Toledo destacando la crítica y los juicios del obispillo. Terminaba la jornada con una comida costeada con la limosna del recorrido y la aportación del cabildo.

Aunque el arzobispo Carrillo se opuso a estas celebraciones, veinte años después se seguía reprobando los actos deshonestos. A principio del XVI fue decayendo la fiesta por las prohibiciones y el cabildo solicita al cardenal Pardo Tavera que se pronuncie. En Toledo se empleaba un artefacto volador (nube) en el que unos ángeles descendían desde las bóvedas para coronar al Obispillo que estaba arrodillado en un escenario levantado en el coro en claro ambiente teatral. Desde 1973 se comenzó a recuperar esta costumbre oficial en las catedrales europeas y americanas. En Burgos desde 1998. Extendiéndose por la península.

En España, la tradición festiva de San Nicolás obispo del siglo IV de Mira (Turquía), estuvo vinculada a la devoción al santo traída desde el Reino de Nápoles. Desde aquí se extendió a los Países Bajos y al resto de Europa. Tradicionalmente el día 6 de diciembre, es la festividad de San Nicolás; viaja desde España a Holanda para distribuir sus regalos a los niños, conmemorando el milagro de (los tres zapatos llenos de oro por la ventana), que en otra versión se cuenta como (las monedas de oro cayeron por una chimenea en unas medias de lana puestas a secar). A partir del XIII se convirtió en una festividad reconocida. Con la liberación holandesa del reino español, los calvinistas intentaron eliminar la fiesta, al considerar que contenía demasiados elementos paganos. Sin embargo, su popularidad no se lo permitió.

El personaje por adaptación de su nombre latino Sanctus Nicolaus dio lugar a Santa Claus. Papa Noel es una desfiguración del San Nicolás que llevaron los primeros holandeses a Norteamérica conservando sus tradiciones navideñas. En la década de los pasados años 30 la empresa Coca Cola pone en marcha una campaña publicitaria que da origen a la imagen laica y comercial de hoy día.

Triunfa así el pensamiento que se quejaba de la falta de respeto e irreverencia de estas fiestas, siendo consciente de que estas costumbres podían ser portadoras, como en el modo de producción capitalista de la semilla de su contradicción. A pesar de todo, las fiestas del Obispillo estuvieron muy extendidas y hoy muchas comparsas son reflejo de aquellas.

José Fernando Sánchez Ruiz


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