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Luis Miguel Román Alhambra | El Quijote y Cervantes 09/01/2017
En mi próximo trabajo, cuando la imprenta acabe y los encuadernadores terminen con su cuidadoso cosido, que verá la luz con el título: “Tras los pasos de Rocinante”, saldrán en mapas, hasta ahora nunca vistos, los verdaderos caminos, parajes y lugares por donde don Quijote pasó a lomos de su buen caballo Rocinante.
 
 
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Tras los pasos lentos de Rocinante propondré ir por los lugares nombrados en el Quijote y por otros que aunque no están nombrados explícitamente en el texto cervantino, siguiendo el camino del cuento creado por Cervantes llegaremos a sus plazas. Esta será la ruta tan buscada desde las primeras peregrinaciones de románticos alemanes e ingleses, allá por el siglo XVIII, llegando su interés hasta nuestros días. Al igual que pasaba por entonces, muchos viajeros quieren transitar por los mismos caminos por los que don Quijote pasó sobre Rocinante, y conocer nuestro gran patrimonio físico heredado de Cervantes: La geografía del Quijote.

Hace unos años, al abrigo del IV Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, intereses políticos regionales y locales diseñaron una red de caminos del Quijote que nada tienen que ver con la obra de Cervantes. En lugar de ser un aliciente para el visitante han conseguido todo lo contrario, porque el espíritu de don Quijote no está en estos caminos ni por los lugares por donde pretendían llevar a los turistas. No hacen falta miles de kilómetros por caminos sinsentido cervantino, sino el Camino del Quijote.

En mis anteriores publicaciones puse nombre a algunos lugares y parajes cervantinos no nombrados textualmente en el Quijote. En Mi vecino Alonso (2010), además del nombre del lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan, identifiqué la venta donde fue armado caballero, la antigua Venta de Manjavacas (Mota del Cuervo), y Villaescusa de Haro como el lugar donde don Quijote y don Álvaro Tarfe se conocen. En La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote (2012), puse nombre a la venta de Sierra Morena donde tantos capítulos de la primera parte de la obra transcurren, la Venta del Alcalde, conocida hoy como la Venta de la Inés.

Y hay un lugar manchego que en “Tras los pasos de Rocinante” también tomará nombre y referencia relevante en el mapa cervantino, el lugar de don Diego de Miranda, también conocido como El caballero del Verde Gabán. Este lugar quijotesco es Mota del Cuervo. Pero, sigamos los parsimoniosos pasos de Rocinante hasta llegar a Mota del Cuervo.

Si bien es cierto que es difícil, en algunos tramos de las tres salidas de don Quijote, identificar exactamente por donde llevó Cervantes a don Quijote, porque no fue la intención del autor hacer del Quijote una obra con gran detalle geográfico sino simplemente aprovecharse de la geografía real que conoció para adaptarla a la ficción que creó, hay un lugar en el Quijote que es una referencia geográfica evidente: El Toboso. Y para localizar el lugar de don Diego de Miranda, hay que partir del lugar de Dulcinea.

En la tercera y última salida de su casa, don Quijote decide ir a El Toboso, para desde allí continuar el camino hacia Zaragoza:

“... habiendo aplacado Sancho a su mujer, y don Quijote a su sobrina y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso, don Quijote sobre su buen Rocinante y Sancho sobre su antiguo rucio” (2, 8). Sansón Carrasco, llegó a acompañarles esa media legua narrada, se despide de ellos y vuelve a casa, continuando don Quijote y Sancho su recién comenzado camino. Aquí, al comienzo de aquella noche, muchos autores quieren alargar el texto cervantino a varios días y con sus noches, haciendo caminar sin descanso a nuestros vecinos manchegos, como si de antiguos caballeros fantásticos fuesen, sin tener en cuenta, que Cervantes crea el Quijote con personajes sencillos de carne y hueso, que comen y duermen, como así también lo hacen sus caballerías. Cuando Cervantes estima que, para el tempo del cuento, caminen nuestros protagonistas por la noche, expresamente así lo describe. Como, por ejemplo, a la vuelta de esta misma tercera salida:

"Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quijote contento sobremodo, y esperaba el día, por ver si en el camino topaba ya desencantada a Dulcinea su señora; y siguiendo su camino, ..." (2, 72)

Sigamos a Rocinante. Pasan la noche en algún lugar del camino a El Toboso, aunque su intención era haber llegado con las primeras luces del día, si no fuese porque la noche era muy oscura. Y, al día siguiente, haciendo el camino de día, llegan por la tarde a ver El Toboso, como nos cuenta el narrador: "En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese". Aquí, don Quijote decide aguardar, hasta la media noche, antes de entrar en la “ciudad” de Dulcinea:

“Finalmente, ordenó don Quijote entrar en la ciudad entrada la noche, y en tanto que la hora se llegaba se quedaron entre unas encinas que cerca del Toboso estaban, y llegado el determinado punto entraron en la ciudad, donde les sucedió cosas…” (2, 8). “Media noche era por filo, poco más o menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso” (2, 9).

Ya tenemos a nuestros manchegos universales en medio de El Toboso, pero sin saber, ni amo ni escudero, dónde se encontraba la casa de Dulcinea. Tampoco encontraron indicación en la respuesta de un labrador que casi amaneciendo salía hacia el campo con una yunta de mulas. Y en este punto deciden, por miedo a lo que los vecinos pensasen de sus intenciones, salir del pueblo y emboscarse, y, ya de día, que volviese Sancho en busca de Dulcinea, para hablar con ella de su señor, don Quijote:

“… y a dos millas del lugar hallaron una floresta o bosque, donde don Quijote se emboscó en tanto que Sancho volvía a la ciudad a hablar a Dulcinea” (2, 9). “Y así, prosiguiendo su historia, dice que así como don Quijote se emboscó en la floresta, encinar, o selva junto al gran Toboso, mandó a Sancho volver a la ciudad, y que no volviese a su presencia sin haber primero hablado de su parte a su señora pidiéndola fuese servida de dejarse ver de su cautivo caballero y se dignase de echarle su bendición…” (2, 10)



A estas dos millas, poco más de dos kilómetros, de El Toboso, Sancho deja a don Quijote en el bosque y cuando lo pierde de vista, ya junto al camino, piensa como hacer pasa salir airoso del mandato de su amo, pues no conocía a Dulcinea. Y no se le ocurre otra cosa que encantar a la primera aldeana que pasase en la princesa Dulcinea, sabiendo Sancho que su vecino don Quijote:

“... siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las más veces toma unas cosas por otras y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, ... no será muy difícil hacerle creer que una labradora, la primera que me topare por aquí, es la señora Dulcinea; y cuando él no lo crea, juraré yo; y si él jurare, tornaré yo a jurar; y si porfiare, porfiaré yo más, y de manera que tengo de tener la mía siempre sobre el hito, venga lo que viniere” (2, 10).



Los dos caminos recorren unas distancias similares entre El Toboso y Mota del Cuervo. El camino viejo es el camino que conoció Cervantes en el siglo XVI-XVII.

Sancho, convencido de su plan, deja pasar unas horas, “hasta la tarde por dar lugar a que don Quijote pensase que le había tenido para ir y volver del Toboso”. Ve que de El Toboso venían tres labradoras sobre tres borricas, por lo que no duda en ir a por don Quijote para sacarle del encinar al camino para conocer a su Dulcinea que hasta allí venía: “... no tiene más que hacer vuesa merced sino picar a Rocinante y salir a lo raso a ver a la señora Dulcinea del Toboso, que con otras dos, doncellas suyas, viene a ver a vuesa merced”. (2, 10)



Ya en el camino, don Quijote no ve a ninguna princesa sino a las tres labradoras que Sancho Panza había visto, a lo lejos, poco antes:

“Ya en esto salieron de la selva y descubrieron cerca a las tres aldeanas. Tendió don Quijote los ojos por todo el camino del Toboso, y como no vio sino a las tres labradoras turbose todo, y preguntó a Sancho si las había dejado fuera de la ciudad.

—¿Cómo fuera de la ciudad? —respondió—. ¿Por ventura tiene vuesa merced los ojos en el colodrillo, que no vee que son estas las que aquí vienen, resplandecientes como el mismo sol a medio día?

—Yo no veo, Sancho —dijo don Quijote—, sino a tres labradoras sobre tres borricos” (2, 10)

Después de que las labradoras siguiesen a toda prisa su camino, alejándose de ellos, y Sancho Panza conteniendo la risa por lo sucedido, “volvieron a subir en sus bestias y siguieron el camino de Zaragoza…”.



Continúan el camino, pero pensativo don Quijote en el encantamiento tan cruel de su Dulcinea, el paso de Rocinante es cada vez más lento, que incluso se para a cada paso:

“Pensativo a demás iba don Quijote por su camino adelante, considerando la mala burla que le habían hecho los encantadores volviendo a su señora Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaba qué remedio tendría para volverla a su ser primero; y estos pensamientos le llevaban tan fuera de sí, que sin sentirlo soltó las riendas a Rocinante, el cual sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban” (2, 11).

Conversando don Quijote y Sancho sobre lo sucedido, ven como una carreta les viene de frente por el camino. Al paso de Rocinante, y sus continuas paradas, esto ocurre pocos metros después del encuentro con las aldeanas. Cervantes quiere que todas estas aventuras ocurran muy cerca del Toboso, como veremos un poco más adelante. En la carreta venían unos extraños personajes, que como después se sabe son una compañía de teatro:

“Responder quería don Quijote a Sancho Panza, pero estorbóselo una carreta que salió al través del camino cargada de los más diversos y estraños personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció a los ojos de don Quijote fue la de la misma Muerte, con rostro humano; junto a ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona, al parecer de oro, en la cabeza; a los pies de la Muerte estaba el dios que llaman Cupido, sin venda en los ojos, …” (2, 11).

Don Quijote se pone en medio del camino y les pregunta amenazadoramente quienes eran, a lo que el demonio, parando la carreta, le responde:
“Señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo. Hemos hecho en un lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la octava del Corpus, el auto de Las Cortes de la Muerte, y hémosle de hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece, y por estar tan cerca y escusar el trabajo de desnudarnos y volvernos a vestir nos vamos vestidos con los mesmos vestidos que representamos” (2, 11)



La respuesta del demonio no deja dudas algunas, van a El Toboso y el lugar que dejaban atrás es Mota del Cuervo, lugar donde habían representado por la mañana el mismo auto de Las Cortes de la Muerte, y hacia donde se dirigían don Quijote y Sancho, camino hacia Zaragoza. Uno de los comediantes asusta al bueno de Rocinante que da con el cuerpo de don Quijote en el suelo. Sancho, al ir a ayudarlo, se baja de su borrico y el comediante de un salto se sube sobre el pacífico rucio, que con el susto corrió hacia el lugar hacia donde iban, El Toboso:

“Mas apenas hubo dejado su caballería Sancho por acudir a don Quijote, cuando el demonio bailador de las vejigas saltó sobre el rucio, y sacudiéndole con ellas, el miedo y ruido, más que el dolor de los golpes, le hizo volar por la campaña hacia el lugar donde iban a hacer la fiesta” (2, 11).

No hizo falta ir en su busca porque el comediante se había caído al suelo y el borrico venía hacia ellos. Pero don Quijote, con intención de hacer pagar aquel incidente a los comediantes, vuelve las riendas de Rocinante hacia El Toboso, persiguiendo a la carreta que ya estaba cerca de llegar al lugar de Dulcinea. Los comediantes, al verse perseguidos, les reciben cargados de piedras:

“Y diciendo esto volvió a la carreta, que ya estaba bien cerca del pueblo. Iba dando voces, diciendo:

—¡Deteneos! ¡Esperad, turba alegre y regocijada, que os quiero dar a entender cómo se han de tratar los jumentos y alimañas que sirven de caballería a los escuderos de los caballeros andantes!

Tan altos eran los gritos de don Quijote, que los oyeron y entendieron los de la carreta, y juzgando por las palabras la intención del que las decía, en un instante saltó la Muerte de la carreta, y tras ella el Emperador, el Diablo carretero y el Ángel, sin quedarse la Reina ni el dios Cupido, y todos se cargaron de piedras y se pusieron en ala, esperando recebir a don Quijote en las puntas de sus guijarros” (2, 11).



Ante los consejos de Sancho de no continuar, ante la amenaza de ser apedreados, se volvieron y continuaron su camino, que nuevo lo comienzan muy cerca de El Toboso.

Esta aventura con los comediantes les ocurre, como dice el texto, por la tarde y continúan de nuevo el mismo camino. Paran a cenar y pasar la noche, no muy largo de El Toboso, quizá en el mismo sitio arbolado donde habían pasado la mañana a "... dos millas del lugar hallaron una floresta o bosque":

“La noche que siguió al día del rencuentro de la Muerte la pasaron don Quijote y su escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, habiendo, a persuasión de Sancho, comido don Quijote de lo que venía en el repuesto del rucio” (2, 12)

Sancho se duerme junto a un alcornoque y don Quijote dormitaba junto a una encina, cuando unos ruidos despiertan a don Quijote. Eran Sansón Carrasco y Tomé Cecial que, disfrazados de caballero y escudero, iban detrás de don Quijote y Sancho, coincidiendo a pasar la noche en el mismo lugar:

“—¡Hermano Sancho, aventura tenemos!
—Dios nos la dé buena —respondió Sancho—. Y ¿adónde está, señor mío, su merced de esa señora aventura?
—¿Adónde, Sancho? —replicó don Quijote—. Vuelve los ojos y mira, y verás allí tendido un andante caballero, que a lo que a mí se me trasluce no debe de estar demasiadamente alegre, porque le vi arrojar del caballo y tenderse en el suelo con algunas muestras de despecho, y al caer le crujieron las armas” (2, 12)

Habiéndose hecho las presentaciones oportunas entre ellos, caballeros y escuderos, después de tanto hablar y beber, los dos escuderos se duermen, mientras que los dos caballeros hablaban de amores. Sansón Carrasco, en su papel del Caballero del Bosque, trata de que don Quijote le desafíe en un combate, diciéndole que de entre los caballeros que había derrotado se encontraba el famoso don Quijote de la Mancha:

“Pero de lo que yo más me precio y ufano es de haber vencido en singular batalla a aquel tan famoso caballero don Quijote de la Mancha y héchole confesar que es más hermosa mi Casildea que su Dulcinea; y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los caballeros del mundo, porque el tal don Quijote que digo los ha vencido a todos, y habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama y su honra se ha transferido y pasado a mi persona…” (2, 13)

Tras los datos precisos del combate y victoria contra ese famoso don Quijote, detallados por Sansón Carrasco, don Quijote no puede sino declarar que es él el auténtico don Quijote, retándole al verdadero combate a la salida del sol, aceptando, lógicamente, el del Bosque con una condición:

“Y ha de ser condición de nuestra batalla que el vencido ha de quedar a la voluntad del vencedor, para que haga dél todo lo que quisiere, con tal que sea decente a caballero lo que se le ordenare” (2, 14).

Despertados de su sueño los escuderos con la noticia del combate, preparan ambos los caballos de sus respectivos caballeros. Y a la salida del sol, por un contratiempo con la lanza del Caballero del Bosque, o de los Espejos como también decía llamarse, este es fácilmente batido por don Quijote. Estando Sansón Carrasco en el suelo, descubriéndose quien era realmente, a lo que don Quijote dio ser por obra de otro encantamiento, su escudero les asegura quien verdaderamente es ese caballero vencido, y la identidad de él mismo, que se había quitado las narices de disfraz que había llevado, como vecino del mismísimo Sancho Panza.

Después de confesar y aceptar Sansón Carrasco todas las condiciones impuestas por don Quijote para perdonarle la vida, don Quijote y Sancho continúan, de nuevo, el camino a Zaragoza. Mientras tanto, Sansón Carrasco es recogido y curado por Tomé Cecial, y vuelven ambos a su casa ese mismo día. Don Quijote iba vanagloriándose de su victoria, cuando son alcanzados, debido como siempre al poco andar de Rocinante, por un caballero que iba por ese mismo camino, de El Toboso a Mota del Cuervo:

“En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre que detrás dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua tordilla, vestido un gabán de paño fino verde, jironado de terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo…” (2, 16)



Llegando a ellos, el Caballero del Verde Gabán, les saluda y don Quijote le pide que, como llevan el mismo camino, podrían ir juntos, a lo que el caballero, deteniendo a su yegua, acepta por dirigirse al pueblo cercano y por el aspecto interesante de don Quijote. En sus presentaciones el caballero les dice quién es y la intención de llegar a su pueblo para comer. Estaban entonces a media mañana:

“Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido. Soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda…” (2, 16)

Continúan su camino, hablando don Quijote tan cuerdo que casi don Diego cambia la primera opinión que de él había tenido. Y estando Sancho comprando unos requesones a unos pastores, que allí cerca estaban con sus ovejas, cuando de frente a ellos ven una carreta con distintivos reales:

“… cuando alzando don Quijote la cabeza vio que por el camino por donde ellos iban venía un carro lleno de banderas reales, y, creyendo que debía de ser alguna nueva aventura, a grandes voces llamó a Sancho que viniese a darle la celada, el cual Sancho oyéndose llamar, dejó a los pastores y a toda priesa picó al rucio y llegó donde su amo estaba…” (2, 16)



Esta carreta, como poco después se describe, iba tirada por unas mulas y llevaba dos leones en jaulas que desde Orán venían como regalos al rey. El carretero responde a don Quijote cuanto se le pregunta, Y el leonero, que iba sentado en la parte delantera del carro le detalla la grandeza y el hambre que en ese momento debían de tener los leones.

Don Quijote ordena al leonero que le abriese una de las jaulas para probar ante todos su valentía. Apartándose los demás lo más lejos que pudieron, al abrirse la jaula, el león, no solo no ataca a don Quijote, sino que lo ignora volviéndose a acostar en el mismo suelo de la jaula. La valentía del Caballero de la Triste Figura quedó así vista y reconocida por todos:

“Dio los escudos Sancho, unció el carretero, besó las manos el leonero a don Quijote por la merced recebida y prometiole de contar aquella valerosa hazaña al mismo Rey cuando en la Corte se viese.

Siguió su camino el carro, y don Quijote, Sancho y el del Verde Gabán prosiguieron el suyo.

Y démonos priesa, que se hace tarde, y lleguemos a mi aldea y casa, donde descansará vuesa merced del pasado trabajo, que si no ha sido del cuerpo, ha sido del espíritu, que suele tal vez redundar en cansancio del cuerpo.

—Tengo el ofrecimiento a gran favor y merced, señor don Diego —respondió don Quijote.
Y picando más de lo que hasta entonces, serían como las dos de la tarde cuando llegaron a la aldea y a la casa de don Diego, a quien don Quijote llamaba el Caballero del Verde Gabán.” (2, 17)

"Y picando más de lo que hasta entonces". De nuevo el cuidado del tempo de la historia. Cervantes hace ahora terminar este espacio que separa El Toboso con Mota del Cuervo al paso de Rocinante, pero ya sin nuevas paradas. Donde llegan, a la hora de comer es Mota del Cuervo, el lugar del Caballero del Verde Gabán.

En casa de don Diego estuvieron don Quijote y Sancho Panza cuatro días, muy bien recordados después por Sancho por el buen trato recibido. Como la intención era de ir a Zaragoza a unas famosas justas y podían “entretener el tiempo”, les sobraba tiempo para llegar, don Quijote decide ir desde el lugar de don Diego a conocer la Cueva de Montesinos, “de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera”

Identificado este lugar del Caballero del Verde Gabán, Mota del Cuervo, de nuevo constatamos como la geografía del Quijote es real, solo hay que seguirla con el texto de Cervantes, tras los pasos de Rocinante.

Ahora resulta todo coherente, pero teniendo en cuenta la ubicación geográfica de El Toboso, y los caminos de esta parte de España, desde el lugar de Dulcinea, para ir hacia Zaragoza, también podría haber tomado don Quijote la derrota hacia Quintanar de la Orden y desde allí continuar hacia las tierras del río Ebro, por Madrid o Guadalajara. Esta duda se disipa principalmente por el encuentro que tienen, de frente, con la carreta de los leones. Esta carreta transportaba dos leones que desde Orán, ciudad española en el Norte de África en tiempos de Cervantes, llevaban como destino la villa y corte de Madrid. Desde Orán, estas jaulas se transportarían en barco hasta algún puerto de la costa del Levante de España, y desde allí, en la carreta identificada con banderines reales, por caminos de rueda ir a Madrid. Desde Valencia, Alicante o Cartagena, la carreta con los leones después de pasar por Mota del Cuervo, punto común de caminos procedentes de Cartagena, Alicante o Valencia, continuaría su camino por El Toboso, Quintanar de la Orden, Ocaña y desde aquí cruzando el rio Tajo en barca llegar a Madrid. Solo se podía producir este encuentro con la carreta de los leones, de frente en el camino que llevaban, tal y como lo describe Cervantes, en el camino de El Toboso a Mota del Cuervo.

El camino que une estos dos lugares manchegos está bien definido en las contestaciones que ambos hacen en las Relaciones Topográficas de Felipe II en 1575:

El Toboso. "El pueblo mas derecho y mas cercano hacia donde el sol sale es la villa de la Mota que esta de este dos leguas pequeñas..."

Mota del Cuervo. "Al capitulo quince declararon que saliendo de esta villa do se pone el sol el primer lugar es la villa del Toboso y esta de esta villa dos leguas comunes"

En estas dos leguas, unos 12 kilómetros, transcurren estas aventuras, y, al paso lento de Rocinante, después del duelo con el Caballero del Bosque y el encuentro con la carreta de los leones, llegar a medio día a comer a la casa del Caballero del Verde Gabán, en Mota del Cuervo.

La descripción de la casa de don Diego, es la de una casa importante de Mota del Cuervo, casi un castillo, como poco después, en el capítulo XX, Sancho la recordaba: "viniéndosele a la memoria el buen alojamiento que había tenido en el castillo o casa de don Diego":

“Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea, y sospirando y sin mirar lo que decía ni delante de quien estaba, dijo:

-Oh dulces prendas, por mi mal halladas;

dulces y alegres cuando Dios quería!

¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura! (2, 18)



Cervantes sabe que en el cercano lugar de El Toboso se hacen tinajas, con una forma singular que las distingue de las demás a simple vista. Estas tinajas las ha debido de ver en alguno de sus viajes de paso por El Toboso o en el mismo Mota del Cuervo. Utiliza como recurso descriptivo de la casa de don Diego unas tinajas fabricadas en El Toboso. Estas singulares tinajas y su laboriosa fabricación artesanal también la podemos constatar en las Relaciones Topográficas de El Toboso:

"... Lo que en el dicho pueblo se ha labrado y labra y hace mejor que en otro lugar de España son tinajas para tener vino, aceite y lo que mas quisieren echar en ellas, y de las hacer hay en el dicho pueblo mucha pericia y sciencia..."

Ya tenemos situado en el mapa el lugar de don Diego de Miranda, en el lugar conquense de Mota del Cuervo. Don Quijote, una vez que han pasado cuatro días en casa de don Diego, y estando con tiempo de sobra para llegar a las famosas justas que se celebrarían en Zaragoza, decide "que primero había de entrar en la cueva de Montesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera" (2, 18)

Siguiendo el camino que le llevará desde la casa de don Diego a la famosa cueva de Montesinos, topónimo real y referencia concreta en el mapa, pasaremos por la plaza del lugar donde se iba a celebrar la boda de la bella Quiteria con el rico Camacho, que a la postre fue la boda de Quiteria con el ingenioso Basilio. Poco hay ya que averiguar, sino mirar el mapa de esta parte de la Mancha y seguir leyendo el Quijote, para poner nombre a este lugar tampoco nombrado textualmente por Cervantes: Socuéllamos. Pero hasta llegar al lugar de Quiteria, aún nos queda una jornada de viaje, tras los pasos de Rocinante, por un camino y un paraje manchego único.

Luis Miguel Román Alhambra


Mimq