Natividad Cepeda | Los Lectores 15/09/2017
Estábamos cenando al estilo europeo a eso de las ocho y media para salir después a estirar las piernas por las calles de este pueblo manchego interminablemente largas, carente de plazas recoletas cuando desde la radio escuchamos su voz y lo reconocimos; es Antonio, nuestro amigo al que le han dado el premio en el Café Gijón, dijo Jesús, y nos quedamos escuchando con la sonrisa en nuestros labios.
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Y su voz se quedó prendida en las orquídeas rosadas que había encima de la mesa como una pátina suave y cadenciosa, un tanto desvaída, sin los bellos matices que tiene cuando habla despacio y se queda mirando brillando en sus ojos esa chispa de yesca con la que intenta ocultar lo que guarda en su alma. Yo le he dicho en múltiples ocasiones que vestido con un traje de charro mexicano estaría esplendido, y Pedro Antonio González Moreno se ríe, quedando entornados sus ojos para ocultar lo que en realidad piensa.

Este jueves catorce de septiembre La mujer de la escalera", de Pedro A. González Moreno, ha sido la ganadora del Premio de Novela Café Gijón 2017 y una vez más un manchego de Ciudad Real, nacido en Calzada de Calatrava escribe su nombre en el café más culto y famoso del Paseo de Recoletos; ese nombre que se conserva por esas carambolas del destino cuando nadie sabe ni recuerda, que se le llama por un extinto convento de Agustinos Recoletos, hoy ocupado por la Biblioteca Nacional y dicen que también por el palacio del Marqués de Salamanca. Paseo emblemático de esa Madrid donde el escritor reside perdido entre sus avenidas y jardines dejándose llevar por el vaivén de la ciudad que lo nutre y deja en su rostro la mirada de otros muchos que como él, miran a la diosa Cibeles y escriben en la soledad de su escritorio de una mujer que le ha susurrado su histórica leyenda envuelta en pergaminos del pasado. Desde ahora cuando el poeta que también es, Pedro Antonio González Moreno, cruce por los jardines y estatuas de ese paseo, Valle Inclán, lo reconocerá como uno de los suyos, aunque también lo oculte valiéndose de sus gafas y su aire displicente.

Pero si el escritor no hubiera sido minucioso al sumergirse en la ingeniería de la trama novelística, el jurado del Premio del Café Gijón no se lo hubiera otorgado, y en los días próximos, nadie sabría que ha pasado muchas horas sentado, escribiendo en la soledad de su escritorio, donde nadie salvo él, sabe las horas y días invertidos hasta llegar al final de la novela. La soledad es el precio que el escritor paga a la fortuna de ser reconocido por sus libros. Cuando Pedro Antonio cruce por el Paseo de Recoletos con su figura de romántico y bohemio hasta el café Gijón, la mujer de la escultura que sostiene un libro, alzará su mirada para saludarlo, nadie como ella conoce el valor inmaterial que tiene un libro: está sentada y es un motivo escultórico donde se lee, Los libreros españoles al libro y a sus creadores. Palabras sencillas y hermosas que miran a los que pasan, sin que casi nadie repare en ellas.

Septiembre se enriquece revolviendo entre sus pliegues los pasos de González Moreno, cuando cruza el dintel de la puerta de un café viejo e histórico, dicen que fue inaugurado allá por el 1888, que huele a monotonía de platica en plática, donde los escritores reciben el testigo de los que se fueron, para que sigan creciendo entre su aroma la sabia nueva de los que llegan.

Pedro Antonio González Moreno es licenciado en Literatura Hispánica y profesor de Lengua y Literatura. Dirigió el Aula Literaria Gerardo Diego durante doce años. Ha publicado seis libros de poesía, entre los que destacan Calendario de sombras (Premio Tiflos, Visor), Anaqueles sin dueño (Premio Alfons el Magnánim, Hiperión), y El ruido de la savia (Premio José Hierro). En narrativa, ha publicado Los puentes rotos (Premio Río Manzanares), el libro de viajes Más allá de la llanura y la novela juvenil La estatua de lava. Como crítico literario y ensayista, es autor de los libros Aproximación a la poesía manchega, Palabra compartida (Antología poética de Eladio Cabañero) y La Musa a la deriva (Premio Fray Luis de León de ensayo). El Café Gijón vuelve a tener entre sus parroquianos un escritor sin mengua de los que se fueron.

Desde el homenaje tributado a Nicolás del Hierro en el paraje de la Fuente Agria, en Piedrabuena, después de su muerte, no he vuelto a verlo.
Aquella tarde Pedro Antonio tenía una sombra nostálgica cruzándole los ojos. Nos fuimos después de dejar entre los árboles un poco de nosotros, el adiós al amigo en mitad de los campos. Escribiré un correo desde mi ordenador a Pedro Antonio, felicitándole por este merecido premio y espero, si Dios quiere, tener entre mis manos su novela, para como lectora, sentir ese placer que solo los buenos libros nos regalan.

Natividad Cepeda


Domancha