Toboso
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manchainformacion.com | Fotografía: Vanessa Gómez | El Toboso 13/11/2017
Ayer domingo, el diario ABC en su edición de Sevilla ofrecía a sus lectores una entrevista realizada al sacerdote toboseño Manuel Ángel Cano Muñoz quien a su vez es el fundador y presidente de la Asociación Nacional AFAR, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja por la integración de personas socialmente vulnerables o en situación de exclusión. También en El Toboso AFAR cuenta con una sede operativa en donde voluntarios de la Parroquia colaboran con los objetivos de la asociación además de los propios de Cáritas.
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El sacerdote toboseño nos habla en primera persona de la Asociación AFAR que en estos días cumple 30 años de trabajo por la integración de personas socialmente vulnerables o en situación de exclusión. También en El Toboso AFAR cuenta con una sede operativa en donde trabajan voluntarios de la Parroquia.

Afincado en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra, en el centro de acogida de la asociación AFAR se respira un buen ambiente. Las actividades que ofrecen sirven para que las personas acogidas se evadan de los problemas que les abordaban fuera de estos muros, como las adicciones o la falta de un hogar, y les permita incorporarse de nuevo a la sociedad. Estos días la entidad cumple 30 años de trabajo y lo celebra el próximo domingo con una comida benéfica, apadrinada por el actor Antonio de la Torre, en la Hacienda la Andrada.

—¿Cómo surgió AFAR?

—Yo era capellán de prisiones y veía que la mayor inquietud del recluso era que su familia estuviera atendida. La asociación comenzó para atender a estas familias, con ayuda de primera necesidad. Pero con el tiempo vimos que esa atención no era suficiente y nos centramos en ayudar a las personas en situación de exclusión social con un taller ocupacional, para lo que nos vinimos a Alcalá.

—¿Cuál es el perfil del beneficiario de la acogida residencial?

—De las 38 plazas, la mayoría son personas sin hogar, muchos de ellos con una adicción. Aunque también vienen con adicciones sin estar en la calle. Por último, tenemos plazas reservadas para familias que el Ayuntamiento nos manda porque necesitan acogida urgente por una emergencia social.

—¿Se aprecia una evolución en ellos?

—Sí, se les nota hasta en la cara. Llegan aquí sin nada. Algunos incluso vienen sin dientes, y con dentistas solidarios, mejoran su imagen. Para los que vienen con adicciones este es un centro de deshabituación. Al cabo de un periodo que suele ser de seis meses, los derivamos a otros recursos como una comunidad terapéutica, una vivienda de apoyo a la reinserción o vuelven con su familia. Algunos, cuando ya han salido y están de vacaciones incluso vuelven aquí.

—¿Cómo es el día a día del centro?

— Esta es su casa. Por la mañana desarrollan actividades ocupaciones como el taller de carpintería o la fábrica de palés, y, por la tarde, pasan a otras como el apoyo psicológico, o el taller de habilidades sociales. Ahora están volcados con el huerto ecológico. Es agricultura permanente por lo que pueden trabajar en él todo el año.

—¿Qué otras actividades lleva a cabo AFAR?

—Creamos los Centros de Acceso Público a Internet (CAPI) en barriadas desfavorecidas de Alcalá para familias con escasos recursos económicos, y a los que formamos en el uso de las nuevas tecnologías. Y el último servicio que hemos incorporado en AFAR es el comedor. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento nos derivan familias a las que damos almuerzo y cena.

—¿Tenéis otro proyecto en mente?

—Tenemos varios proyectos en mente. Lo más próximo es atender a personas que reciben el alta hospitalaria pero no tienen casa y necesitan cuidados. Estamos preparándonos para poder atenderlos con personal sanitario.

—¿Cómo se financia la asociación?

—Con subvenciones públicas y privadas. Tenemos apoyo de nuestro entorno como la Coral de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la que soy director, nuestro grupo de socios o los dos eventos benéficos al año. También gracias a entidades como Obra Social la Caixa que nos ayudó a construir este centro.

—¿Cómo ayudan los voluntarios?

—Los 15 voluntarios colaboran de forma muy variada. Desde un grupo de señoras que vienen a enseñarles a cocinar, a un profesor de historia con el que visitan iglesias de Sevilla, entre otros.

—¿Cómo valoras estos 30 años?

—Salgo al patio y aún recuerdo cuando esto era solo un corral de vacas. Lo mejor es que hemos mantenido el mismo entusiasmo con el que empezamos.


Domancha
 
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