Pregonero g
Pregonero g
Javier Fernández-Caballero | En Profundidad 15/11/2017
Le asombra la seriedad silente de La Soledad. Le cautiva la expresión enternecedora del Nazareno Rescatado, que además le llena de forma especial precisamente por su condición de Cautivo. Él es mercedario, sacerdote, herenciano y viste en la vida de Nazareno y Oro, que es el terno de los grandes toreros.
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En los últimos meses ha sido designado como pregonero de la Semana Santa de Alcázar, algo que le llena de orgullo después de haber tenido que rechazar por motivos de salud la invitación en años anteriores. manchainformacion.com conoce de cerca a Enrique Mora, el hombre, el sacerdote y el cofrade que se encargará de loar a las Corporaciones alcazareñas en la próxima Cuaresma.

PREGUNTA.- ¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza al ser nombrado pregonero de la Semana Santa de Alcázar 2018?

RESPUESTA.- Siempre que te nombran pregonero lo primero que sientes es miedo. Es una responsabilidad porque sientes que el pregón tiene mucha expectativa. Uno se mira y no sabe si no sabrá responder a las expectativas que se crean para la ocasión. Siempre sientes respeto y miedo cuando te lo piden. Además, ilusión porque te ofrecen una cátedra para expresar algo que ayude a los demás a acercar a Cristo a sus vidas.

P.- ¿Cómo fue la proposición por parte de la Junta de Cofradías?

R.- La proposición fue hace tiempo. Pero el hombre propone, Dios dispone y las enfermedades descomponen. Estaba programado para el año pasado, pero por circunstancias no pudo ser. Este año han vuelto a pedírmelo.

P.- Para poner en conocimiento de todos los cofrades de la comarca, ¿quién es el padre Enrique Mora y qué trayectoria pastoral tiene?

R.- El cargo que ahora ocupo es el Comenadador del colegio de la Vera Cruz de Salamanca, y responsable de la residencia de mayores, que cuenta con 118 plazas. También soy director de la revista Estudios y del instituto de la Merced en Roma, pero lo hago desde Salamanca. Llevo aquí, en esta bella ciudad, desde que me ordené, no me he movido. Además, soy asistente de las monjas mercedarias de clausura.

P.- Y en el mundo cofrade, ¿cuál es el recuerdo más remoto que tienes?

R.- No tengo recuerdos de no ser cofrade. Yo nací en una familia muy unida a una hermandad, como es la del Nazareno de Herencia. Desde muy pequeño comencé a vestir la túnica de nazareno; después, incluso estando de postulante, continué haciendo la Estación de Penitencia. Yo siempre he tenido recuerdos en este mundo y además me ha gustado mucho a lo largo de mi vida como sacerdote. Me siento muy cercano a lo que se llama religiosidad popular: es una religiosidad falta de altas teologías pero que participa del Misterio desde una posición muy sencilla, muy humana, muy tradicional, pero que a veces crea cierto conflicto.

P.- Formas parte de una comunidad mercedaria que tiene, además de Salamanca, como centro neurálgico dos ciudades pilares de las Cofradías: Sevilla y Jerez. ¿Qué te ha supuesto su contacto con las Cofradías y también qué experiencia tienes de éstas en Alcázar?

R.- Mi relación con el mundo cofrade es de nacimiento, donde he mamado la experiencia cofrade de una época que ha cambiado desde los años 80 a como se vive hoy. Como mercedario, me ha tocado compartir muchas hermandades de Jerez de espíritu mercedario. Además, también en Sanlúcar, en Sevilla y aquí en Castilla, concretamente en Peñaranda de Bracamonte también he tenido mucho contacto. Esa es mi experiencia de haber estado en un cabildo, cuando están programando cómo comprar un paso, de dónde sacar fondos… también en El Ferrol, donde hay una Hermandad con mucha fuerza.

En Alcázar mi experiencia con la Semana Santa ha sido con dos hermandades donde he predicado: la Soledad, en Santa Quiteria, y Jesús Nazareno, el Trinitario, donde he tenido la ocasión de conocer a estas hermandades más de cerca. Las otras, por desgracia, me son más lejanas.

P.- ¿Qué imágenes son las que más te llegan de Alcázar?

R.- Para mí, en mi experiencia personal, Jesús Nazareno, Rescatado, cercano a nuestro carisma, aunque es Trinitario. Para nosotros, los mercedarios, tiene un sentido muy fuerte. Es el Rescatador rescatado. Además, va de morado, un color que desde niño me ha impactado. La Virgen de la Soledad tiene una cara de Madre y de Reina que conforta.

P.- ¿Se pueden adelantar las líneas del pregón o eso va por dentro?

R.- Creo que eso siempre es el secreto mejor guardado que uno tiene consigo mismo. Cuando empiezas a organizar un pregón son muchas las ideas, pero una cosa son las ideas y otra la naturaleza. A mí me gustan los pregones no tanto cargados de doctrina y de sermón moral, sino más bien cargados de fuerza sentimental.

P.- ¿Cómo crees que se entiende este mundo desde la alta jerarquía eclesial y cómo crees que debería entenderse?

R.- Cómo se entiende quizá habría que preguntárselo a ellos, pero por lo que yo percibo, hay un amor-odio porque la religiosidad popular tiene una característica en sí: pretende ser, en la medida de lo posible, independiente. Y esto crea intolerancia en la Iglesia. Tienen vida propia y estructura propia, algo que el derecho eclesiástico lo contempla. Por otro lado, hay una unión, porque estamos todos celebrando lo mismo pero con sensibilidades distintas. No nos confundamos: toda la devoción y la religiosidad popular es sacramental, aunque no sea sacramento. Recuerdo, por ejemplo, a un señor mayor en una Hermandad jerezana, que el día de la Función Principal de Instituto, hacen la protestación de fe, y uno a uno viene a jurar la fe en el libro de la Hermandad. Y un señor dijo que mi abuelo y mi padre lo hizo y todos los años lo tengo que hacer, y yo ahora traigo a mi nieto. En el fondo, es un sacramental, donde hay una fuerza magnífica como este ejemplo pone de manifiesto.

P.- ¿Cuál crees que es el futuro de las Cofradías?

R.- Está garantizado. Y me explico. Si uno ve la religiosidad oficial, le vienen ciertas dudas. Solo hay que hacer un análisis de la población que tiene delante, mientras que ves el crecimiento de la religiosidad popular y de las Hermandades y ves que hay vida. Hay más proyectos y más dinero que los hermanos están dispuestos a aportar. Están encauzando su vivencia de fe un tanto básica desde lo antropológico, pero es una vivencia necesaria porque esta fe no está tan encauzada en lo moral, y hay muchas personas que por problemas de derecho en lo moral no pueden participar de pleno en lo eclesial, pero sí pueden buscar el misterio en esta religiosidad popular. Además, lo que se busca en muchas ocasiones en lo popular, es que se busca la reconciliación a través de las penitencias particulares. En la Iglesia debemos sumar y nunca dividir. Debemos sumar y más en estos momentos en el que el enemigo común acecha constantemente.

P.- La regulación de las Cofradías por parte de las diócesis, ¿cómo crees que se encuentra?

R.- Es un tema peliagudo no solo en Ciudad Real. En todas las diócesis se ha enrarecido y hay conflictos. Se debe llevar todo con mucho sentido común y eso se basa en lo siguiente: se empieza compartiendo y haciéndote parte de este mundo, no al revés. este mundo no tiene que venir a mí, sino que yo tengo que formar parte de este mundo, sentir las energías positivas que están dentro de estos grupos humanos y una vez que lo comprendes lo puedes amar y enderezar, ayudándole a encontrar este sentido, viviéndolo desde dentro con humildad.

P.- Por último, y para conocerte más en lo cofrade, ¿qué marcha te llega más?

R.- “Nuestro Padre Jesús”, de Emilio Cebrián.

P.- ¿Qué imagen de Cristo y de Virgen son las que más te han tocado por dentro?

R.- Hay un Cristo que me llena mucho: las Penas de Jerez, de la Hermandad de los Judíos; en cuanto a Virgen, me quedo con la Amargura de Herencia.

P.- ¿Qué imagen de Alcázar es la que más te llena?

R.- La Soledad.

P.- ¿Y una Hermandad, en general?

R.- Soy macareno.


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