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Pilar Atienza | Alcázar de San Juan 06/06/2018
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El padre Vicente Elipe dejará la comunidad trinitaria de la localidad ciudadrealeña de Alcázar de San Juan tras ser nombrado superior de la de Valdepeñas el pasado mes de abril. El sacerdote trinitario lleva desempeñando su tarea pastoral durante 12 años en el municipio manchego, 9 de ellos como padre superior de la comunidad.

PREGUNTA.- ¿Cuál fue su primer contacto con Alcázar de San Juan?

RESPUESTA.- Llegué a Alcázar de San Juan como vicario pastoral de Santa Quiteria, una parroquia que aún estaba en obras. Han sido doce años que he gozado mucho. Ha sido un trabajo dedicado a la pastoral y, desde 2014, también como capellán del Centro Penitenciario de Herrera de la Mancha.

P.- Y, ¿cómo se encontró la parroquia en primer lugar? ¿Cómo ha sido la actividad desarrollada durante estos años?

R.- La de la parroquia ha sido una actividad dedicada a la catequesis, a construir comunidad ya que se había degenerado muchísimo a causa de las obras, dedicándonos a la catequesis de los niños y de los jóvenes. También he trabajado en la comunidad como religiosos trinitarios. También me he dedicado de lleno al centro penitenciario de Herrera de la Mancha, acudiendo todos los días por la mañana a celebrar la eucaristía con los presos y por las tardes los fines de semana. También he sido desde 2009 consejero provincial y he realizado un trienio de ecónomo provincial.

P.- ¿Cuál es su próximo destino?

R.- Voy para Valdepeñas. Me nombraron superior de la comunidad de Valdepeñas. En Alcázar llevo nueve años de superior. Han sido doce años en este pueblo en los que he gozado mucho. Cuando yo llegué a Alcázar, en el 2006, comencé como vicario parroquial en Santa Quiteria. La parroquia aún estaba en obras. Tras la apertura de la parroquia, trabajé mucho al lado del padre Jesús, siempre dedicado a la pastoral, pero también a la comunidad en el colegio y desde 2014 como capellán del Centro Penitenciario de Herrera de la Mancha

P.- Nada tiene que ver la actividad de Santa Quiteria con la del colegio o con ser capellán en la prisión de Herrera de La Mancha, ¿cómo lo ha logrado compaginar?

R.- Son actividades completamente distintas, pero son pastorales y son en nombre de la comunidad trinitaria. La de la parroquia ha sido una actividad dedicada a la catequesis, a construir comunidad ya que se había degenerado muchísimo a causa de las obras, dedicándonos a la catequesis de los niños y de los jóvenes. También he intentado organizar la comunidad diaria de todos los días como religiosos trinitarios. Además, me he dedicado de lleno al centro penitenciario de Herrera de la Mancha, acudiendo todos los días por la mañana a celebrar la eucaristía con los presos y por las tardes los fines de semana. También he sido desde 2009 consejero provincial y he realizado un trienio de ecónomo provincial”.

P.- ¿Qué se lleva de Alcázar y qué deja en Alcázar después de estos años?

R.- Me llevo el cariño, la cercanía y la acogida que he tenido siempre con toda la gente que me ha rodeado. Me he sentido muy a gusto, muy feliz. Me he sentido muy bien sobre todo por la acogida de la gente, me he sentido muy querido y dejo quizás a mucha gente en la cual me he identificado. Han sido muchas personas que he conocido, que he querido y con las que seguiré teniendo trato. Dejo una presencia de la Iglesia en mi labor pastoral, un poco de la presencia de Dios en medio de tanta gente que han contactado a través de la parroquia.

P.- Los religiosos se deben a la obediencia, y lógicamente es la que usted tiene que obedecer en este momento, pero ¿cuál es su opinión sobre su cambio de destino?

R.- Los religiosos nos debemos a la obediencia totalmente. Es uno de los votos, junto a la pobreza y castidad, además de un cuarto voto que es el de no pretender cargos ni directa ni indirectamente. Por tanto, en mi caso, ha sido el capítulo provincial el que me ha nombrado superior de esa comunidad de Valdepeñas. Te nombran y te destinan a una comunidad y los religiosos aceptamos con obediencia. Hacemos presente nuestro carisma allá donde nosotros estemos. Cuesta mucho. Me cuesta no ir a Valdepeñas porque sé que allí voy a estar a gusto, pero me cuesta también dejar Alcázar porque dejo personas a las cuales he estado muy vinculado. Por la gracia y con la ayuda de Dios estaremos en buen lugar.

P.- Va a ser superior, pero ¿va a seguir siendo capellán de Herrera de la Mancha?

R.- Sí, allí seré superior de la Comunidad y seguiré como capellán de Herrera de la Mancha. Seguramente que también esté vinculado con el colegio que tenemos. Esa va a ser sobre todo mi actividad.

P.- La comunidad de Valdepeñas, ¿cómo es respecto a la de Alcázar?

R.- Es igual, más o menos, ya que es una ciudad grande. Está muy cerca de Andalucía, por lo que el carácter del valdepeñero es de un carácter manchego pero abierto. Me voy a encontrar muy a gusto con la gente.

P.- Y muy cerca de Membrilla, su localidad natal.

R.- Sí, me alegra estar cerca de mis padres. Ellos viven, tienen 89 años, están solos y estar cerca de ellos me reconforta mucho. A ellos les hacemos falta los hijos para poder ayudarles. Valdepeñas está más cerca de Alcázar.

P.- ¿Cómo es la labor que desarrollas como capellán de Herrera de la Mancha? ¿Es bonito pero duro a la vez?

R.- La actividad que desarrollo dentro de la cárcel es de intentar mostrar el rostro de Dios, que es misericordioso, que ama, que aprecia y que nos quiere a todos nosotros por igual. La cárcel parece un lugar oculto y de sufrimiento tras cometer un delito, y en efectivo es una vida dura dentro de ese lugar. La presencia de la Iglesia muestra la misericordia de Dios, un Dios que nos ama y nos quiere a todos. Intentamos llevarle esperanza, del mensaje de liberación, de que todas las personas somos capaces de cambiar y de reconducir nuestra vida. Es una presencia muy importante la que está haciendo la Iglesia dentro de las cárceles, intentando ayudar a todas las personas con la tarea de anunciar la buena noticia de Jesús.

P.- ¿Qué balance hace del objetivo que se habían marcado en ese lugar?

R.- El balance es positivo. Son muchos los presos que contactan con nosotros y son muchos los que necesitan de nuestra ayuda, es un porcentaje muy alto dentro de la prisión de Herrera de la Mancha. Cuando ellos ven que está el capellán, que puede hacer de puente entre ellos y su propia familia, lo valoran positivamente. Ven que alguien los escucha, los abraza y les da una palabra de aliento y de confortación. Allí los frutos se ven enseguida porque la gente está muy necesitada de todo esto porque es lo que nosotros intentamos ofrecer. Las misas que celebramos los sábados y domingos son frecuentadas, son muchos los chicos que te cuentan su historia, que son capaces de abrirse y de contarte su propia realidad. El balance, pastoralmente, es muy positivo. Se ve la presencia de Dios en la cárcel.

P.- El cambio, ¿cuándo se produce?

R.- La marcha definitiva aún no está muy clara, imagino que a mediados del mes de junio, cuando tomaré posesión en Valdepeñas. El padre Ángel Luis se queda como superior en Alcázar de San Juan y tomará posesión en esa fecha también.


Domancha
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