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Pilar Atienza | Fotos: Wilfrido Santiago Camacho | En Profundidad 14/10/2012
Acaban de cumplirse cuatro años desde que la Iglesia de la Asunción de Aracena (Huelva) está abierta al culto después de que hubiera estado sin actividad por las obras con las que se pretendía finalizar un proyecto que había quedado inconcluso cuando se levantó allá por el siglo XVI. El párroco de este municipio onubense, Longinos Abéngozar, natural de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), su fe y su empeño son los principales artífices de este resultado final.
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manchainformacion.com ha estado en Aracena con Longinos Abengózar conociendo el resultado de una larga historia que comenzó a fraguarse en el siglo XVI y que cinco siglos después puede verse completamente finalizada gracias al esfuerzo de muchas personas, pero en particular de la fe de su actual párroco, cuyo empeño no podía dejar la Iglesia de la Asunción a medias.

La historia de la Iglesia de la Asunción de Aracena comenzó entre 1522 y 1570 cuando se realizaron los procedimientos y obras iniciales de este templo situado en el centro de la localidad con la intención de ser una iglesia monumental y la parroquia. El 14 de agosto de este último año se inaugura, aunque después se retomaron las obras en varios períodos que alargaron las distintas actuaciones hasta 1603, si bien el templo no se terminó y aunque hubo interés e intención por parte de diversas autoridades en concluirla no se pudo por distintos motivos.

Hubo más períodos en la historia en los que se volvió a retomar la edificación, pero en 1936, al poco tiempo de estallar la Guerra civil, la Iglesia de la Asunción de Aracena fue víctima del vandalismo propio de ese momento.





El que fuera ilustre hijo de Aracena, Florentino Pérez Embid en su condición de director general de Bellas Artes decidió reemprender a mediados del siglo XX las obras de terminación del templo que llevaban interrumpidas tantos años y el arquitecto Rafael Manzano diseñó los planos. En 1972 se reanudaron de nuevo las obras que al poco volvieron a pararse.

De no haber sido por la fe y el empeño del párroco de Aracena, el alcazareño Longinos Abengózar Muñoz, así se hubiera quedado. El dinamismo del sacerdote consiguió aunar voluntades y en enero de 1996 se lanzó a la aventura de recuperar espacios perdidos con la cubrición provisional para integrarlos en el templo y otras acciones más cuyo buen resultado animó a emprender el camino para llegar al resultado final.

En este empeño contó con la colaboración del Ayuntamiento aracenense y su alcalde Manuel Guerra que consiguió la financiación necesaria tanto de la Junta de Andalucía como de la Diputación provincial de Huelva. A ello se unió el proyecto de Hilario Vázquez que concibió una solución “posible” para terminarlo y la Comisión provincial de Patrimonio supo ver las cualidades del proyecto que incluía una importante novedad en el uso de la madera laminada, perfecta distinción entre lo nuevo y lo viejo, y al mismo tiempo, admirable homogeneidad formal.

El proyecto consistió unificar todo el perímetro de los muros con un zuncho de hormigón, que, además, adopta la forma octogonal en cada tramo de bóveda. Sobre dicha base octogonal, monta una serie de bóvedas de madera laminada, formada por costillas radiales, con la doble función de sostener la bóveda semiesférica u oval, y servir de soporte a la cubierta exterior de forma piramidal. De esta forma, estructura y decoración van unidas en las mismas piezas, lo que supone un ahorro muy considerable.

Finalmente el 12 de septiembre de 2008, el obispo de Huelva, monseñor Vilaplana, acompañado del obispo emérito, monseñor Noguer, el cura párroco de Aracena, Longinos Abengózar y varios sacerdotes, celebraba la Eucaristía con la que volvía al culto la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción con el templo totalmente terminado.

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