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Javier Alcalá Escribano | Los Lectores 14/12/2018
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¿Cómo prevenir y detectar situaciones de acoso y ciberacoso?

El acoso escolar es en sí, un maltrato infantil entre iguales, y es una conducta aprendida.

El acoso se muestra como maltrato físico, y el ciberacoso como maltrato emocional. Ambos pueden darse en el centro escolar, o en actividades extraescolares, o en la comunidad. Puede comenzar con pequeñas diferencias, disputas o riñas, que poco a poco se incrementan, hasta llegar a acciones de gran violencia. En los últimos años, muchos son los centros educativos que se han visto inmersos en casos de acoso escolar, y que han sido sancionados desde el punto de vista judicial, principalmente, por no detectar y no parar a tiempo, la situación de acoso escolar, por negligencia.

La primera novela que trata sobre el maltrato infantil de adultos a menores, y entre iguales, y sus diversas formas de maltrato es la novela de “Oliver Twist” del escritor inglés Charles Dickens, que se publicó como novela por entregas en la prensa de la época.

En Noruega, en 1982, tres muchachos entre las edades de 10 a 14 años se suicidaron como resultado de una intimidación severa por parte de sus compañeros de clase. El profesor y psicólogo sueco, Dan Olweus, comenzó a estudiar dicho maltrato entre iguales a raíz del caso noruego, en 2008. Esto generó una consternación contra el acoso escolar y terminó con el desarrollo de un programa sistemático de intervención en contra de la intimidación. Olweus, es una de las personas que más investigaciones y estudios ha realizado para cambiar el acoso escolar, participando en numerosos programas y proyectos sobre la prevención del acoso escolar en Europa y en EE.UU., con muy buenos resultados. La definición de acoso escolar según el psicólogo noruego es “Una persona está siendo acosada cuando es expuesta, repetidamente y de forma prolongada en el tiempo, a acciones negativas por parte de una o más personas. Acción negativa cuando alguien intencionalmente causa, o trata de causar, daño o molestias a otro.” (Olweus, 1999, p. 10)

La definición de Olweus, a pesar de los años, mantiene sus características diferenciales: la persistencia en el tiempo, la intencionalidad y el desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima. Cuando se menciona el desequilibrio de poder, puede producirse en términos de fortaleza física, psicológica o social. El acoso y el ciberacoso escolar, mantiene con el maltrato infantil, los 3 componentes básicos que son: frecuencia, intensidad e intencionalidad.

El Programa Olweus Prevención del Abuso (OBPP) incluye una batería de medidas de carácter permanente y estructural para prevenir el acoso escolar y para erradicarlo de manera inmediata en cuanto se tenga conocimiento de que se pueda estar produciendo algún caso. Se capacita a todos los maestros y al personal de la escuela en el uso del programa, con dos premisas básicas: un comité de la escuela supervisará el programa, y todos los estudiantes, contestarán una encuesta (Autoinforme) que nos dará información sobre el problema de abuso en nuestra escuela. Todo el alumnado cumplirá con las cuatro reglas contra el abuso:

1. No abusaremos o intimidaremos a otros.
2. Ayudaremos a los estudiantes que sean intimidados.
3. Incluiremos a los estudiantes que sean excluidos.
4. Cuando sepamos que alguien que está siendo intimidado, se lo diremos a un adulto en la escuela y a un adulto en casa.

Según el programa “los profesionales se asegurarán de vigilar todas las áreas de la escuela en las cuales, es más probable que ocurra el abuso. Se llevarán a cabo reuniones de padres de familia en la escuela y eventos de padres y estudiantes. Se enseñarán en todas las clases las cuatro reglas contra el abuso. Se llevarán a cabo reuniones de clase donde los estudiantes, hablarán sobre que significa el abuso escolar. Ellos aprenderán por qué no debe ocurrir el abuso, así como a pedir ayuda a un adulto si observan o son objetos de abuso. Los maestros pondrán consecuencias positivas o negativas por respetar o no las cuatro reglas contra el abuso. Los maestros se esforzarán para que las clases y el centro escolar, sean un sitio seguro y agradable para todos los estudiantes. Es muy importante la intervención socioeducativa con todos los implicados; acosadores, acosados, espectadores, profesorado, padres, así como establecer acciones de protección para los acosados, como consecuencias inmediatas para los acosadores.”

Según los estudio. “la elevada frecuencia y persistencia en el tiempo de estos hechos genera una situación permanente de dominio-sumisión entre iguales (Avilés, Irurtia, García-López, & Caballo, 2011), provocando en el agresor una sensación de superioridad y dominancia que se acrecienta y fortalece a raíz de sus éxitos. Y en la víctima, un sentimiento adquirido de ineficacia y debilidad mantenida por la constancia de los ataques (Fox & Boulton, 2005; Ortega & Mora-Merchán, 2008; Salmivalli, 2010; Salmivalli, Lappalainen, & Lagerspetz, 1998)”.

Los estudios dirigidos a esclarecer las diferencias en la prevalencia de las conductas agresivas o de victimización con respecto al género de los implicados (Craig, 1998; Veenstra, Linderberg, Munniksma, & Dijkstra, 2010) han encontrado diferencias significativas entre el tipo de violencia ejercida o recibida y el sexo de quien la lleva a cabo. En este sentido, la violencia ejercida por los chicos es predominantemente física o verbal (Sawyer, Bradshaw, & O'Brennan, 2008; Veenstra et al., 2010), mientras que la ejercida por las chicas es, por lo común, de tipo relacional (Craig, 1998; Seals & Young, 2002). Estudios que combinan ambas metodologías de recogida de información, (autoinforme y heteroinforme), como es el programa KIVA desarrollado en Finlandia (Salmivalli, Kärnä, y Poskiparta, 2011) o el proyecto TRAILS desarrollado en Holanda (Veenstra, Lindenberg, Tinga y Ormel, 2010), siendo más complejos los análisis, resultan más fiables y las informaciones son complementarias.

La omisión y el descuido es una variable cotidiana del maltrato, como negligencia. Algunas situaciones de tipo negligente que pueden darse en el alumnado, profesorado, o por profesionales de la comunidad educativa son: falta de supervisión en los descansos, utilización de los aseos, recreos, entradas y salidas al centro, no escuchar al alumnado, no dar importancia a lo que expresa el alumnado, no identificar, ni parar a tiempo la posible situación, no intervención, o mirar hacia otro lado. Dichas situaciones pueden ser la antesala del acoso escolar.

Los tipos de acoso escolar son: acoso físico, acoso verbal, acoso social, acoso sexual, acoso cibernético o ciberacoso. Las variables que conforman el acoso escolar y el ciberacoso, son: daño intencional, repetido, entre menores, presencial o con medios digitales. Tanto en el acoso como en el ciberacoso, los reforzadores son los espectadores que actúan como cómplices, como los espectadores que aprueban la conducta con su silencio.

La Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña, han realizado un estudio sobre 'ciberbullying' que evidencia que el acoso escolar a través de las redes sociales representa ya 1 de cada 4 casos. Los ciberacosadores suelen pertenecer al mismo centro que la víctima, son adolescentes, actúan en grupo y "les mueve la agresividad o la venganza". El 81% de los casos de ciberacoso ocurren por Whatsapp. La agresión "pasa factura a quienes la padecen" y el 92% de las víctimas sufre secuelas como ansiedad, tristeza, soledad y baja autoestima.

Es muy importante, que tanto el profesorado, alumnado y padres, conozcan los diversos perfiles del acosador, del acosado y de los espectadores, así como la comunicación directa con el alumnado que suele ser víctima, cuando existen cambios significativos en su conducta y comportamiento.

Los espectadores, suelen ser la mayoría del grupo-clase, o del propio centro, como cómplices directos e indirectos. Conocen de primera mano, la situación de acoso que sufre un/a alumno/a en clase, en el colegio o en el IES. Generalmente, se les pide que aplaudan o ignoren el acoso escolar o maltrato entre iguales, bajo la “LEY DEL SILENCIO”. Son en sí, un elemento del triángulo del acoso escolar, y una clave eficaz en la solución del maltrato, cuando cambian y se enfrentan a la situación. El perfil de los espectadores, puede ser: compinches, reforzadores, ajenos observadores, defensores.

En ocasiones, los espectadores, quieren cambiar la “ley del silencio”, y quieren hablar con el profesorado o con sus padres de las situaciones que observan de acoso escolar, pero no se atreven. Muestran miedo por las consecuencias al poner en conocimiento el posible acoso escolar. Pueden ser espectadores activos o pasivos, que no piensan en las consecuencias de su aprobación o silencio, suelen mantenerse al margen, por posibles represalias de los acosadores, como de varios sub-grupos de la clase. En situaciones hipotéticas de agresiones físicas o peleas, manifiestan que no intervienen o paran la situación por si son agredidos al defender a la víctima.

En un estudio reciente de Finlandia, la psicóloga Christina Salmivalli, profesora de la Universidad de Turku, pone el foco de atención, en el espectador, como elemento clave que legitima el acoso. El programa KIVA (contra el acoso) es una herramienta que trabaja las emociones de la clase con lecciones mensuales y juegos por ordenador, ya que es fundamental trabajar con el acosador, y el acosado, pero también con el público y los espectadores. El programa KIVA cuenta con dos tipos de acciones socioeducativas; generales y específicas. Las acciones generales realizan actividades de prevención primaria, y en las acciones específicas, se realiza una intervención de prevención secundaria, cuando se detecta un caso. El programa KIVA se ha aplicado a 234 colegios, con 30.000 estudiantes, acabando con el acoso escolar en 79,4 % de los casos y reduciéndose a un 18, 5%.

En Castilla-La Mancha, desde el Decreto 3/2008, de la Convivencia Escolar CLM, el Observatorio de la Convivencia, y la Resolución de 18/01/2017, que versa sobre el Protocolo de Actuación Ante Situaciones de Acoso Escolar, la situación ha mejorado y se están reduciendo los casos, gracias a la mediación escolar, el alumnado ayudante, la formación del profesorado, la medidas de prevención y de intervención socioeducativa, globales y específicas. El trabajo de prevención sobre el acoso escolar resulta fundamental, con programas de formación para alumnado y profesorado, talleres socioeducativos sobre convivencia y habilidades sociales, y el Programa “#TuCuentas”, entre otras acciones, cuyos buenos resultados, reflejan la disminución del número de casos en los últimos cursos escolares.

Javier Alcalá Escribano

Pedagogo, Educador Social y Técnico Superior en Integración Social



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