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Víctor Raúl López Ruiz | Los Lectores 11/03/2019
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Era jueves, recuerdo bien el día y la fecha, corrí rápidamente a llamar a mi hermana pequeña que trabaja en Madrid y cogía tren por las mañanas, ella estaba bien, pero aquellos atentados hicieron temblar nuestra sociedad, nadie podía creerlo.

En las primeras horas entre tanta confusión, ni las formas ni resultados hicieron pensar en los yihadistas, era brutal pero podría ser de nuevo ETA. En plena campaña electoral, a tres días de las elecciones, los españoles tomaban nota de la barbarie de casi dos centenas de muertos y dos mil heridos.

Pasados quince años, vinieron otros, como el reciente de Barcelona que han puesto de moda los bolardos, pero aún no hay solución para esta locura colectiva amparada en la lucha ideológica y de religiones. Tras un fuerte debilitamiento en Siria y medio Oriente la organización continúa muy activa, sembrando el terror con células armadas allá donde la locura permita su acción.

La violencia, tan presente en nuestra sociedad, hizo aumentar el proteccionismo y dañó mucho el espíritu social europeo, nos hizo olvidar a Turquía como estado miembro, volvió a recordarnos que una guerra no necesitaba de grandes ejércitos, ni armamento nuclear para presentarse en nuestras calles, bares, plazas o estaciones de tren. Nosotros lo sabíamos bien con el activismo del grupo terrorista ETA. Todos los españoles, incluidos catalanes, caminamos juntos aquel sábado de nuevo, como con Miguel Ángel Blanco, para que no volviese a pasar.

Esa es la lección a aprender del pasado, la unidad, el diálogo y la puesta en valor de lo que nos une. Ahora de nuevo nos enfrentamos a un proceso electoral, más agrio y desagregado que nunca, en donde lo que los diferencia no es el trato económico, ni el programático, estamos más en el simbolismo o el trato de antepasados. No hablan de pobreza, trabajo, cambio de estructura tecnológica, sostenibilidad, o calidad de vida.

Nuestros políticos han conseguido diferenciar y politizar el feminismo, usándolo a capricho, han elevado el secesionismo catalán a los altares y planteado órdagos sobre el día que unos huesos serán trasladados, han hecho efectivos hasta siete actos para recordar aquel jueves de 2004. La respuesta debe ser siempre la de la unidad de lo social, mientras se busquen diferencias en lo cotidiano será imposible avanzar en lo que nos hace progresar.

¡Pobres hormigas!, preocupadas por el color de sus galerías y no por el próximo invierno.

Mi recuerdo a aquellos que sufrieron y sufren el horror de la incapacidad social.

Víctor Raúl López Ruiz


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