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manchainformacion.com | El Toboso 10/06/2019
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Cuando se cumplen 62 años de su muerte, Jesús Cano Lope, uno de sus cinco nietos, afirma que «su recuerdo aún continúa en esa sierra cordobesa como el último ermitaño, religioso, padre y abuelo de El Toboso».

El pasado fin de semana y condiciendo con las fiestas de la «pascua de mayo» en honor al Santísimo Cristo de la Humildad, patrón de El Toboso (Toledo), la Cadena SER Toledo, rescataba en un audio de investigación histórica la memoria del toboseño que se convirtió en el último ermitaño de Córdoba. Es la historia de Juan Vicente de la Madre de Dios. Y ahora, desde su pueblo natal, InfoParroquia EL TOBOSO se acerca de nuevo a la vida y trayectoria de este paisano que terminó convirtiéndose en el último ermitaño de la sierra cordobesa.

Biografía

Juan Vicente Cano Molina, que así se llamaba, vivió no sólo como ermitaño y religioso sino también como marido, padre de familia y abuelo. Nació el 22 de enero de 1886 en El Toboso (Toledo). Fue hijo de Tomás Cano y Bárbara Molina.

En 1910 y con 24 años, se casó con Teresa Valdepeñas Rodríguez de la que enseguida tuvo un hijo, Juan Tomás. La esposa fallece en 1914 a consecuencia de un segundo parto del cual el bebé nació muerto. Así, dejando al cuidado de los abuelos a su hijo, Juan Vicente ingresó en el convento de los Padres Trinitarios de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).

Pese a abrazar la vida religiosa por medio del escapulario trinitario, nuestro toboseño Juan Vicente no se sentía aún realizado, buscaba algo más. Fue entonces cuando conoció las ermitas de Córdoba y supo que era allí donde tenía que estar. Y prefiriendo una vida de mayor retiro, en 1922 solicita su ingreso en Las Ermitas. A sus 36 años se marcha hasta Córdoba para convertirse en ermitaño. Atrás dejaba la vida de religión de los trinitarios, Alcázar de San Juan y, sobre todo, a su hijo de 9 años, que más tarde sería criado por su tía.

La vida en la ermita era muy muy sacrificada. Los ermitaños se levantaban a las dos de la madrugada y se volvían a acostar. Nuevamente se volvían a levantar a las seis de la mañana. Ocupaban todo el tiempo de la jornada en orar y trabajar. Otro de los principales oficios del día era el de dar de comer a los pobres.

Convertido ya en Juan Vicente de la Madre de Dios, nombre que tomó el día de su profesión solmene, el 19 de marzo de 1924, fue varias veces Hermano Mayor entre sus hermanos ermitaños. Quienes le conocieron personalmente, entre ellos Pedro Jesús Muñoz de Córdoba, autor del libro “los ermitaños de Córdoba (1911-1957), asegura que «fue un hombre de verdadero espíritu ermitaño, uno de los cinco que quedaron en el momento de la extinción de la Congregación en 1957 y el único que pasó a la Orden de los Carmelitas Descalzos»

Este último ermitaño fue en dos ocasiones a El Toboso para ver a su familia. Uno de sus cinco nietos, Jesús Cano Lope, también fue a Córdoba a visitarle. En la entrevista que concede a la Cadena SER Toledo «cuenta cómo era la ermita y de qué forma convivía de niño con los ermitaños» Puede escuchar la entrevista aquí.

A primeros de 1957, cuando es extinguida la Congregación, Juan Vicente de la Madre de Dios pasa a la Orden de los Carmelitas Descalzos. Y a los pocos meses, en marzo de ese mismo año, falleció a los 71 años de edad y 35 de vida eremítica.

Cincuenta aniversario

En junio de 2007, con motivo del cincuentenario de la extinción de los eremitas y fallecimiento de Juan Vicente, «se colocó un cuadro en el atrio de la iglesia con su retrato y datos de su vida» afirma Jesús Cano Lope, uno de sus nietos que estuvo presente en este acontecimiento, «pues su recuerdo aún continúa en esa sierra cordobesa como el último ermitaño, religioso, padre y abuelo de El Toboso».

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