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Víctor Raúl López Ruiz | Los Lectores 15/07/2019
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El hombre que ve mucho se hace discreto de acuerdo a Cervantes. Lejos de contravenir tal aseveración en estos días, pude acercarme de nuevo a Cataluña, atravesando Lérida por una comarca plagada de tractores. Observé con detenimiento que la moda de las banderas en los balcones de hace meses había sucumbido ante el inexorable tiempo, ahora eran miles de plásticos amarillos los que condenaban plazas, árboles y farolas, también pintados en carreteras y calles, los lemas de “los españoles nos roban” se habían sustituido por “somos república” o alguno de “zona antifascista” firmada por los CDR, como el de la entrada de Agramunt, pero sin duda las “capillas amarillas” de enaltecimiento de presos en las que se habían convertido muchos ayuntamientos y lugares públicos pidiendo su salida de prisión, se llevaban la palma. La política ha tomado la calle, pero desde el totalitarismo y enfrentamiento hacia el “opresor de Madrid y alrededores”, alterándose la libertad de opinión como hecho fehaciente.

Los símbolos nacionales, de nuestra patria, han sido retirados y excluidos de cualquier negocio, también privado, como hoteles, campings o restaurantes. El mensaje nítido es que los de fuera de la región no somos bienvenidos, ni escuchados agradablemente cuando hablamos castellano,… y entonces, aparece una isla en Talar, donde 458 hombres y mujeres presumían de valor al poder dar su vida por su patria al grito de “a España, servir hasta morir”, y recibían sus despachos reales como sargentos por el mismo Rey Felipe VI. Entre honores se saludaba a la rojigualda, el himno sonaba y la delegada territorial del gobierno regional hacía entrega de un libro de mapas históricos catalanes, que explicaba con detalle histórico por casi 5 interminables minutos a un sofocado sargento, número uno de su promoción, a unos 40 grados, ante la atónita mirada de más de dos mil familiares y autoridades en el patio de armas de la Academia de suboficiales.

Entre admiración y temor, orgullo y pesar, pensaba en los colegios de aquellos pueblos, las calles, la historia, la cultura, el día a día… que el estado ya ha dejado ir, ha claudicado y que de forma irreversible ha llevado al odio entre civiles a partir de una lengua con un acento fingido que reclama, al menos, una república confederada para toda España con un estado catalán. Pero mientras, en los pueblos, los payeses han acaparado el poder con un gran número de inmigrantes que controlan a su antojo, escoltados por CDR que imponen el “antifascismo español” como doctrina. Juro que a pesar de no ser un gran patriota, buscaba en el coche alguna forma de autodefensa de mis raíces en un CD, pero mi mujer me hacía ver que era mejor “no provocar”, y corrimos, guardando el tiempo estrictamente necesario, hasta Andorra, donde desde que entras hasta que sales te sientes mimado, ves tu bandera y te olvidas del odio a tu patria, desde un principado extranjero.

Reflexionas a la vuelta, por Aragón, recordando la historia y observando con discreción que el problema territorial ya no tiene solución, que Europa se nutre de “Cataluñas” en contra de los actuales estados que no saben solventar la pobreza ni el cataclismo social que se avecina en este siglo en el que nos hicieron pensar que la globalización de los ricos era la respuesta para los pobres.

Conduciendo, mientras diluvia por Teruel, me planteo que quizá sí que tendremos nuevas elecciones, aunque últimamente no hablamos mucho en los medios de independentistas, sino de moscas negras. Es seguro que nuestra patria: España, aguanta diferencias, es seguro que quiere diálogo, y es seguro que unas nuevas elecciones beneficiarían al señor Sánchez.

Discreto sí, respiro ya en Castilla. Pero si me piden respuestas, diría que una verdadera globalización social en las que se eliminen lazos amarillos ayudaría a cambiar el mundo de plástico en el que vivimos, por favor algún ecologista que tome conciencia del mal que se está haciendo al medio con la última campaña de símbolos independentistas, parafraseando el anuncio de la cerveza, seguro que hay “otra forma de vivir”.

No comprendo la sociedad que estamos creando para nuestros hijos, ni entiendo soluciones de más odio levantando muros desde una derecha trasnochada,… quizá necesite unas vacaciones.

Víctor Raúl López Ruiz


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