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Nuria Villacañas | Campo de Criptana 03/04/2020
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Sor Luz y Sara Zarco, religiosa y enfermera de la Residencia de Ancianos Desamparados Sagrado Corazón de Campo de Criptana, nos cuentan, a través de esta entrevista, como está siendo el día a día en esta institución que vela por el interés y cuidado de un total de 96 residentes. Una residencia, que lejos de las imágenes y noticias que vemos estos días, no ha tenido que lamentar ninguna baja por coronavirus.

-En estos días en los que las residencias están en el punto de mira, podría explicarnos ¿cómo se está trabajando en la residencia? ¿Han tenido cambios notables con respecto a su trabajo diario?

En la residencia se sigue trabajando de manera normal, eso sí acatando las medidas de protección como el uso de guantes, mascarilla, gorro… Los cambios lo han notado sobre todo los residentes, tan acostumbrados, como es normal, a recibir la visita de sus familias o a darse un paseo por el pueblo. Otro cambio ha sido el aumento de la carga de trabajo. En la residencia contamos con voluntariado maravilloso, señoras que cada semana vienen a planchar, a coser, a ayudarnos en las comidas. Sin embargo, con las restricciones no pueden venir y eso se nota. En cualquier caso, tengo que decir que la plantilla de los trabajadores se está portando de maravilla y es de agradecer su disponibilidad estando en todo momento a la altura de las circunstancias.



-¿Cuántos residentes hay? ¿Y personal, entre hermanas y trabajadoras?

A día de hoy atendemos a un total de 96 residentes con una plantilla de 30 trabajadores y 6 religiosas.

-En este sentido ¿Cómo es un día normal en la residencia?

El día comienza a las 6 de la mañana cuando la comunidad de hermanas nos levantamos a hacer la oración. En ese momento ofrecemos a Dios a nuestros ancianitos para que Él los cuide y nosotras tengamos fuerzas para afrontar los retos y preocupaciones de cada día. Después y ya con la ayuda de las auxiliares comenzamos la atención directa a los residentes en el aseo personal y demás necesidades. Tenemos la suerte de contar, entre los residentes, con un Capellán, encargado de celebrar la Santa Misa para todos aquellos que lo desean. En este punto quiero destacar que también en esta actividad se mantienen las normas de distanciamiento. El desayuno se lleva a cabo tras la Eucaristía y ya el día a día normal con las obligaciones propias de trabajadoras y de residentes – paseo por los jardinees, lectura, televisión… Por otro lado y de forma periódica, el trabajador encargado de las tareas de mantenimiento lleva a cabo la desinfección de toda la casa. En definitiva, estamos tomando todas las precauciones procurando no salirnos de la rutina y ayudar a que los ancianitos lleven esta situación de la mejor manera.

-¿Han tenido que lamentar alguna baja?

Desde el momento en el que se aprobó el estado de alarma en la residencia hemos tenido dos bajas pero por cuestiones totalmente ajenas al COVID-19. A día de hoy no hemos tenido ningún fallecido por coronavirus.



-Una de las facetas más significativas estos días es la solidaridad. ¿Están recibiendo ayudas? ¿De qué tipo? ¿Quiénes están prestándole su apoyo?

La palabra GRACIAS al pueblo de Campo de Criptana se queda corta. Desde el primer momento en el que a través de las redes sociales hicimos un pequeño llamamiento a quien quisiera colaborar trayendo pañuelos de papel, pues la mayoría de nuestros mayores les gusta sus pañuelitos de tela, el pueblo se ha volcado y hasta el momento no han dejado de traernos todo lo necesario: pañuelos, servilletas, papel, lejía etc. No puedo decir con exactitud quienes nos colaboran porque en realidad es todo el pueblo, tanto a título individual como a través de asociaciones, cofradías, etc.

-Para terminar, podría darnos un mensaje de ánimo y esperanza ante la situación tan difícil que estamos atravesando.

El mensaje que podemos dar es que volvamos la mirada a Dios. Yo creo que lo hemos querido sacar de nuestras vidas y ahora Él nos manda un toque para que nos demos cuenta de que sin Él no podemos vivir. El hombre se creía poderoso y dominador de todo y sin embargo un virus, algo que es imperceptible al ojo humano, tiene a todo el mundo sumido en una crisis que hasta ahora no habíamos conocido. Ahora puede que surja la pregunta ¿por qué le está pasando esto a esta persona buena? La respuesta la encontramos en el Evangelio donde dice que Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia a justos e injustos. Ahora nos manda esta, digamos, llamada de atención, a buenos y malos, a justos e injustos. Pienso, en esto creo que todos estamos de acuerdo, que a partir de ahora vamos a ver la vida de una forma diferente. Vamos a darle valor a lo que de veras lo tiene y que quizá hasta este momento lo vivías desde la rutina. Pienso que todos, la humanidad entera saldrá de esta prueba fortalecida en valores y sentimientos…



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