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manchainformacion.com / Foto: Mª Dolores Olivares | Los Lectores 07/04/2020
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Todos, de una manera u otra, comentamos lo raro que se nos hace esta situación que nos ha tocado vivir: -la pandemia del coronavirus-. Nos encontramos desorientados, desolados, tristes, apenados, desconcertados, porque toda nuestra vida, nuestra “rutina” de cada día, se ha visto trastocada, el mundo “se ha congelado”, nuestro planes y proyectos “apagados”; parece que la oscuridad ha vencido a la luz, la tiniebla nos ha sobrevenido y Lo Misterioso se ha hecho patente en nuestra vida.

¿Qué fuerte, verdad?, “Lo Misterioso” se ha hecho patente, nos hemos abierto al Misterio, todas esas teclas interiores que hay en nuestra alma se han despertado, los resortes interiores han comenzado a movilizarse, toda esa vena de espiritualidad que habita en nosotros se ha puesto en marcha. Es muy curioso como en estas semanas que llevamos de confinamiento, ha aumentado la audiencia de programas religiosos, de espiritualidad, de celebraciones cristianas y por las redes sociales y el watsapps, que están que echan humo, aparecen constantemente ejercicios de piedad, reflexiones, rosarios, viacrucis, oraciones, meditaciones…; y decía de broma: “algunos vamos a rezar ahora más que en toda nuestra vida”.

La Semana Santa, la semana más grande del año cristiano, que también lo es para todo nuestro pueblo, es “santa”, no por un revestimiento exterior, no por algo que sobreviene hasta nuestra vida y nos invade, como un movimiento de fuera hacia dentro, sino más bien todo lo contrario: la Semana es Santa porque la vivió el primer santo, el Hijo de Dios; porque fue el primero en experimentar en sus propias carnes, la pasión, muerte y resurrección; porque vivió en su interior, en lo más profundo de su alma y de su ser, el desgarro del abandono y de la soledad; porque aceptó en sus entrañas más profundas la voluntad del Padre. Por todo eso y más, pero sobre todo por eso, es “Santa”; no se revistió de nada externo, más bien, brotó de su alma, desde lo más profundo de su ser: una fuente de agua viva y de sangre, la condición que nos ofrece la filiación divina y el alimento de su cuerpo y de su sangre, que edifica nuestra vida cristiana.

He aquí, que nos encontramos, -sin buscarlo y sin saberlo-, en la mejor disposición y situación para vivir, celebrar, saborear y penetrar en el misterio de la Semana Santa. A veces es verdad, que nuestra vivencia cristiana es frágil y débil, y necesitamos ayudas externas, revestimientos de fuera, que nos ayuden a introducirnos en el interior del Misterio; pero ahora, esforcémonos por hacer el movimiento inverso: dejemos que nuestro interior, lo más profundo de nuestro ser, sea invadido por la Presencia del Misterio, sea Dios quien habite dentro de nosotros, en nuestra alma, porque sólo así rezumaremos a Dios; seremos como esa esponja empapada de agua que apretándola suelta todo el líquido que contiene en su interior: que si nos aprietan, -como ahora la situación actual nos está apretando-, seamos expresión de ese Amor Divino que se ha crucificado, para darnos vida, para darnos esperanza, para darnos fe.

Esta experiencia diferente que nos ha tocado vivir, puede ser un Kairós, una gracia, una posibilidad de bucear en nuestro interior y descubrir las riquezas que Dios ha depositado en nuestra alma y en nuestro corazón y que no podemos permitir que estén tapadas y ocultas, sino que hay que sacarlas a la luz, para que todos los que están a nuestro alrededor, se contagien de la riqueza y del amor, que Dios desea para todos.
Esta puede ser una buena Semana Santa “desde casa”, es decir, desde nuestra interioridad más profunda hacia el otro, hacia el hermano, hacia el que es “imagen de Dios” para mí y para ti.

Te deseo una buena Semana Santa “desde tu casa”.

Juan Carlos Camacho Jiménez
Párroco de Campo de Criptana








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