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manchainformacion.com | Salud & Nutrición 08/04/2020
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Sobra decir la vulnerabilidad en la que estamos inmersos desde hace ya días. Desde las personas que están infectadas por el Covid-19 en los hospitales o en casa aislados, hasta las personas que están en primera línea: nuestros queridos héroes sanitarios, los celadores, personal de limpieza, y todos los servicios esenciales que soportan la grandísima carga que supone que los que estamos en casa estemos surtidos al menos con los bienes más básicos. Somos muchos millones de ciudadanos en situación de vulnerabilidad frente a una pandemia nueva que nos hace movernos en la más absoluta de las incertidumbres y miedos porque si no nos hemos contagiado, tememos por hacerlo y porque nuestros seres más queridos, las personas de alto riesgo y nuestros mayores no la sufran. Tememos por nosotros y por las personas que más queremos.

Junto a la vulnerabilidad e incertidumbre, se despiertan en nosotros otro tipo de emociones como la empatía, la compasión y la humanidad compartida. Sentimos empatía cada vez que nos conectamos (bendita tecnología) con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, clientes y proveedores. Esto nos está ayudando a saber que no estamos solos en este mundo, que nuestros buenos deseos van más allá y que no sólo nos centramos en nuestro círculo más cercano. Las relaciones están cambiando a más verdaderas, más naturales y sinceras. Porque deseamos de corazón que todos estemos bien.

La compasión se despierta en cada uno de nosotros cada vez que nos “acercamos” a alguien que está sufriendo. Tenemos el deseo de que esa persona o de la que nos habla esté bien y libre de sufrimiento. Y la Humanidad compartida hace gala cada vez que vemos que estamos conectados, que todo lo que podemos poner de nuestra parte para favorecer a otros lo estamos haciendo ¿Cuántos grupos de personas se están uniendo para dar lo mejor de si y liberar el sufrimiento de los demás? Véase el trabajo de las personas de las que hablaba al principio del artículo o los grupos inmobiliarios que están cediendo casas para que los sanitaros que están contagiados se puedan aislar y no contagien a sus familias, los grupos de coaches que estamos acompañando voluntariamente a las personas que necesiten de nuestros servicios, las personas que desde sus casas o empresas que han cambiado su actividad para hacer respiradores, mascarillas, batas caseras a modo de epi, los voluntarios que están al servicio de las personas en situaciones económicas más vulnerables, los que han donado dinero para lo que creen más necesario. Son incontables los casos de personas que estamos trabajando para hacer de este momento algo más amable y llevadero.

Personalmente no creo que saldremos más reforzados. Habrá muchas personas que desgraciadamente tendrán estrés post traumático porque lo que estamos viviendo supera su umbral de sufrimiento. De lo que sí podemos estar seguros es que la sociedad habrá cambiado. ¿Para bien? ¿Para mal? En esto puede haber muchas conjeturas, lo que personalmente opino es que tenemos por delante un espacio de tiempo para poder reflexionar y poner foco en lo que queremos ser, en nuestros valores y en aprender a gestionar nuestras emociones para hacer que jueguen un papel lo más sano posible.

Las emociones que consideramos negativas tienen más fuerza que las que nos resultan más placenteras, además de ser más intensas y recurrentes. Sabiendo esto, podemos sentirnos más tranquilos porque normalizamos esta tendencia. Pero también debemos tener en cuenta que si son más fuertes y frecuentes debemos trabajar y esforzarnos para poder contrarrestarlas con acciones que despierten en nosotros emociones más positivas. Rafael Bisquerra nos dice que por cada emoción negativa necesitamos experimentar 3 positivas. Por eso es interesante, ser consciente de cómo estamos pensando, de cómo nos estamos nutriendo. ¿Estás nutriendo tu cerebro con informaciones que te ayudan o que por el contrario te evocan sensaciones de desesperanza? Los expertos nos dejan claro que la emoción no depende del acontecimiento en sí, sino de la manera en la que lo valoramos. Por eso te recomiendo que nutras tu día a día con cosas positivas, con aspectos que te ayuden a aligerar el estrés. Tenemos un ejemplo clarísimo en la sanidad de este país o en las residencias. Ellos están lidiando cara acara con la enfermedad y la muerte a todas horas y, sin embargo, nos graban vídeos animándonos a que nos quedemos en casa, aplauden a cada enfermo que desentuban en la UCI, se ponen sus fotos o nombres en la ropa para tratar más humanamente al enfermo, etc.

Es fundamental no tratar de evitar aquello que sentimos ¿miedo? ¿Fatiga? ¿Tristeza? Es normal sentirse abatido, desbordado, frustrado. Pero también es posible aprender a regular las emociones para poder contrarrestar esos sentimientos y acercarnos a un cierto equilibrio emocional. Porque, siendo conscientes de la emoción que estamos sintiendo, con la participación de nuestra voluntad, podremos alargarla o acortarla tanto en tiempo como en intensidad. Así podremos elegir si acortamos esa sensación de vacío que nos hace sentir indefensos y alargamos esa serenidad que buscamos para sentir mayor tranquilidad.
Pero ¿cómo podemos actuar para regular nuestras emociones? Debemos saber antes que nada que la emoción se va a producir ante estímulo real o ficticio. Nuestra mente no distingue la realidad de un peligro verdadero del que no lo es. De ahí la importancia de la toma de consciencia y del estar conectado con uno mismo.

Las emociones tienen una respuesta en nuestro organismo (mediante taquicardias, sudoración, etc), en nuestro comportamiento (vamos a estar más serios, saltar a la primera de cambio o por el contrario mantener la calma y sonreir) y, por último, en nuestra toma de conciencia respecto de la experiencia emocional subjetiva de lo que nos está pasando. Cuando trabajamos en alguno de estos componentes (neurofisiológico, comportamental o cognitivo) estamos interviniendo en nuestra regulación emocional. De ahí que todos los expertos hagan hincapié en la importancia de hacer ejercicio para que nuestras endorfinas aumenten, escuchar música que te anime o transporte a un lugar donde te gustaría estar, utilizar técnicas de relajación, meditación, cuidarte y mimarte, utilizar el sentido del humor, compartir, tener interactuaciones sociales para poder conectar con los otros y tener un sentimiento de pertenencia, conectar con nuestros valores cada vez que estemos desbordados, hacer un ejercicio de agradecimiento al final del día (es un ejercicio maravilloso que te propongo: anotar cada noche 5 cosas, pequeñas cosas ordinarias, que valores), etc. Todo ello te ayudará a balancear tus emociones de alegría, amor y felicidad con las de miedo, ira y tristeza. Pero para ello necesitas de tu voluntad y tu actitud.

Recuerda que todos tenemos la opción de elegir, porque sabemos que la realidad es una u otra desde el foco en el que la ilumines. Por eso te invito a saber qué nutre tu bienestar, cómo puedes conectar contigo mismo para saber cómo quieres estar y quién quieres ser mientras esta situación dure, y cuando acabe, cómo te quieres cuidar y cómo quieres hacerlo con los otros.

Me despido hasta la próxima deseándote mucha fuerza, salud y bienestar emocional.

Belén Vallvé
www.eljardindescubierto.com





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