Santiago
Santiago
Marta Romero | En Profundidad 13/01/2013
A sus 82 años de edad, Santiago Beamud -que recibió la insignia de oro de ASAJA el pasado año- tiene la serenidad y la sabiduría que confiere el tiempo y una vida de trabajo y sacrificio. Este agricultor alcazareño -que con tan sólo 9 años recogía aceituna y sarmientos para ayudar a sus padres- sabe que del campo se puede vivir con trabajo y mucho esfuerzo.
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Santiago fue presidente de la delegación de ASAJA en Alcázar de San Juan (Ciudad Real) hasta que desapareció y continúa siendo socio. Dentro de esta asociación ha trabajado duro y con firme convicción para defender los derechos de los agricultores -incluso participó en una manifestación en Bruselas. Ahora, con el momento tan crítico que vivimos, Santiago ve cómo muchos jóvenes vuelven su mirada al campo -el mismo que ha configurado su personalidad y le ha dado la libertad que ningún otro oficio hubiera podido darle. Su conclusión: “esto no es nuevo. Esto ya ha pasado antes. Los jóvenes tienen que aprender a vivir de otra manera más sencilla, sabiendo que se puede ser feliz con menos, con lo necesario”. Sabio consejo.

PREGUNTA - ¿Cómo ha recibido el galardón que le ha concedido ASAJA?

RESPUESTA – La verdad es que todavía no sé por qué me han dado la insignia de oro. Supongo que es el premio a toda una vida dedicado a la agricultura y los servicios prestados a la asociación.

P. – Toda una vida dedicado al campo y a la agricultura. ¿Cuándo empezó?

R. – Con nueve años. Era la posguerra y no había de nada: no había para comer, no había trabajo, no había dinero, casi no había escuelas... Ahora dicen que estamos mal, ¡entonces sí que estábamos mal!. Con esa edad tuve que empezar a ayudar a mis padres, en lo que podía hacer, cogiendo sarmientos, recogiendo la aceituna y con 12 o 13 años arando. Por las noches iba a estudiar a la academia. Me gustaban mucho las matemáticas. Eso es lo que hacíamos muchos en esa época. Había que ayudar en casa.

P. – ¿Alguna vez intentó dedicarse a otro oficio?

R. – Sí, pero no me gustó. Trabajé en Macosa y tuve la oportunidad de quedarme fijo y no quise. Además tuve un accidente laboral en el que perdí las puntas de dos dedos de la mano izquierda. No me gusta trabajar bajo techo. En el campo encuentro la libertad y te despreocupas mucho de los problemas y las tonterías de la vida. ¡Vives de otra manera!.

P. –¿De qué manera?

R. – Más sencilla. Aprendes a vivir con lo necesario y eres feliz. Y el campo enseña mucho.

P. –¿Qué ha aprendido usted en su trabajo?

R. – Además de hacer todas las labores de poda, recogida, empacar la alfalfa, hacer de veterinario -porque antes ibas con las mulas de quintería y si le pasaba algo a alguna la tenías que curar. Pero, sobre todo, aprendes que las cosas se consiguen con mucho trabajo y mucho esfuerzo. A mi nunca me ha faltado, pero he tenido que trabajar de noche y de día; a veces durmiendo dos horas. Es algo que la gente joven no entiende.

P. –¿Le preocupa la juventud?

R. – Sí, me preocupa. Tengo cuatro nietos. Cuando veo en las noticias esos jóvenes que pegan a sus padres, que insultan a los profesores... ¡No sé que está pasando!. Se han perdido los valores. Hay muchos que, desgraciadamente, se les va a pasar la vida y “no van a servir para nada”. Lo que pasa es que tienen de todo: móvil, ordenador... y no les ha costado esfuerzo ganárselo. Yo a mis nietos intento enseñarles el valor del esfuerzo. Están estudiando y les digo que se lo tienen que tomar como si fuera su trabajo. Cuando me dicen que pasan horas sin dormir para estudiar les digo: ¿qué te crees que hacía yo a tu edad?.

P. –¿Cree que la crisis que estamos viviendo hará que la gente vuelva al campo?

R. – ¡Es que van a tener que volver!. Ya hay muchos jóvenes que lo están haciendo. Si antes no encontrabas nadie para vendimiar, ahora ves tractoristas con 19 años. Se están interesando por la agricultura porque les puede dar trabajo.

P. –¿La agricultura ha cambiado mucho?

R. – ¡Ya lo creo!. La maquinaria ha mejorado mucho las tareas. Ahora es más cómodo. Antes ibas en carro y ahora vas en tu tractor, con aire acondicionado o calefacción y con la radio para escuchar música y entretenerte. Ya hay viñas en espaldera, máquinas para recoger la aceituna... Aunque hay otras tareas en las que hay que seguir “doblando el lomo”, se ha avanzado mucho.

P. –De su labor en ASAJA ¿qué me puede contar?

R. – Fui presidente de la delegación de Alcázar de San Juan hasta que se cerró la oficina. Sigo siendo socio. Hemos conseguido cosas para la agricultura como la lucha por la PAC -que sin ASAJA no se hubiera conseguido- y luché por reivindicar los derechos de la agricultura. Estuve en una manifestación en Bruselas para no perder las ayudas que teníamos de la Comunidad Europea. Creo que hay que reivindicar los derechos y protestar, pero con un orden. Siempre se consiguen cosas. Las manifestaciones que yo veo ahora no me gustan. “Cuando hay que luchar hay que luchar”, pero con un respeto y un orden, sin perjudicar a nadie. La gente hoy no sabe reivindicar, lo que hacen es armar follón y no se dan cuenta que las cosas no se reclaman así. Se consigue más cuando las ideas están claras y se protesta con orden y moderación.

P. –¿Cuál es su opinión sobre la crisis?

R. – No es nada nuevo, esto ya pasó antes. Ahora hablan de los bancos y antes eran los prestamistas. Hay gente que se suicida porque le van a quitar su vivienda. Yo he visto agricultores quitarse la vida por el mismo motivo. ¡Esto lleva pasando toda la vida y no hemos aprendido!. Los bancos son necesarios para hacer gestiones y pagos, pero no hay que pedirles dinero nunca. Hay que vivir con menos lujos, con menos caprichos, aprender a vivir con lo necesario: la alimentación, el vestir... lo que realmente se necesita, no más, porque también es una pena que se tiren tantos kilos de alimentos. Hay que aprender a administrarse bien. Podemos ser felices con menos. Tenemos que preocuparnos de lo nuestro y no mirar al vecino. “¡La envidia es muy mala consejera!”. Tenemos que preguntarnos ¿esto que quiero comprar, realmente lo necesito?.

P. –¿Cómo ve el futuro de la agricultura?

R. – La agricultura siempre será necesaria. Hoy también se puede vivir del campo, trabajando mucho. No hay que dormirse y trabajar de lunes a domingo. El futuro de la agricultura no lo tengo claro, habrá que esperar unos años. De momento, lo veo “regular na más”, porque muchas cosas que se deberían estar haciendo no se hacen.

P. –¿Cómo qué?

R. – Reforestar. Si no se plantan más árboles no habrá lluvia y esto se convertirá en un desierto. Plantar árboles: pinos, encinas... es necesario para que la tierra esté bien para cultivar. Es verdad que las ayudas son escasas, pero lo peor es la cantidad de papeleos y trabas que nos ponen a los agricultores. En lugar de facilitar que se pueda reforestar, resulta que te crean más problemas porque hay tres oficinas encargándose de lo mismo: “La Confederación Hidrográfica”, “La Comunidad de Regantes” y antes el “Consorcio del Alto Guadiana”. Tanta administración te crea problemas, hace que no nos entendamos. Sería mucho mejor que todo pudiera gestionarse sólo por un organismo.

P. –¿Cúando se jubila un hombre del campo?

R. – Uno no se jubila nunca. Yo sigo haciendo mi jornada, de 8 de la mañana a 6 de la tarde. No hago el mismo trabajo que antes, ¡claro está!., pero sigo yendo al campo todos los días, porque me da la vida, lo disfruto. ¡Si viera que es verdad que iba a estar mejor quedándome en mi casa!.Veo compañeros de mi edad que han dejado el campo y están peor que yo. Mientras pueda, seguiré yendo al campo todos los días.
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