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Pilar Atienza | En Profundidad 27/01/2013
En 2012 cumplió 80 años y en los últimos desde que se jubiló ha cultivado una de sus mayores aficiones, escribir. Fruto de ello en poco tiempo ha conseguido hacer 80 libros y continúa con nuevas historias. El practicante Andrés Manzaneque, natural de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y residente en este municipio, relata la evolución que ha experimentado el Corazón de La Mancha en estas ocho décadas a través de sus vivencias personales. Las más destacadas las relata en una entrevista concedida a manchainformacion.com.
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PREGUNTA.- ¿Qué encontramos en el libro número 80?
RESPUESTA.- Es un libro que he escrito por mi 80 cumpleaños y aquí recojo todas las vivencias que he ido teniendo desde que era niño. Lo tengo dividido por años y en cada uno de ellos viene algo importante internacional, nacional y local. Son historias relacionadas con la vida en general que empiezan en el año 32 cuando yo nací y cuando a nivel nacional empieza todo el tomate.

Con 16 años ya escribía a máquina, me llevó mi padre al Instituto Nacional de Previsión, en vez cantear perros, estaba aprendiendo. En el año 42 apareció el seguro de enfermedad y me pusieron como asistente, que era el anterior a celador. En el 48 cuando se empezó hablar de hospitales, se denominaba entonces de residencia y se quisieron adelantar unos pocos de Alcázar, pero dijeron los de Ciudad Real que ellos eran la capital y a la vez Puertollano dijo que estaban allí los mineros y que tenían que ser los primeros. Y así fue. Después la capital y después en Valdepeñas que ofrecieron una bodega. Después hubo una cacicada de Blas Tello que era un ministrable de Manzanares y se lo llevó allí, como también hizo con el primer hogar del jubilado de España que se hizo en Manzanares. Y fue en el 68 cuando se hizo el hospital en Alcázar como hospital piloto con unas 40 camas y con deficiencias tremendas. El hospitalillo una vez terminado estuvo cerrado tres años y en el año 71 se puso en marcha, y 20 años, en el 91 apareció el gran hospital.

P.- ¿Cómo se ven estos 80 años desde la óptica de una persona alcazareña sanitaria, muy cercana a la gente?
R.- Todo esto ha cambiado mucho. Nosotros llegábamos a hervir las jeringas en un cacharro metálico mientras hablábamos con la gente y eso se ha perdido. Antes no se tenía la calidad de vida de ahora, la gente cagaba en el corral con las gallinas al lado, mientras que ahora lo hacemos con gran lujo y calefacción. Hemos ganado mucho en calidad de vida y eso se ve en que ahora la gente se está muriendo de 80 para arriba, mientras que antes se iban con 60 ó 65. Eso es calidad de vida, lo que se está viviendo ahora es calidad de vida.

Como practicante, nuestro hospital eran las casas. Ahí se asistían partos, heridas… La gente decía Andresito nos currará después de una operación y trabajábamos las 24 horas del día. La diferencia es brutal. A lo de antes llámale deficiencia y ahora incluso las especialidades las han dividido y hay subespecialidades y superespecialidades.

P.- Además del ámbito sanitario, aquí recoges muchas otras cosas. ¿Cómo has visto evolucionar Alcázar en todos los niveles?
R.- A nivel laboral, en Alcázar de San Juan había trabajo para todos, con el inconveniente de que no tenían paro, con lo que aunque estuvieran enfermos iban a trabajar, porque si no trabajaban, no comían. Lo que pasaba es que había una serie de caciques que se aprovechaban de eso y pagaban poco y de ahí vino el 36, porque había unos cuantos caciques que vivían bien y cuando dijeron los obreros estamos aquí, se armó la gorda que dolió mucho, porque padres e hijos luchaban entre sí.

P.- ¿Se pueden conseguir en algún sitio tus libros? ¿Los 82 que llevas escritos, tienen algo que ver entre sí?
R.- Mis libros no se publican, mis hijas no quieren. Cada uno puede tener una historia perfecta y yo me divierto mucho escribiéndolos. En el que estoy escribiendo ahora hablo de la desaparecida que es una chica de 16 años que desaparece y nadie sabe de ella y a los 4 años de perderse, la Policía decide no seguir con la investigación que la retoma un aficionado a detective.

Cada uno de mis libros tiene una historia particular. “La bata blanca” es mi libro favorito. Yo empecé a escribir cuando me jubilé porque antes no tenía tiempo ni para dormir. Este libro surgió porque mi madre, que se murió con 36 años, decía que quería que su hijo Andrés tuviera un oficio de bata blanca y cuando terminé mis estudios, dije: madre ya tengo un trabajo de bata blanca. Luego tengo otros dedicados a mis hermanos, de la época difícil de la postguerra, etcétera.

P.- ¿Cómo te encuentras escribiendo?
R.- Con una paz y una tranquilidad tremendas. Además me permite moverme y viajar buscando lo que necesito. Mi mundo sanitario es el que me inspira, por eso en la revista del Centro de mayores, en la que han invitado a participar, he escrito sobre la próstata.

Tengo un personaje que es mío, Don Miguel. Es un hombre mayor, del mundo agrícola, pero con una inteligencia natural perfecta. Se acuerda de todo y es amigo de la radio, las tertulias y la televisión y está al día de lo que pasa y Don Miguel es el investigador privado de este libro que estoy escribiendo ahora.

P.- A la gente de su edad, que no tienen estas inquietudes y que están aburridos, ¿qué les dice?
R.- Son unos muertos, yo les animo, pero tienen que tener hobbies para jubilarse y seguir viviendo. Fruto de que han trabajado mucho y están cansados actúan así, pero eso les matará. A mí no me pasa eso. Yo tengo 80 años y sigo jugando al tenis.

P.- ¿Qué destaca de este libro de 80 años de vivencias?
R.- Aquí relato momentos muy importantes de mi vida como la muerte de mi mujer en el año 91 que me dejó patitieso, pero sin embargo cuando terminó el entierro le dije a mis cinco hijos: mañana todo el mundo a trabajar porque esto nos va a doler, pero no puede cortar la actividad y eso no quiere decir que no la queramos.

P.- Con esta vitalidad, dinamismo y alegría que tiene, ¿es más fácil superar momentos tan difíciles como ese?
R.- Así es más fácil superar todo, no te puedes imaginar cómo se supera, porque son cosas muy duras pero que hay que superarlas. Allí estaba todo el pueblo y tienes que demostrarle que estás vivo y si te llaman a las tres horas para trabajar, hay que estar allí.

P.- ¿Va a llegar a los cien libros?. ¿Te quedan temas e ideas?
R.- Voy a intentar llegar a los cien. Mi meta está ahí y me quedan muchas ideas y además van surgiendo con lo que voy viendo y escuchando, y a partir de ahí desarrollo historias y además de dar dinamismo a los mayores, les doy protagonismo.
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