María Zaragoza | Los Lectores 15/02/2021
 
 
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Como aficionada a la ciencia ficción que soy, no he podido evitar el hacer una relación especulativa entre el chip neuronal de Elon Musk para Tesla y el caso Armie Hammer que da para uno de esos relatos distópicos que casi rozan el terror. Me explico para quien no esté al día:

El actor Armie Hammer estaba en lo más alto de su carrera cuando se filtraron unos mensajes privados, dirigidos a mujeres, en los que hablaba del deseo de comer su carne o beber su sangre, y otro tipo de fantasías sexuales relacionadas con el canibalismo. El actor negó que esos mensajes los hubiera escrito él, pero tuvo que renunciar a su siguiente película para proteger a su familia del escándalo —está separado, pero tiene dos hijos pequeños— y de la siguiente lo invitaron a irse. En poco tiempo, hasta sus agentes han decidido dejar de representarlo. Por el camino no se le ha acusado de nada en firme, no ha habido denuncias y ni siquiera es seguro que los mensajes los haya escrito de veras él, sin embargo su carrera ha iniciado un declive que parece difícil de parar.

Pongamos que sí los ha escrito. Ni siquiera podemos estar seguro de que esas fantasías, por muy desagradables que nos parezcan, sean reales. Podría sólo, aunque nos resulte complicado de entender, disfrutar al escribirlas. Nada prueba que tenga intenciones de comerse a nadie, ni siquiera de que de verdad fantasee con ello. Podría limitarse a describir esas cosas como, los que somos escritores lo sabemos, sublimación de otras cuestiones que por lo general poco tienen que ver. De hecho, incluso podría entenderse lo de comerse a una mujer como una hipérbole metafórica del deseo sexual. Sin embargo, la histeria colectiva desatada en las redes al respecto parece dar por hecho que el actor es un caníbal y que hay que detenerlo antes de que lleve a la práctica lo que ha puesto por escrito. Soy de las personas que piensan que el castigo debe ir después del crimen, llamadme loca.

Por otro lado, Tesla está desarrollando un chip cerebral para sanar daños neuronales que ya se ha probado con éxito en cerdos. El problema es que mide toda nuestra actividad neuronal, y ya se especula también con poder usarlo para conducir coches autónomos o jugar a videojuegos. Es decir: responderá a nuestros deseos. También podría servir para almacenar información: sueños y recuerdos. ¿Sería muy disparatado pensar que toda esa información pudiera registrarse y almacenarse con fines, no sólo publicitarios, sino de intencionalidad si ya se comercia con nuestra actividad en redes sociales? ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que nuestros pensamientos más íntimos fueran mercancía? ¿Podría usarse para predecir crímenes? ¿Acaso fantasear o especular con crímenes podría estar penado como si de verdad se cometiesen? La ficción y sus creadores estaríamos condenados.

¿Cuánto tiempo pasaría hasta que se crease una policía del pensamiento? ¿No podría ser el caso Armie Hammer un ensayo general? ¿Cuántos de nosotros saldríamos indemnes de semejante análisis?


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