María Zaragoza | Los Lectores 10/05/2021
 
 
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Hace poco hablaba del momento en que el producto que se vende son las personas. A ese respecto, últimamente he leído dos libros que tocan de forma tangencial o de pleno ese mismo tema, y a los que me gustaría dedicar unas líneas.

La muela, de Rosario Villajos, describe de forma elegante, divertida y maliciosa una caída en picado: la de aquellos que se van a otro país a ampliar horizontes y quedan atrapados en una vida espantosa por no saber admitir que, si regresan, lo harán con las manos vacías. Recibimos constantemente la información de aquellos que se van a otro país y les va bien: encuentran el amor, un trabajo donde se les aprecia, tienen una casa e hijos, experiencia, idiomas... Pero para que unos pocos triunfen y nos puedan vender lo estupendo que es salir de la zona de confort, muchos tienen que intentarlo y, por lo tanto, tener experiencias que no se parezcan en nada a algo que contarían después a sus nietos. Rosario Villajos pone sobre la mesa nuestra hipocresía y nuestra credulidad a ese respecto, y lo hace con un sentido del humor y una honradez que desarman cualquier intento de pasar esa verdad por un filtro de red social. Muy recomendable. Edita Aristas Martínez.



Quizá en el espectro más opuesto esté este otro libro, Cosas que pasan en la frontera, escrito por So Blonde e ilustrado por Olga Artigas Ballesta. Aquí nos encontramos un western moderno, violento y descarnado protagonizado por unas chicas, aparentemente muy listas, pero que perpetran un robo en el que todo lo que podía salir mal sale mal. Digamos que es una especie de Reservoir Dogs en el desierto, pero en el que la autora, ladina, nos cuela un mensaje brutal sobre esa otra explotación a la que no solemos dedicar una mirada. Cuando ya nos hemos emborrachado de sangre y crímenes, es demasiado tarde para apartar los ojos de la verdadera carta que se escondía entre el polvo y las balas; el producto es otro, explotado en contra de su voluntad: hay personas que no han podido escoger su destino. No querría desvelar mucho más, ya que es un caramelito, muy breve y certero como un balazo, que se estropearía al manosearlo. Sólo añadiría que las duras y vibrantes palabras de So Blonde están acompañadas de los exquisitos y delicados dibujos de Olga Artigas Ballesta que convierten, también en lo estético, Cosas que pasan en la frontera en una joyita editada por Ediciones Vernacci.



Ambos libros ponen a las protagonistas en situaciones terroríficas en las que han entrado ellas solitas y por su propio pie, pero de las que les resulta muy difícil huir. Las tres autoras, además, se han molestado en buscar lo hermoso de lo terrible, me pregunto si conscientes de que los mensajes verdaderamente duros necesitan la belleza. Quizá es que una sociedad que explota y nos empuja a explotarnos ya araña lo bastante. O quizá, simplemente, de eso vaya la cosa de hacer literatura.


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