Natalia Olmo Fernández | Salud & Nutrición & Belleza 18/06/2021
 
 
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Los trastornos de ansiedad conllevan un detrimento importante en la calidad de vida de los pacientes que los padecen.

Desde el inicio de la pandemia, los problemas de estrés y las alteraciones emocionales consiguientes se han incrementado en la población de todos los países en los que se ha estudiado.

A nivel de la población en general, se ha observado un claro aumento en los niveles de ansiedad y estrés, con varias encuestas que muestran que alrededor de un tercio de las personas adultas reporta niveles de angustia. Entre la población más joven, esa cifra llega a 1 de cada 2 personas.

Un documento de la Confederación Salud Mental España, titulado “Salud mental y COVID-19 Un año de pandemia” afirma que un 15,8% de las personas declararon haber tenido algún ataque de pánico o ansiedad.

Ante la crisis de ansiedad, en ocasiones es necesaria la actuación y tratamiento médico, pero si la persona afectada o alguien cercano a ella están dotados de los recursos adecuados, puede hacerle frente con éxito por sí mismos.

La crisis de ansiedad es la aparición temporal, más o menos repentina, ante alguna situación (un accidente, fobia, etc.), y en algunas ocasiones sin motivo aparente de activación fisiológica y motora exagerada que conlleva una serie de síntomas acompañados de pensamientos que produce un miedo intenso a lo que se está sintiendo e incluso a morir.

El cuerpo reacciona ante esta situación especial, mediante una “respuesta de alarma”, que ocurre de forma natural y automática, cuando hay una situación amenazante. El organismo se activa aumentando la frecuencia cardiaca, sudoración, elevación del tono…, todo ello para defendernos o atacar las circunstancias. Cuando esta respuesta es desproporcionada o sin motivo real o conocido, es cuando ocurre la crisis de ansiedad.

Los síntomas de una crisis de ansiedad son entre otros, aumento de la frecuencia cardiaca, palpitaciones, pulso rápido, temblores, opresión en el pecho, sensación de ahogo, nauseas, molestias abdominales, mareo, agarrotamiento muscular, desmayo, hiperactividad, dificultad en el habla…

Ante la percepción de ahogo, durante una crisis de ansiedad, se debe saber y ser consciente que no se está asfixiando, al contrario, se está respirando más rápido y fuerte, y además nadie fallece por este motivo.

Las recomendaciones para controlar la crisis de ansiedad, es conocer la sintomatología, auto convencerse que no se está produciendo ninguna asfixia, ni se va a morir, intentar recuperar el ritmo normal de la respiración para conseguir tranquilizarse e ir prestando atención a los cambios favorables que se experimentan cuando se va recuperando la calma.

En el caso de que no funcionen las técnicas anteriores el médico puede prescribir ansiolíticos o antidepresivos.

Los ansiolíticos son un tipo de fármacos que reducen los síntomas de ansiedad rápidamente, pero el efecto no es duradero y si se utilizan solos, no suelen curar el trastorno. Son útiles en caso de reacciones intensas, temporales, no controlables, pero hay que sustituirlos, poco a poco, por el autocontrol.

Los antidepresivos tienen también efecto ansiolítico. Se trata de un tipo de fármacos que reduce los síntomas de ansiedad lentamente, pueden tardar semanas en hacer efecto, pero es más duradero que el de los tranquilizantes. Si se utilizan solos, pueden ser eficaces para curar el trastorno, pero hay más riesgo de recaída tras la retirada del fármaco.

La fitoterapia puede ser también una alternativa útil, especialmente en los casos en los que la ansiedad no ha sido tratada con anterioridad. Pueden utilizarse plantas adaptógenas como el ginseng o plantas con efecto sedante: valeriana, espino blanco o melisa entre otras.

Podemos terminar diciendo que existen herramientas suficientes para abordar la ansiedad, que si no es tratada y permanece en el tiempo puede tener importantes consecuencias para nuestra salud. Por eso es recomendable que, si se padece algunos de los síntomas descritos al principio, se busque ayuda profesional.


Natalia Olmo Fernández
Farmacéutica comunitaria Puertollano
Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ciudad Real


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