Sagrario Pérez de Agreda Galiano | Salud & Nutrición & Belleza 16/07/2021
 
 
Vota:
Comparte:
 
 
El agua es el principal componente químico de nuestro cuerpo y representa cerca del 60% del peso corporal. Nuestro organismo necesita el agua para transportar nutrientes, eliminar toxinas o para mantener hidratados órganos y tejidos.

Si tomamos en cuenta todo esto, es fácil entender que una hidratación óptima es fundamental para mantener un buen estado de salud y bienestar.

Las necesidades de agua varían dependiendo de cada persona: su edad, sexo, estilo de vida, recomendándose, como norma general, consumir entre 2 y 3 litros de líquidos al día. Sin embargo hay que tener en cuenta una serie de situaciones que pueden influir en la cantidad de líquido que debemos tomar:

• Si se practica ejercicio de forma regular, aunque sea de baja intensidad, debemos hidratarnos antes, durante y después de la actividad física.

• En el caso de enfermedades como diarrea, vómitos o fiebre se debe aumentar la ingesta de líquido para compensar el extra que se está perdiendo.

• La mujer embarazada debe incrementar el aporte de líquidos, aproximadamente 300 ml día, esto la ayudará a evitar el estreñimiento, eliminar las toxinas del cuerpo y disminuir los riesgos de infecciones urinarias.

• Un factor importante a considerar es la climatología. Las altas temperaturas del verano favorecen la pérdida de líquido y electrolitos por el sudor. Esto hace que en verano debamos estar más pendientes de reponer estas pérdidas aumentando el consumo de líquido.

Es importante beber antes de que llegue la sed, que es un reflejo que nos está avisando de que nos falta líquido. Si las pérdidas no son repuestas, se puede ocasionar un cuadro de deshidratación.

• Una deshidratación leve provoca sed, dolores de cabeza, debilidad, mareos, fatiga y también puede producir somnolencia.

• La deshidratación moderada se caracteriza por boca seca, pulso acelerado, piel apagada pesadez y un escaso volumen de orina.

• En caso de deshidratación grave hay que acudir a un centro sanitario. Se caracteriza por una sensación extrema de sed, una frecuencia respiratoria acelerada, una falta de volumen de orina, piel fría y húmeda, espasmos musculares, vómitos e incluso alteración del estado mental…

La deshidratación puede ser un proceso muy grave, especialmente en niños y personas ancianas. Por eso, es importante ofrecer bebida regularmente a los niños aunque no lo demanden y recomendar a los ancianos que tengan a mano una botella o jarra de agua para que controlen lo que han consumido a lo largo del día que debería ser de siete a ocho vasos diarios como término medio.

Por último no debemos olvidar adaptar nuestra alimentación a los calores veraniegos:

Aumentar el consumo de frutas, especialmente aquellas más acuosas como el melón, la sandía, o la piña.

Incrementar el consumo de verduras en general, mejor en forma de ensalada, sopas frías, gazpacho, zumos (tomate, zanahoria…)

Evitar comidas demasiado copiosas, siendo preferible aumentar el número de tomas diarias disminuyendo su volumen.

Evitar, o reducir, el consumo de alimentos muy condimentados y elaborados como salsas, fritos, rebozados, siendo preferible el empleo de técnicas culinarias sencillas como hervidos, asados, o plancha

Recordar que la mejor forma de hidratarnos es con agua.

Sagrario Pérez de Agreda Galiano
Farmacéutica adjunta al Centro de información del medicamento
Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ciudad Real