Yolanda Arango | Salud & Nutrición & Belleza 13/09/2021
 
 
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Si te sientes decaído, con una sensación de hastío y falta de energía cuando vuelves de las vacaciones, seguramente estés pasando por una período de lo que se llama “síndrome postvacacional”, que no es una patología propiamente dicha, sino que es un trastorno adaptativo.

Las personas más propensas a sufrir el síndrome postvacacional son aquellas que tienen una menor resistencia ante la frustración y la resiliencia, también los trabajadores que disfrutan de vacaciones más largas, trabajan en un entorno desagradable, no les gusta su trabajo, se consideran poco valorados por sus superiores o tienen un mal jefe.

Estas personas que lo sufren, tienen una sintomatología similar al estrés cuando, al final de un período de descanso más extenso de lo habitual, no se ven capaces de responder al alto número de demandas que supone la vuelta a la rutina o el regreso a su vida laboral.

Sus síntomas pueden variar de tipología e intensidad según la persona que lo padece lo gestione, su entorno y sus responsabilidades u obligaciones. Suele dar un cuadro parecido al del estrés y ansiedad, como:

• Bajo estado de ánimo.
• Decaimiento.
• Apatía.
• Falta de energía.
• Sensación de hastío.
• Percepción de no ser capaz de adaptarse de nuevo al entorno laboral.
• Malestar
• Palpitaciones, sudoración
• Taquicardias, etc…

Y suele durar entre 2-3 semanas

Este síndrome no suele aparecer si en nuestras vacaciones nos mantenemos activos haciendo ejercicio físico y practicando estas recomendaciones:

• No volver de las vacaciones justo el día anterior a la vuelta al trabajo, sino varios días antes. Esto nos permite prepararnos física y mentalmente para el retorno a la actividad laboral. Reservar unos días al final de nuestras vacaciones para nuestra adaptación y programar el regreso a casa de forma anticipada y relajada.

• Adaptar los horarios a los habituales de forma suave y progresiva. Por ejemplo: podemos ir adelantando poco a poco la hora de acostarnos y levantarnos una semana antes del regreso al trabajo, para que después la incorporación laboral no nos cueste tanto.

• No acometer nuestras actividades habituales de forma brusca e intensa, sino dándonos tiempo para adaptarnos a la nueva situación y programarlas a lo largo del día en función del nivel de energía y humor que tengamos.

• Tomarse con calma la vuelta a la rutina también es un factor clave. Se debe evitar, en la medida de lo posible, el estrés en el trabajo.

• No llevarse trabajo a casa.

• Aprovechar los tiempos de descanso para realizar alguna actividad agradable, para las relaciones sociales o familiares.

• Dormir adecuadamente y mantener horarios regulares tanto en las rutinas diarias como en las horas de acostarse y levantarse.

• Practicar la relajación de forma regular para ayudarnos a eliminar pensamientos o ideas irracionales que puedan darnos ansiedad.

En definitiva, lo más importante es hacer que el cambio de las vacaciones al trabajo sea lo más suave posible y afrontar con actitud positiva la vuelta a la rutina.

Farmacia Arango

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