José Manuel Sánchez Valdivia | Salud & Farmacia 06/05/2022
 
 
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Bajo el término glaucoma se designa a un grupo de enfermedades caracterizadas por la existencia de daño en el nervio óptico y que conlleva una pérdida de visión progresiva e irreversible.

La población mundial afectada está en torno al 1% y hasta el 3.5% en la franja de edad entre los 40-85 años. Es considerada la segunda causa de ceguera mundial tras las cataratas (en países de nuestro entorno las cataratas no suponen ningún problema, pero en otros cuyos sistemas sanitarios carecen de medios sí) y la primera causa de ceguera irreversible.

Lo más normal es que el glaucoma se produzca por un aumento de la presión intraocular (PIO), el cual se traslada hasta el fondo del ojo y oprime la salida del nervio óptico provocando un daño que como hemos dicho antes es irreversible. Pueden existir glaucomas en pacientes con la PIO en valores normales, pero es menos frecuente y además muy difícil de detectar.

La PIO aumenta porque se acumula el humor acuoso en la cámara anterior del ojo. El humor acuoso es un líquido interno del ojo que nutre la córnea y el cristalino y cuando se acumula y no se drena provoca una subida de la presión interna del ojo.

El glaucoma es asintomático en las fases iniciales. Según evoluciona podemos encontrar síntomas como:



• Puntos ciegos irregulares en la visión periférica
• Visión en túnel por perdida de campo visual en estados avanzados
• Enrojecimiento de los ojos ante subidas de PIO
• Halos alrededor de las luces

Como en casi todas las enfermedades hay factores de riesgo:



• Mujeres
• Edad mayor de 50 años
• Antecedentes familiares
• Enfermedades oculares previas como la uveítis
• La miopía alta
• Antecedentes familiares, hay un marcado componente genético en el glaucoma
• Y sobre todo la PIO elevada

El tratamiento va encaminado al disminuir la PIO y es habitual combinar más de un fármaco. Hay dos estrategias terapéuticas:



• Aumentar la eliminación del humor acuoso
• Disminuir la formación del humor acuoso

De ahí que es muy habitual que el oftalmólogo combine más de un tratamiento si no se controla la PIO y use por lo menos un fármaco de cada tipo. Prácticamente todos estos fármacos son en forma de colirios. Cuando el tratamiento farmacológico no es suficiente se recurre al tratamiento quirúrgico.

Hay unas recomendaciones a tener en cuanta tanto si estamos diagnosticados como si tenemos antecedentes en nuestra familia o simplemente por prevención como, por ejemplo:



• Revisar periódicamente la vista y la PIO al menos cada 5 años a partir de los 40 años y cada dos a partir de los 65.
• Una dieta rica en antioxidantes y vitaminas evitándola grasas animales.
• Ejercicio físico moderado y regular.
• Una vez que sabemos que tenemos alta la PIO es recomendable elevar la cabecera de la cama unos centímetro y evitar dormir boca abajo.
• Moderar consumo de café y excitantes.
• Evitar los corticoides, incluso los tópicos, porque aumentan la PIO. Es muy común el uso de corticoides en colirios y pomadas oftálmicas, hay que tener mucho cuidado con esto y no usarlo sin prescripción médica y siempre poniendo en su conocimiento que tenemos la PIO elevada.

José Manuel Sánchez Valdivia
Farmacéutico, óptico y optometrista
Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ciudad Real

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