María Ángeles Puebla Rodríguez | Salud & Farmacia 24/11/2022
 
 
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Los microorganismos que colonizan el cuerpo humano son una parte funcional, constitutiva y necesaria. Gracias a las investigaciones en el campo de la microbiota, estos microorganismos han pasado a considerarse posibles soluciones a muchos problemas de salud, debido a que son fundamentales para la absorción de ciertos nutrientes y a que ayudan al organismo a protegerse de los patógenos.

La microbiota, o microorganismos que se encuentran de forma habitual en distintas partes del nuestro cuerpo como la piel, intestino, cavidad bucal, zona íntima, viven en perfecta relación y se benefician de ella independientemente del tipo, sea mutualismo o comensalismo.

Para que la microbiota ejerza la función de protección es necesario que sea variada y equilibrada. Aquí es donde la administración de probióticos puede ayudar a mantener ese equilibrio con el fin de prevenir la aparición de diferentes patologías.

Los probióticos son microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del hospedador. Para desarrollar su acción, los probióticos deben llegar íntegros a su lugar de destino y alcanzar unos nivele adecuados, lo que no siempre resulta sencillo, pues el gran problema al que se enfrentan es la barrera ácida del estómago, la cual tienen que atravesar sin degradarse. Deben cumplir el rigor científico que consiste en tres requisitos de seguridad, funcionalidad y tecnicidad. Posteriormente someterlos a ensayos clínicos de evaluación.

Los probióticos más conocidos y que proporcionan mayor número de beneficios son los lactobacillus y los bifidobacterium. La indicación específica a la que van destinados viene dado por la especie y la cepa según la patología o problema que se quiera tratar y el lugar a ejercer la función:

Por ejemplo, en la cavidad bucal las cepas que mejor se adaptan los las del género streptococcus, que no producen acidificación y están adaptadas a esta mucosa.

En el caso de la diarrea aguda infecciosa se utilizan probióticos que reduzcan su duración y severidad. En este caso el más indicado es el lactobacillus Rhamnosus.

En la diarrea asociada a tratamiento antibiótico en el que se ve repercutido la microflora intestinal, el probiótico más eficaz es el lactobacillus acidophilus y el lactobacillus rhamnosus.

En el caso de la piel, en las fórmulas dermatológicas se están incluyendo probióticos para tratar el acné y la psoriasis. Incluso en la cosmética de belleza también se utilizan los probióticos para compensar los desequilibrios en la flora de la piel, incluso mejora la inmunidad.

En la farmacia disponemos de una gran variedad de probióticos y prebióticos, y a la hora de seleccionar el más adecuado en cada caso, es fundamental tener en cuenta las características del paciente y sus hábitos alimentarios, así como las posibles patologías y situaciones fisiológicas, embarazo, lactancia, y los medicamentos que toma. Una vez seleccionado el más adecuado, tanto en composición como en forma farmacéutica, es fundamental informar sobre la patología, forma de administración y duración del tratamiento así como advertir sobre condiciones especiales de conservación.

María Ángeles Puebla Rodríguez
Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ciudad Real



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