María Zaragoza | Los Lectores 16/01/2023
 
 
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Existe una confusión entre que una ficción esté protagonizada (o escrita o dirigida o incluso todo a la vez) y que sea feminista que pretendo aclarar.

Siempre he sido contraria a que las palabras se abaraten. Si una palabra se utiliza para todo, al final es bastante probable que deje de tener su significado original o que incluso no llegue a significar nada. Siempre lo he defendido con la palabra «fascista» o «facha»: si todo lo conservador lo es, al final no sé cómo vamos a distinguir a un fascista de verdad. Esto es particularmente peligroso por lo que significa poner al mismo nivel cosas más o menos graves. En el caso del feminismo, imagino, tildar de feminista todo aquello protagonizado por una mujer, escrito por una mujer, dirigido por una mujer o dicho por una mujer termina por hacer que el feminismo —o los feminismos— se difumine hasta no significar nada.

Esta reflexión me la he hecho por culpa de una serie, no diré cuál porque tiene otras virtudes que quizá quedasen empañadas por lo que aquí quiero comentar, que se nos vendió como feminista, sin ser nada de todo eso. En realidad está protagonizada por una mujer —lo de su protagonismo, a juzgar por lo que voy a decir después, es hasta cuestionable— y ha sido escrita por un equipo en el que hay mayoría femenina y, sin embargo, reproduce todos los tópicos con respecto al papel de la mujer que estamos acostumbrados a ver en ficciones mucho más añejas, protagonizadas y escritas por hombres. La protagonista se supone muy inteligente, sí, porque nos lo dicen, e incluso ella misma no para de repetirlo, pero toma constantemente decisiones irracionales e incluso diría que estúpidas. Es la protagonista, pero no hay un solo capítulo en el que salga ella sola de un enredo —en los que se ha metido porque es cualquier cosa menos lista a pesar de lo que nos cuentan—, y lo peor no es eso, sino que siempre es un hombre el que la rescata. En mitad de estos entuertos, siempre chilla a los hombres «¿qué hacemos?», que es, como muy bien dijo una vez Reese Whiterspoon, algo que jamás le he visto hacer a una mujer ante un problema. Para demostrar su supuesta inteligencia, lo único que se nos presenta de ella es que es una marisabidilla orgullosa con aires de superioridad, que es algo que reproduce los peores y más injustos clichés sobre las mujeres listas. No hay una sola escena en la que mantenga una conversación con otra mujer en la que no acabe asqueada por cómo son las mujeres que la rodean: sólo considera compañeros en igualdad a otros hombres. Por supuesto, estoy resumiendo. Esta ficción, como tantas otras, es muy disfrutable por razones que no tienen nada que ver, ni de lejos, con el feminismo. Pero asumamos que el ser mujer no convierte en feminista, ni a la persona ni a todo lo que hace, por arte de magia. Mira, no.