María Zaragoza | Los Lectores 22/05/2023
 
 
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Hace poco leí en una entrevista que una cantante se lamentaba de que no había podido tener muchas amistades verdaderas, porque cuando a alguien le va bien, es difícil distinguir quiénes son amigos de los que no, e incluso, como protección, uno se va relacionando con aquellos que no le convienen. El tema de medrar y los amigos es algo que da muchos quebraderos de cabeza y que, seguramente, es complejo incluso cuando no va bien para la gente que tiene una fuerte vocación. No digamos si la vocación es artística.

Se da la circunstancia de que, si la vocación de uno es artística, resulta incomprensible para la mayoría. Antes la pregunta era: «¿pero a qué te dedicas de verdad?». Ahora, en un mundo cada vez más materialista, la pregunta es: «¿pero puedes vivir de eso?», con variantes mucho más despectivas incluso. Esas preguntas descartan muchos amigos que, cuando un artista trata de no ahogarse en este universo competitivo y pragmático, por su bien le aconsejan que ceda, que busque algo realista, que admita que a lo mejor no es tan bueno. No tienen ni idea del daño que hacen, claro, de cómo pueden llegar a minar la frágil naturaleza de la persona que tiene una vocación incomprendida. Tampoco entienden que, si la vocación es fuerte y sobrevive, el que la tiene se aleje un poco de quien sigue tratando de apagarla.

Los peores, sin embargo, son los que no se alegran cuando el que tiene la vocación consigue algo; los que destapan viejas rencillas, celos, ofensas absurdas, deudas morales, cualquier tipo de provocación que pruebe que el éxito de ese amigo lo ha convertido en gilipollas. Quizá proyectan su propia inseguridad en el sitio equivocado.

Por último están los que no entienden en qué consiste el trabajo de esa persona; no entienden giras, entrevistas, cansancio, y toman como algo personal la novedosa falta de tiempo del artista; no entienden que un artista tiene mucho menos tiempo cuando le va bien que cuando le va mal. Me pregunto si serían más comprensivos si lo que tuviera el artista no fuese una carrera en las artes o el espectáculo sino en un hospital, en la abogacía o si acabase de parir trillizos. Imagino que los amigos de este tipo creen que la vida de un artista es diversión, porque siempre han sido receptores y no creadores de cualquier tipo de arte.

Dicho esto, debo decir que, aunque alguna cosa me ha tocado, en general he tenido mucha suerte. Mis amigos siempre han estado, e incluso me han enseñado a ver lo que no funciona en esas otras relaciones. Que si hablo de esto, quizá es por comparación con lo bien que me ha ido en mis amistades, y por eso puedo ver en los demás todo esto, y comprender que en un momento dado alguien vulnerable prefiera relacionarse con gente que no lo va a favorecer, pero a la que no ha dado poder para romperle el corazón en mil trozos.
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