manchainformacion.com | Los Lectores 15/04/2021
 
 
Vota:
Comparte:
 
 
Son muchas las frases del Quijote que han hecho mella en el refranero popular. La de “el ver mucho y leer mucho aviva los ingenios de los hombres” es una genialidad, por aunar dos formas de escapismo, descubrimiento y conocimiento: viajar y leer. En estas semanas en las que mucho hablaremos de libros y en estos días de pandemia en los que mucho se lee y mucho se viaja a través de las líneas, no se nos ocurre mejor tributo al personaje más célebre de nuestra literatura y a “la más famosa aventura que se haya visto” como él mismo, que viajar a ese lugar de La Mancha que vio nacer, recorrer caminos, conocer gentes, vivir tradiciones y librar batallas a don Quijote de la Mancha.

El País del Quijote es un destino muy inspirador, siempre y para todos. Para niños, porque pueden disfrutgar de un montón de actividades muy dinámicas, interactivas y divertidas que además les acercan la figura del ingenioso hidalgo y de su creador, Miguel de Cervantes; para familias y para grupos de amigos, por su variedad de experiencias al aire libre altamente sugerentes (rutas, paisajes, moliendas y otras actividades covid-free), de curiosidades y huellas de celebridades que seguir (desde los pasos de Don Quijote, a los de Pérez Galdós, pasando por Azorín, Emilia Pardo Bazán o Sara Montiel), aderezadas con gastronomía tradicional, enoturismo y, cómo no, queserías. Un manjar de destino bajo la inspiración novelesca, perfecto para desarrollar la imaginación y el ansia de saber.

Los escenarios de El Quijote

“País del Quijote, una ruta de ensueño” propone un viaje por las localizaciones por las que transcurren las aventuras de don Quijote de la Mancha y de su creador, Miguel de Cervantes, poniéndoles nombre, contorno, forma y fondo. Un viaje “de libro”, con ese componente de emoción propio de las historias que son leyenda y de los personajes que son héroes y, encima, populares. La ruta tiene cuatro paradas fundamentales:

Argamasilla de Alba. Ése “lugar de La Mancha”, de cuyo nombre no quiso acordarse Miguel de Cervantes. Allí estuvo preso y allí empezó a escribir su célebre obra: fue en la Cueva de Medrano donde, según los primeros comentaristas del libro y los biógrafos del autor, se escribieron los primeros capítulos del libro.

El lugar guarda los rasgos inequívocos de la arquitectura tradicional manchega y se ha convertido en un auténtico “santuario laico” de nuestra literatura del Siglo de Oro.

También en Argamasilla de Alba se puede visitar la rebotica de los Académicos, el lugar de celebración de las reuniones de la entidad imaginada por Cervantes.

El Castillo de Peñarroya, la Iglesia de San Juan Bautista o el Pósito de la Tercia son otras de las visitas obligadas en esta localidad que sirve como puerta de acceso al parque natural de las Lagunas de Ruidera, un paraje que esconde uno de los grandes humedales de la geografía española.

Campo de Criptana. El lugar es mundialmente conocido por haber sido escenario de una de las batallas más célebres jamás contada: la de los Gigantes, ósea, los molinos de viento. Campo de Criptana cuenta con las construcciones originales que inspiraron a Miguel de Cervantes para narrar aquella famosa aventura que transciende fronteras. Encontrarse frente a frente con la inmensidad de los molinos permite empatizar aún más con el hidalgo y compartir su impresión. Si además se tiene el privilegio de disfrutar de su molienda y sentir en la piel el ruido de su movimiento, la impresión es doble.

La imagen de la sierra y el barrio del Albaicín de Campo de Criptana son el cénit del universo literario cervantino y paradigma del tipismo manchego. No existe mejor lugar para contemplar toda La Mancha en su esplendor y una de las puestas de sol más bonitas del planeta.

El Toboso. La patria de Dulcinea y el lugar donde seguir las huellas del amor de don Quijote. En sus calles y plazas encontramos frases esculpidas en las paredes de las fachadas, que hacen honor al capítulo IX de la segunda parte del libro, en el que se narra la visita de Don Quijote y Sancho a El Toboso en busca de Dulcinea.

El Museo Casa de Dulcinea, que perteneció a Dña. Ana Martínez Zarco de Morales, a la que Cervantes inmortalizó como Dulcinea (Dulce Ana), mantiene parte de su estructura del S.XVI; se trata de un ejemplo típico de las casas de hidalgos y ricos labradores manchegos. Varios museos, como el Cervantino o el de Humor Gráfico “Dulcinea”, así como el conjunto de iglesias y conventos, conforman uno de los lugares de referencia de El Quijote, el único que esconde el secreto de una de las historias de amor más célebres del mundo.

Alcázar de San Juan. Es también tierra de molinos, pero, sobre todo, es la cuna de Miguel de Cervantes Saavedra. En su Iglesia Santa María la Mayor se conserva y puede ver su partida de bautismo; en uno de sus márgenes encontramos manuscrito “este fue el autor de la Historia de don Quixote”, palabras que firmaría don Blas Nasarre en 1748 al encontrar la partida de bautismo a nombre de Miguel.

Allí podremos visitar también el Museo del Hidalgo, ubicado en el antiguo palacio conocido como Casa del Rey, en el que se expone y divulga el patrimonio histórico y etnográfico de Castilla-La Mancha. El Museo Formma, donde se muestra la Alfarería manchega, su espectacular conjunto palaciego y eclesiástico o los molinos de viento del Cerro de San Antón son otros de los atractivos de Álcazar de San Juan.


También te puede interesar