Nuria Villacañas / Javier Fernández | Castilla-La Mancha 06/03/2021
 
 
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Pilar Panadero, Inés Guillén, Laura Díaz, Amparo Bremard… son sólo algunos ejemplos de mujeres que, de una manera o de otra, han dejado a un lado los estereotipos y se han puesto, bien en el terreno o bien desde un despacho, a dedicar su día a día a tareas ligadas al sector agrario, poniendo en valor que la agricultura y la ganadería ya no son sólo cosa de hombres.

Recientemente, en una entrevista concedida a manchainformacion.com, el consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Francisco Martínez Arroyo, aseguraba que “el siglo XXI tiene que ser el siglo de las mujeres”.

Mujer y campo siempre han mantenido una especial vinculación. Pilar Panadero, gerente de la explotación de nogales ‘Casa El Cojo Lucía’ de Campo de Criptana, asegura que “las mujeres siempre hemos estado ahí, bien en tareas de recolección, bien cocinando en las quinterías o bien administrando los bienes, pues la mayor parte de las explotaciones eran y son de carácter familiar”. Una vinculación con la tierra que, precisamente, con los años ha ido más allá. De hecho, cada vez son más las mujeres titulares de explotaciones agrarias y ganaderas; mujeres responsables de la constitución de asociaciones como Amfar, Afammer o Fademur, entre otras, mujeres al frente de delegaciones de Agricultura como la que dirige la alcazareña Amparo Bremard; mujeres miembros de los consejos rectores de las cooperativas agroalimentarias -gracias a los planes de igualdad impulsados a través de la Ley de Titularidad Compartida o a través del propio Estatuto de Mujeres Rurales-; o mujeres que son gerentes en empresas agroalimentarias como Laura Díaz-Pavón, quien trabaja como directora técnica de calidad de la Cooperativa Cristo de Santa Ana de Villafranca de los Caballeros o como Inés Guillén, quien pasa sus días en la Cooperativa Vitivinícola San José de Herencia.

En la actualidad, según datos facilitados por la consejería de Agricultura, el año 2020 finalizaba en la región con un total de 193 solicitudes de titularidades compartidas -195 durante el pasado mes de febrero-. Una cifra que sitúa a Castilla-La Mancha como la segunda región de España. Otro dato significativo de esta implicación de la mujer en el sector agrario lo encontramos en el número de solicitudes de incorporación de jóvenes agricultoras. 766 mujeres, el 29% del total, solicitaron la incorporación en las dos convocatorias de la Junta de Comunidades (2016 y 2018).

Finalmente y aunque la diferencia sigue siendo notable – de los 3960 socios que forman parte de los consejos rectores de las cooperativas castellano manchegas, sólo 355 son mujeres- se ha visto un progresivo aumento tanto en el número de socias como en su representación en órganos de dirección, pasando del 6% en 2010 al 9% en 2018. Una incorporación paulatina que ha sido posible gracias a la Ley del Estatuto de Mujeres Rurales.



Ante este avance, lento pero firme, Martínez Arroyo pone en valor el papel de la mujer en el medio rural: “las mujeres son la mitad de nuestra población y en ellas reside la tarea fundamental y compartida de contribuir, con su trabajo, al desarrollo de nuestros pueblos y a fijar población”, afirma.

Frente a estos datos, la Confederación de Mujeres del Medio Rural (CERES) denuncia que las explotaciones de titularidad femenina tienen más difícil el acceso a las ayudas agrarias – “las explotaciones gestionadas por mujeres apenas reciben 3 de cada 10 euros de la Política Agraria Común (PAC)”. Además, según los datos publicados por el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) sólo el 27,5% de las ayudas directas es percibido por mujeres y el 26,34% de las ayudas de Desarrollo Rural, por lo que creen imprescindible hacer un análisis sobre la perspectiva de género en estos dos programas de impulso a la actividad agraria.

AGRICULTURA CON NOMBRE DE MUJER



Inés Guillén, del campo pedroteño a la Cooperativa vitivinícola San José

“La agricultura siempre ha estado presente en casa pues soy nieta e hija de agricultores, no puedo estar más orgullosa de ello y lo digo allá donde voy. Recuerdo desde pequeña acompañar a mi padre a cambiar aspersores en campos de alfalfa, cambiar gomas de goteo las mañanas de los días de feria en verano, vendimiar con mi madre antes de empezar el instituto, recoger sarmientos con mi hermana,…”, Así comienza explicando la joven pedroteña Inés Guillén, sus inicios en el mundo agrario.

Una pasión por la tierra que la ha llevado a trabajar en la Cooperativa Vitivinícola San José de Herencia. “Trabajar en la Cooperativa es realmente lo que me hace feliz porque creo firmemente que es el mejor modelo empresarial posible para la agricultura. Intento involucrarme en mi labor con los socios y socias, me gusta el equipo que hay con el Consejo Rector y con mis compañeros de trabajo”, confiesa Guillén.

Sobre sus inicios, esta joven pedroteña explica que “en casa no creyeron que fuera a dedicarme al sector agroalimentario, siempre creyeron que me dedicaría al mundo empresarial, en su visión más amplia”, pero “es que la agricultura como tradicionalmente la hemos entendido está cambiando; la agricultura es una empresa en sí”, defiende Guillén. “Se necesita entender la actividad agraria o ganadera como una empresa en todas sus facciones; inversiones, gastos, ingresos, en la relación con los empleados, con los proveedores... se trata de una empresa que tiene que luchar por obtener el máximo rendimiento económico”.

“La mujer siempre ha estado presente en el sector pero no ha sido visible”

Inés Guillén es clara y contundente: “La mujer siempre ha estado presente en el sector, pero no ha sido visible. Nuestras explotaciones no se entienden sin ellas, siempre han trabajado en las labores que hayan sido necesarias independientemente del cultivo que fuera; azafrán, huerta, oliva, cereal, viñedo,… Y, además de estas labores, han sacado adelante sus casas con las labores domésticas, a sus hijos con la crianza y a sus mayores con los cuidados oportunos”. El problema, según Guillén, “es que no se ha visibilizado su papel. Es importante hacer ver a la sociedad que han sido imprescindibles para entender la agricultura como lo hacemos ahora”, defiende.

En su opinión, las medidas deberían ir encaminadas en hacerlas participes en primera persona. “Las políticas con discriminación en positivo que actualmente están vigentes son una buena medida. La formación es imprescindible también para que lleguen a puestos de responsabilidad, a los órganos de dirección de sus propias empresas, de las Cooperativas por ejemplo. Su visión es importantísima y aportan un talento que es insustituible. Si ellas quieren, serán imparables”, concluye su testimonio esta pedroteña afincada en Herencia.

Pilar Panadero y su entrega al cultivo y la comercialización de la nuez



Pilar Panadero, gerente de ‘Casa El Cojo Lucía’, una empresa familiar dedicada al cultivo, secado, envasado y comercialización de nueces, recuerda que “siempre he estado ligada al campo, tanto en el terreno profesional como en el personal. Soy de las que en mi tiempo libre me evado en el campo e incluso las vacaciones familiares son siempre en el medio rural”. Una relación directa con el campo y la agricultura que pone en valor desde su experiencia, “puedo decir abiertamente que nunca me he sentido discriminada y que he contado con la ayuda necesaria para seguir adelante. Creo que a menudo las barreras nos las ponemos nosotras mismas y pongo como ejemplo un dato, en la cooperativa a la que pertenezco hay 120 mujeres que son socias y rara vez somos más de tres las que asistimos a las reuniones. ¿Por qué? Me pregunto”. “Me gusta hablar de personas y no de hombres y de mujeres, porque creo que como personas estamos capacitados para hacer lo que nos propongamos siempre y cuando queramos hacerlo. Querer es poder. En mi empresa a la hora de contratar miramos la capacidad de adaptación de la persona y no su género”.

Por otro lado y de acuerdo a la problemática del sector agrario, Pilar Panadero considera que la Administración debe poner en marcha mecanismos que hagan frente a otros problemas que tienen que ver con la “propia legislación laboral, la contratación, los precios, la línea de subvenciones, las cotizaciones, la entrada de productos de otros países o los conejos, ahora que tanto daño están haciendo en nuestras explotaciones”.
“Temas que afectan a quienes trabajamos el campo, hombres y mujeres, y que nada tienen que ver con la discriminación o con facilitar la incorporación de la mujer al sector agrario”.

En este punto, Pilar Panadero hace hincapié en su “satisfacción por estar donde estoy y en mi agradecimiento a personas y administraciones que nunca me han cerrado la puerta para hacer realidad mi trabajo en las explotaciones de vid y nogal que regento”.

Laura Díaz-Pavón, una joven enóloga que siempre soñó con dedicarse al sector agroalimentario



A sus 30 años, Laura Díaz-Pavón, natural de Herencia, es una de las enólogas más respetadas del sector gracias a su trabajo como directora técnica de calidad de la Cooperativa Cristo de Santa Ana de Villafranca de los Caballeros (Toledo). Un cargo que compagina con la coordinación del departamento de calidad de la sección almazara.

Una joven con gran proyección y con las ideas muy claras en cuanto a su dedicación al sector agrario. “Desde niña tenía muy claro cuál sería mi profesión. El campo forma parte de mi ADN. Por supuesto, no fue fácil. En el camino van surgiendo cosas, buenas y otras no tanto, para las que no se está preparada y para las que hay que tomar decisiones. En cualquier caso creo que todo surge porque lo mejor está por llegar y así fue. Tenía claro que quería ser, luché por ello y llegue a conseguirlo, Siempre tienes personas que no te apoyan pero esas se quedan en el camino, los tuyos, los de siempre, siempre están ahí, y por supuesto fueron mis grandes apoyos”.

Laura sigue detallando su crecimiento en torno al mundo agrario: “Nací entre campo, siempre en casa vi campo, mis abuelos, mi padre y ahora mi hermano… son continuas generaciones que me rodean en torno al mundo agrario, y no podía ser de otra forma, no me podía gustar otra cosa que no fuera el mundo rural, mi campo, el paraje donde tantas veces he ido, voy y seguiré yendo porque siempre digo que tiene un color especial, un olor diferente al resto, una tierra manchega, donde nace todo, desde muy pequeña he ido a la viña. Ahora, por circunstancias de mi trabajo, voy menos, incluso echo de menos esas tareas manuales que ahora hemos mecanizado, pero regresar allí es revitalizar interiormente mi persona, olvidarme de la rutina y disfrutar con los míos”.

Todo se lo debe, en palabras de Díaz-Pavón, “a la confianza que desde el minuto uno depositó mi padre en mí; fue y es la primera persona que creyó en mí siempre, a la vez que es la que más me exige. Pero siguiendo sus palabras siempre surgen buenos resultados. Por supuesto no puedo olvidar el apoyo de mi madre, mi hermano y como no de él, mi marido, pues sufren el día a día de los sinsabores de mi profesión, que también los hay como en cualquier otro puesto de trabajo, Ven la parte sumergida del iceberg, pero son mi dosis para seguir luchando, y por supuesto los primeros que levantan la copa de vino para brindar por lo bueno”, confiesa la joven enóloga herenciana.

A la pregunta de que, si tuviera en su mano el poder de hacer políticas para ello, cuál cree que debe ser la base fundamental a potenciar para terminar de introducir a la mujer en este sector tradicionalmente conocido como “de hombres”, Díaz-Pavón es clara: “la base fundamental es creer mucho en ti misma, tener las cosas muy claras, y luchar por ellas, Si no crees en tu poder de realización, no puedes desarrollar tu profesión ni esta ni ninguna. Las políticas por las que debemos luchar deben ser igualitarias, que no beneficien a mujeres ni a hombres, sino a personas, pues en definitiva es lo que somos personas. Que no quede en la teoría, en los papeles, sino que se vea reflejado en el día a día de nuestra vida”, concluye la joven manchega.

Mujeres que, al fin y al cabo y como muchas otras, han hecho de su pasión por la tierra y el campo su modo de vida.





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