manchainformacion.com | Campo de Criptana 01/04/2021
 
 
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Preparémonos ya, para vivir ya anticipadamente la gran celebración del Triduo Pascual.

JUEVES SANTO. Día de la Eucaristía, del Sacerdocio y del Amor Fraterno.

Ese amor absoluto e incondicional que necesitamos todos los seres humanos y que Dios nos ofrece se ha manifestado en Jesús: en su encarnación, despojándose de su rango, humillándose, como dirá san Pablo, y asumiendo nuestra debilidad, fragilidad y pobreza; y en su vida entregada por amor hasta darlo todo, hasta hacerse cuerpo entregado y sangre derramada en el misterio de la cruz sacramentalmente anticipado y perpetuado en el misterio de la Eucaristía.

Benedicto XVI en “Sacramentum Caritatis” dice: cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la cruz por nosotros y por el mundo entero.

La Eucaristía es el sacramento de la entrega: de la entrega de Jesús y de la nuestra, pues la eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos de modo pasivo el cuerpo entregado de Jesús, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega.



De ahí que la Eucaristía es para nosotros el gran sacramento del amor de Dios, el sacramento de la Caridad y la fuente de ese amor de Dios que nosotros queremos encarnar y significar en la acción caritativa y social de la iglesia en favor de los pobre y excluidos, de los últimos y no atendidos. Toda entrega a los demás supone una mística que le dé sentido y consistencia; y esa mística es trinitaria y eucarística.

-Trinitaria: la razón última de la existencia de Cáritas o de la Bolsa de Caridad está en ser expresión del amor de Dios, de ese Dios que es amor en su misterio trinitario.
-Eucarística: porque nace de la Eucaristía, sacramento en que Jesús sigue amándonos hasta el extremo, hasta el don de su cuerpo y de su sangre, para la vida del mundo.

De ahí que en la Eucaristía encontremos y alimentemos la fuente de nuestra caridad. La eucaristía es el sacramento del amor. Quien come el Cuerpo de Cristo acepta de antemano ser un don para el mundo. Y la comunión con Cristo es comunión con la humanidad en el acto de ofrecerse para la salvación del mundo.

Así nos recuerda Benedicto XVI que participar en la Eucaristía es implicarnos en la dinámica de su entrega, de modo tal que lo que era estar frente a Dios se transforma ahora en unión por la participación en la entrega de Jesús, en su cuerpo y en su sangre.
No se pueden separar eucaristía y caridad. El sacramento de la eucaristía no se puede separar del sacramento de la caridad. No se puede recibir el cuerpo de Cristo, si se recibe bien, y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, de los enfermos, de los que sufren el drama del paro, de los que están excluidos de la mesa del bienestar.

VIERNES SANTO. Día de la Muerte de Jesucristo.

La pandemia del Covid-19 no sólo ha supuesto una crisis sanitaria y de salud pública, sino que está teniendo unos efectos secundarios no menos preocupantes de una gran crisis socio-económica que está dejando a mucha gente en la cuneta de la vida cuyo conmovedor símbolo, entre otros, es el alargamiento progresivo de las llamadas “colas del hambre”. El papa Francisco ha afirmado que el peor virus es el del egoísmo indiferente que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí. Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres y aparcar al que se queda atrás.

Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren: todos somos frágiles, iguales y valiosos. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad. Hemos de aprender de las primeras comunidades que se narra en el libro de los Hechos de los apóstoles: “los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”. (Hch. 2,44-45)

Estamos llamados a ayudar a recrear el tejido social comunitario y a generar cohesión, porque saldremos de esta situación si somos capaces de formar, entre todos, comunión y una sociedad reforzada de raíz. Frente a la ideología de la desvinculación, pasar al reconocimiento del prójimo, el espacio del don y de la gratuidad, la apuesta por la cercanía y el cuidado mutuo, la solidaridad con los más pobres y la hospitalidad con los que vienen buscando un futuro mejor.

La reconstrucción social pasa por tejer redes hacia el bien común, por la cooperación entre vecinos, por la educación para aceptar las diferencias y por recuperar el espacio para trabajar en la construcción de la comunidad.



DOMINGO DE RESURRECCIÓN. Día de la Vida, del Gozo y de la Alegría Pascual.

Si pensamos que las cosas no van a cambiar, recordemos que Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive. De otro modo, “si Cristo no resucitó, nuestra predicación está vacía” (1 Cor. 15, 14)

El evangelio nos relata que cuando los primeros discípulos salieron a predicar, el Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra. Eso también sucede hoy: se nos invita a descubrirlo, a vivirlo. Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda.

Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable.



Muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Esa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo.

También aparecen constantemente nuevas dificultades, la experiencia del fracaso, las pequeñeces humanas que tanto duelen. Todos sabemos por experiencia que a veces una tarea no brinda las satisfacciones que desearíamos, los frutos son reducidos y los cambios son lentos y uno tiene la tentación de cansarse.

Sin embargo, no es lo mismo cuando uno, por cansancio baja los brazos, que cuando los baja definitivamente dominado por el descontento crónico. Puede suceder que el corazón se canse de luchar porque se busque a sí mismo sediento de reconocimientos personales; entonces uno no baja los brazos, pero ya no tiene garra, le falta resurrección.

Así, el evangelio, que es el mensaje más hermoso que tiene este mundo, es el regalo más importante que tenemos, para seguir demostrando a los demás, que Jesús Resucitado está siempre a nuestro lado.

“COM-PASIÓN DE MARÍA”

La Pasión de Cristo que vamos a celebrar –un año más– esta Semana Santa es, también, la Pasión de María, vivida como sólo la puede vivir una madre, olvidada de sí hasta el límite de las fuerzas humanas. La podemos denominar, propiamente, la “Compasión de María” en la Pasión de Jesús. Es como el eco de la Pasión en su Corazón Doloroso e Inmaculado. Pasión y Compasión de amor.

Porque en la Pasión, que la Semana Santa rememora, hay dos personajes que pagaron con sus propias vidas el precio de nuestra Redención: Cristo, nuestro Salvador y Redentor, que con su purísima sangre, divina y preciosa, lavó nuestros pecados y nos abrió la puerta del Cielo. Y María, la Madre Dolorosa, la corredentora, que por su amor inmenso hacia Jesús, padece su misma Pasión y agonía, y así consumida de dolor, inmersa en el cáliz de la sangre redentora de su Hijo, comparte plenamente el sacrificio salvífico de Jesús.

En verdad, la participación de María en el drama de la Pasión de Cristo hace profundamente humano ese acontecimiento y nos ayuda a entrar en el misterio: la Compasión de la Madre hace descubrir mejor la Pasión del Hijo.
El Concilio nos recuerda, precisamente, la “Compasión de María”, en cuyo Corazón repercute todo lo que Jesús padece en el alma y en el cuerpo, subrayando su voluntad de participar en el sacrificio redentor y unir su sufrimiento materno a la ofrenda sacerdotal de su Hijo.

Esta participación de María en el sacrificio de su Hijo, culmina en Jerusalén, en el momento de la Pasión y Muerte del Redentor. San Bernardo se complace en hablar del “martirio de la Virgen”, cumplimiento de la profecía de Simeón: “Una espada atravesará tu alma”. Así, lo que padeció Jesús en el cuerpo –dice–, lo compadeció María en el espíritu. La muerte de Cristo en la Cruz significó, para su Madre, la muerte compartida al pie de la misma Cruz. Por esto no duda el Santo en considerarla “más que mártir”. Y la Iglesia en llamarla “Corredentora”.
La Vía dolorosa es también el camino que María recorre, acompañando y consolando a su Hijo. Su compañía y su consuelo son silenciosos y escondidos: Ella camina, junto a su Hijo, presenciando todo el dolor de Cristo. María desde Su lugar, vive la Pasión de su amado Hijo dándole la fuerza y la gracia de su amor.

El regazo de María, Virgen de los Dolores, Madre de la Soledad, María Stma. de la Redención, Ntra. Sra. de la Piedad, Virgen de la Amargura y Madre Stma. de la Esperanza, nos abraza también a cada uno, pues contiene el amor infinito de Dios por nosotros. Ella, Nuestra Madre, que escuchó a su Hijo interceder por todos al Padre, suplicándole nos perdonase “porque no sabemos lo que hacemos”, alcanzándonos con su muerte la redención, hace suya, también, esta plegaria, ofreciéndonos, graciosa y liberalmente, su amor y su perdón. Os invito a vivir esta Semana Santa junto a Ella. Como san Juan, acompañémosla en su dolor, en su compasión de amor, seguros de alcanzar, a su lado, los frutos de la Redención.

¡Venturosa Semana Santa! ¡Feliz Pascua de Resurrección!



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