Jesús Delgado Ortiz | Campo de Criptana 04/04/2021
 
 
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De María sabemos muy poco. El Nuevo Testamento es muy parco en palabras. La tónica de María fue el silencio, no dejó casi nada escrito excepto su sí, el Magníficat y alguna frase más. Tenemos que caminar por entre las deducciones e intuiciones para captar la persona y la personalidad de María.

A pesar de esta precariedad informativa para saber quién fue María, disponemos, sin embargo, de una fuente segura, muy segura: su propio Hijo, Jesús.

Todos somos fruto de las leyes genéticas y mendelianas de nuestro padre y de nuestra madre, pero en el caso de Jesús que no tenía padre biológico, fue fruto genéticamente solo de su Madre, María.

Ella lo engendró y ella lo educó durante muchos años. Físicamente era fuerte y en su rostro se reflejaban los rasgos de su Madre, María. Sus gestos los había heredado de su madre, su forma de ser, su voz, su mirada… Ella le enseñó a hablar, a orar, a amar y a perdonar.

Para hablar de la caridad de María, tenemos que remitirnos a Jesús. Fijarnos en sus palabras y en sus hechos.

Jesús dijo “Os digo, no hay que perdonar siete veces, sino setenta veces siete, siempre”. Seguro que se lo enseñó su Madre y seguro que la vio perdonar tantas veces… ¿más de setenta veces?

¿De dónde sacó Jesús esa fuerza para amar y después decir: “Amaos unos a otros como yo os he amado”? Seguro que había aprendido a amar según había amado su madre. ¿Qué otro ejemplo tenía? Todos los hijos tenemos grabado en nuestras retina frases, palabras y hechos de nuestras madres. A Jesús le pasó igual.

¿De dónde le salía con tanta naturalidad a Jesús el ser cariñoso con los niños y misericordioso con los pobres? ¿Quién se lo había enseñado? No me cabe la menor duda de que repetía como algo grabado a fuego esos gestos y esas acciones aprendidas de su madre.

Estoy seguro de que María era generosa y buena con todos los que le rodeaban. Era pobre, pero daba con generosidad lo que tenía. Por eso aprendió Jesús a ser generoso, a dar lo que tenía, a curar. Seguro que en más de una ocasión María ayudaría a algún niño, a algún enfermo, a una vecina o algún pariente. Por eso a Jesús le salía con tanta naturalidad, ayudar, aconsejar, curar. ¡Lo había visto en su madre durante toda la vida!



El amor y la caridad son la expresión de la ternura del Padre y así se lo enseñó María a su Hijo Jesús y él, una y mil veces, repetía gestos de cariño, caricias de ternura, sonrisas de paz, miradas compasivas y palabras de perdón, aprendidas ¿de quién? De su madre

Y por último ¿cómo aprendió y supo Jesús aceptar la voluntad del Padre para morir por nosotros, gesto supremo del amor? Del ejemplo de su Madre que cuando fue adulto, sin duda le contó lo de su SÍ y le habló de cómo le traspasó una espada de dolor su corazón.

Le habló del silencio del Padre y a la vez de su voluntad. Le enseñó a cumplirla como expresión más sublime del amor.

Jesús, repito, es el fiel reflejo de su Madre. María se proyectó en su Hijo y si queremos conocer cómo era ella, su personalidad y su psicología, cómo vivió el amor y la caridad, no tenemos que hacer otra cosa que mirar a su Hijo, Jesús.

Dios infundió en María la caridad para que le amara sobre todas las cosas. Y a su vez para que nos amara a nosotros por la bondad de Dios. María vivió esa tendencia de su voluntad hacia Dios mediante el ejercicio en su vida de actos de amor y cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. El acto principal de la caridad es el amor y de la caridad se deriva la misericordia de María, compadeciendo al hombre de sus miserias considerándolas como propias y remediando sus necesidades.

Queridos Criptanenses, festejar a María, es vivir el amor y la caridad como la vivió Jesús. Es la mejor manera de honrarla.

Feliz Pascua de Resurrección y que María Santísima de Criptana sea nuestro modelo de vida en la caridad.

Solo me queda invitaros a participar en todos los actos que organizamos con ilusión desde la hermandad y que sin duda alguna nos va a permitir en muchos momentos disfrutar de ellos y estar más cerca de la figura de María y que este año nos podamos ver todos en el cerro el día de la Virgen, eso significaría que hemos vencido la dichosa pandemia.

¡Viva la Santísima Virgen de Criptana!


Jesús Delgado Ortiz

Presidente de la Hermandad de la Santísima Virgen de Criptana



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