


Tardes como la de hoy hacen afición porque el personal asistente ha salido hablando de toros apasionadamente. Y eso en los tiempos que estamos es muy importante porque la fiesta de los toros, o Fiesta Nacional como también se califica, no está atravesando sus mejores momentos con los antitaurinos dando la vara por un lado y los taurinos dejándosela dar y no defendiendo de verdad los valores reales para pasar de la defensa al ataque y cortar de raíz los problemas acuciantes. Pero mejor eso lo dejamos para otro día.
Lo importante es que hoy la plaza de toros de Tomelloso estaba casi llena de público, muchos aficionados y muchos primerizos, pero sobre todo de gente joven y sin prejuicios, y que gracias a la disposición de los toreros y de los toros lidiados han hecho que la pasión se desatara en los tendidos, llegando al clímax cuando la presidenta le ha perdonado la vida al quinto.
Para llegar a este momento tan culminante de la tarde, Enrique Ponce se había entendido a las mil maravillas con las nobles y enclasadas embestidas de “Valenciano” de la ganadería de San Mateo, o lo que es lo mismo de Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea”. Seguramente que por llevar ese nombre el toro, Ponce, de valenciano a “Valenciano”, se ha empeñado en torearle hasta que ha conseguido que la gente clamorosamente pidiera el indulto de una forma tan persistente y apabullante que la señora Presidenta no ha tenido más remedio que rendirse y concederlo, porque no estaba por la labor.
Ponce lleva unas temporadas que torea donde y cuando le da la gana. Que está por encima del bien y del mal. Y que intenta que cada tarde su ego personal no salga traicionado, de ahí que sus actuaciones se cuenten por triunfos, y seas o no poncista al final te conviertes a su religión, por las formas toreras que imprime a sus quehaceres. Y eso es lo que ha pasado hoy.
Ya en su primero, un toro muy flojo pero muy noble como toda la corrida, ha estado pulcro y en faena rehabilitadora, con un sobeteo por ambos pitones que ha hecho que el toro se afiance en el ruedo y lograr sacarle pases por ambos pitones sin despeinarse. Con un kikiriki al final del trasteo que por sí solo valía la faena entera.
Pero lo gordo ha llegado en el quinto. Aquí todos se han convertido al poncismo. Los seguidores de siempre estaban por la plaza sacando pecho y diciendo “aquí tenéis al mejor torero de todos los tiempos…», como suelen decir ya desde hace la tira de años, y los convencidos de forma primeriza gritando: “Ponce, Ponce, Ponce…». Y realmente no ha sido para menos, porque el valenciano se ha empeñado en indultar al toro y lo ha indultado. Para ello la única estrategia que ha utilizado ha sido tirar de temple y no cansarse de torearlo. Y eso que el comienzo fue para el torero. Por lo que al principio de faena la conexión publico-ruedo, no era la misma que toro-torero. Pero de mitad de faena en adelante la historia ha ido cambiando y conforme Ponce se ceñía más al toro y descubría las virtudes de “Valenciano”, la faena se fundía por los tendidos. Y ya con los cambios de mano, los molinetes, y el toreo fundamental por ambos pitones, ha tenido la comunión general de todo el mundo.
Ha sido evidente que el empeño ha sido personal, o por lo menos eso pareció. Y al final lo ha conseguido. Verdaderamente el toro y el ganadero, presente en la plaza con toda su familia, agradecerán este perdón al maestro Ponce, porque realmente este galardón difícilmente lo hubiera conseguido en manos de otro torero, ni por hechuras, ni por su pelea en el caballo, ni por su bravura durante toda su lidia, pero eso sí, tenía una nobleza muy acuciante y a un torero con ganas de hacer historia hoy en Tomelloso.
Pero no solo el de Chiva ha hecho pasar buenos momentos a los tomelloseros y vecinos de otras latitudes, porque también Diego Ventura y César Jiménez han hecho cosas destacables con sus toros.
El rejoneador Diego Ventura ha puesto de manifiesto, que ahora mismo es el mejor rejoneador del momento, ahora que no nos oye Pablo Hermoso de Mendoza… . Y que tiene una cuadra de caballos muy importante, que hace que el toreo a caballo suba escalones con respecto al de a pie, por eso estos festejos mixtos con buenos rejoneadores hacen que no se pierda interés en las lidias a caballo y el personal tenga más alicientes para la diversión.
El sevillano se encontró con dos toros que le permitieron el lucimiento, más el galopón primero que el reservón cuarto, cosechando grandes ovaciones sobre todo con el caballo “Remate”, con el que clavó siempre al estribo tanto los pares a dos manos como las banderillas cortas, éstas muy seguidas para obtener un resultado más brillante.
Y César Jiménez, tampoco quiso quedarse atrás. En una temporada en la que el de Fuenlabrada no torea todo lo que él quisiera, intenta disfrutar en los compromisos que tiene y aprovechar al máximo las oportunidades, aunque sea como torero y como empresario, como pasaba hoy en Tomelloso, cosa que tiene aun más mérito, porque con un ojo debe de estar mirando a la taquilla y a la organización para que todo salga bien y con el otro estar más que pendiente de las faenas de sus toros.
Hoy sus oponentes le han dejado expresarse con su concepción del toreo, y se ha quedado quieto y sin concesiones, como en el comienzo al tercero de la tarde, por estatuarios y pases por la espalda con los pies metidos en la montera, como en el arrimón final que se ha dado en el último de la tarde, en los terrenos del toro con desplantes de rodillas para afianzar el triunfo ante el toro más endeble del festejo. Además a este le ha recetado una gran estocada para remachar su actuación.
Ficha del festejo:
Martes 27 de agosto. Plaza de toros de Tomelloso (Ciudad Real). Calor aunque sin bochorno y casi lleno en los tendidos.
Toros de San Pelayo y San Mateo (propiedad del Capea), desiguales de presentación y de hechuras. Nobles y justos de fuerza. Los mejores el tercero y el quinto que fue indultado por su matador. Y el peor el chico y flojo sexto.
-Diego Ventura: pinchazo y rejón muy trasero (oreja) y rejonazo trasero y un descabello (oreja con fuerte petición de la segunda y bronca a la presidencia por no concederla).
– Enrique Ponce (azul pavo y oro): media estocada arriba y un descabello (oreja) e indulto (aviso y dos oreja y rabo simbólicos).
– César Jiménez (pizarra y azabache): casi entera y dos descabellos (oreja) y estoconazo (dos orejas).
La presidencia muy variable, intentando cumplir en todo momento con el reglamento, aunque con distintas varas de medir en la concesión de los trofeos, ya que no atendió la petición de la segunda oreja de Ventura en el cuarto y sin embargo con muchísima menos petición dio la segunda oreja a César Jiménez en el sexto. En cuanto a la concesión del indulto en el quinto, mantuvo en un principio su negativa a darlo hasta que la presión del torero Ponce, del ganadero El Capea y de casi toda la plaza le hizo rectificar y sacar el pañuelo naranja.
Al final del festejo salieron por la puerta grande los dos matadores y el rejoneador.

































































