


Cristina Sánchez Aguilera ofreció un pregón de Navidad diferente, fresco y centrado en la realidad que vivimos actualmente en el mundo.
Realizó un viaje por otras navidades, como la de los refugiados irakies que viven en Erbil, capital del Kurdistán irakí. Más de 30.000 cristianos que se vieron obligados a abandonar sus hogares para salvar la vida desde que, en 2013, el Estado Islámico invadiera Irak. Allí, construyen un nacimiento con material reciclado, lo colocan bajo una lona y lo velan, a partir del 8 de diciembre, todas las noches hasta el día de Navidad. También hizo una parada en Malawi, uno de los países más pobres de África, donde los niños sólo pueden tomar un refresco y una bolsa de patatas fritas en Navidad, o comer pollo y salir a la calle con el hueso más grande para celebrarlo. Sánchez se detuvo después en El Congo, en las minas de coltán que explota la guerrilla. Un mineral, fundamental para la fabricación de nueva tecnología, que intercambian por armas. Señaló que “cada vez que compramos un móvil o un aparato electrónico contribuimos a fomentar la guerra del Congo, donde desde 1.998 han muerto ya 5 millones de personas”. Por último, finalizó su viaje en España, donde más de 30.000 personas viven en la calle en situación de extrema pobreza “y ni siquiera los miramos”.
La pregonera terminó su exposición diciendo al público asistente que “hay que saber que la gente existe y conocer la situación que está viviendo para ponerle remedio”. Pidió reflexión para pensar si el consumismo navideño realmente es necesario y señaló que somos “luces” para ayudar a otros y “hacerles pasar de la muerte a la vida”.
Previo al pregón, la alcaldesa de la localidad, Rosa Melchor, felicitó la Navidad a vecinos y vecinas señalando que estas fechas “son tiempo de reflexión” para, entre otras cosas, “eliminar lo superfluo y valorar a las personas, quitando las etiquetas y envoltorios para ver que todos somos iguales y que, en nuestra diversidad, tenemos que entendernos”. En esta reflexión quiso poner en valor el papel de la mujer en la sociedad como “mediadora, conciliadora, tolerante, paciente, con capacidad de escucha y sin afán de protagonismo”, unas características que dijo “me gustaría que me acompañaran a lo largo de estos cuatro años para conseguir el crecimiento y el progreso de Alcázar y mejorar la vida de alcazareños y alcazareñas”.
El acto se cerró al son de los villancicos interpretados por el Coro de San Francisco de Alcázar de San Juan, acompañado en las tres últimas piezas por niños y músicos del Centro Musical Creativo.







































































