


La Cruz de los Jóvenes, que el obispo de Ciudad Real don Antonio Algora ha entregado a los jóvenes para llevarla a todos los rincones de la provincia en este año de la misericordia, ha estado en la parroquia de Santa María y desde primera hora ha estado en el Convento-residencia de las Hermanas de la Cruz, donde ha sido portada por jóvenes. Allí ha tenido varios momentos de oración entre jóvenes, religiosas y ancianas, sirviendo de ejemplo de misericordia.
Por la tarde, y ya en el templo parroquial, ha tenido lugar la celebración eucarística de acción de gracias por las bodas de plata sacerdotales del párroco don Javier Quevedo Muñoz.
La celebración ha contado con diez sacerdotes, y religiosas de todas las comunidades de la ciudad.
En la homilía, don Javier Quevedo ha destacado la «fuerza necesaria para seguir respondiendo con generosidad a la vocación, donde la misión reside en ser pastor con olor a oveja, como dice el papa Francisco».






































































