Antiguamente venir a torear a los pueblos de La Mancha ponía nerviosos a los diestros, no en vano no arrimarse y dar la talla antes los morlacos que echaban por estas plazas era sinónimo de tener que escuchar algún improperio recordando a tus antepasados o incluso de llevarte una pedrada. Eran otros tiempos lejanos que están reflejados en las hemerotecas taurinas, ahora todo es más simpático y más llevadero de ahí que rara es la tarde de toros en la que todo no resulte triunfal sobre todo para los coletas que se juegan la vida ante los toros y no ante el respetable.
Y lo anterior no quiere decir que todos los trofeos que esta tarde se han cortado no hayan sido merecidos, porque todos han sido concedidos tras insistentes peticiones, si no que muchas veces los marcadores tienden a confundir al presente y al ausente.
Para empezar la plaza se ocupó en su mitad, cosa que evidencia que la crisis hace mella en los bolsillos a pesar de estar en feria y a que los precios no eran excesivamente caros.
Los toros que se lidiaron, seis de Sancho Dávila, aunque saltaran siete al ser devuelto el sexto tras quedar lesionado de los riñones en su encuentro con el picador, fueron todos muy cómodos de pitones y de un trapío agradable para los toreros, con unas condiciones más que aptas para no complicarles la vida en exceso.
Ante tal material, El Cordobés quiso en su primero y pasó en su segundo. En el primero de su lote y de la tarde, ejecutó una faena de sus clásicas, con mucha comunicación con el tendido, con la virtud de ligar los muletazos y con los ranazos y desplantes clásicos que hicieron las delicias de los socuellaminos y vecinos visitantes. Tras matar de una casi entera le dieron las dos orejas.
En su segundo, la cosa fue otro cantar y algo le debió ver Manuel Díaz que no quiso ni siquiera que le acompañaran los toques musicales de la banda a la que mandó callar, y eso que la directora rápidamente se afanaba por interpretar pasodobles que calentaran aún más los tendidos. Terminó de pinchazo y casi entera baja. Silencio con algún leve pito disconforme.
Uceda Leal también se llevó otras dos orejas, está vez del quinto, en el que vimos lo mejor de la tarde, la estocada que le recetó al bonito ensabanado y al que tiró sin puntilla.
El madrileño estuvo siempre en torero serio intentando hacer las cosas por derecho y evidenciando el buen momento que atraviesa. Lo que propicio verle manejar los engaños con mucha decisión y profundidad, sin dejar de arrimarse y hasta tirar de repertorio, como la larga cambiada de rodillas en el tercio con la que saludó a su primero, las verónicas ganando terreno de su segundo y algunos pasajes con la muleta muy encima del toro, que no tenía mucho recorrido, y al que se los extrajo uno a uno.
Y la sorpresa de la tarde la dio Diego Silveti, de la dinastía mexicana de los Silveti, que a pesar de estar difícil para los españoles está empeñado en llegar alto y pone todo su conocimiento para intentar agradar al respetable y no solo por la simpatía que no disimula sino por sus formas toreras, muy intrínsecas de sus orígenes que caen bien entre los aficionados nacionales.
En ambos toros se puso por los dos pitones y sacó buenos muletazos, intentando siempre en los inicios y finales de tanda llamar la atención con muletazos variados, como molinetes, pases cambiados por la espalda, manoletinas o bernardinas, pero también bajando la mano y llevando sometidos y largo a los toros en los pases fundamentales.
Con la espada mató rápido, de ahí que fuera el triunfador numérico tras cortar tres orejas.
Ficha del festejo:
Plaza de toros de Socuéllamos (Ciudad Real).
Con más de media plaza cubierta y calor soportable, se han lidiado seis toros de Sancho Dávila, desiguales de trapío, los tres últimos con algo más de corpulencia, todos cómodos de pitones, nobles y justos de fuerzas en general.
El Cordobés (celeste y oro): casi entera (dos orejas) y pinchazo y casi entera baja (silencio).
Uceda Leal (rosa y oro): estocada en el rincón y tres descabellos (saludos) y pinchazo y gran estocada (dos orejas).
Diego Silveti (grosella y oro): media atravesada y dos descabellos (aviso y oreja) y casi entera (dos orejas).
Uceda y Silveti hicieron el paseíllo desmonterados al ser la primera vez que toreaban en esta plaza.
Los tres salieron a hombros de la plaza, bajo la presidencia de la concejala Pruden Medina que estuvo correcta en el transcurrir de la lidia.
Fue televisada en directo por Castilla La Mancha y Canal Sur.

































































