En esto de los toros, como en casi todo, está todo inventado y si las cosas se hacen bien, o por lo menos se intentan hacer bien, existen más posibilidades de que al final también salgan bien.
La plaza de toros de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) llevaba unos años dando bandazos y no terminaba de coger el rumbo que en tiempos no muy lejanos tuvo, y lo que en su día fue el tercer coso más importante de la provincia tras Ciudad Real y Almagro, se estaba convirtiendo en una plaza sin ninguna personalidad.
El caso es que unas veces por una organización muy poco acertada, otras por la mala suerte y otras por las dos cosas juntas, iban convirtiendo a la feria taurina alcazareña en un desastre. La tarea era y va a ser ardua, sobre todo porque devolver la ilusión al espectador, que no olvidemos nunca que es el que mantiene este espectáculo pagando religiosamente su entrada y hacerle que vuelva a la plaza va a ser muy complicado, pero esta tarde se han puesto los cimientos. Y parece que esto empieza a tomar aire, y no por el resultado final que ahora desmenuzaremos, sino porque a las siete menos veinte de la tarde los protagonistas estaban en su sitio, los toreros anunciados haciendo el paseíllo y los toros reseñados en sus correspondientes chiqueros, por lo que de momento empezábamos bien.
Sorprendente también ha sido la entrada que ha registrado la plaza, tres cuartos, y ya con muchas de las caras habituales en los tendidos, aficionados que ya habían tocado a retirada y que han vuelto. Por lo que otro logro.
Y ahora a lo estrictamente taurino. ¡Señoras y señores, cómo ha estado Ponce!, sencillamente magistral. Hace quince días lo vimos en Ciudad Real y estuvo bien, en su línea, en la línea que les gusta a los poncistas, sabiendo estar y haciendo las cosas tan fáciles que muchas veces no llegan con fuerza al tendido.
Pero lo de hoy en Alcázar ha sido otra cosa, Ponce ha estado en figura del toreo. Primeramente remontando una tarde que de entrada tenía su guasa porque era la tercera vez en los últimos años que se anunciaba y la primera que toreaba, y como me dijo antes de empezar el festejo “yo a estas alturas no estoy aquí para que me engañen y sí para torear cuando de verdad quieren contratarme…».
Con estas palabras el de Chiva se intentaba justificar y ya con la muleta en las manos ha dado una lección de honradez y de conocimientos, sobre todo con el quinto de la tarde, un toro muy importante, porque aparte de su seriedad tenía un fondo de bravura muy escondido difícil de ver seguramente por otros toreros, pero no para el valenciano al que ha ayudado la perfecta suerte de varas de su picador, sobre todo el primer puyazo, en todo lo alto y que espabiló la renuente actitud del toro.
Ponce empezó tanteando por los dos pitones y desengañando al toro con una sutileza que al final tenía que romper para adelante. Le costó embestir en los inicios de faena, pero ya los finales han sido arrebatadores y lo que comenzó tibiamente, terminó con el público en pie y entre gritos de torero, torero. Faena de maestro, donde los toques han sido tan justos como imperceptibles pero que han obligado al toro a seguir el engaño sin miramientos hasta donde el torero lo vaciaba.
Ha habido muletazos al ralentí, sobre todos los cambios de manos, enlazados con circulares interminables. Uno de ellos y un pase de la firma torerísimos.
Y lo que en un principio algunos pensaban que iba a hacer Ponce, “venir, si venía, hacer el paseíllo y cobrar sin más”, ha resultado ser una de las mejores faenas que se hayan hecho en la plaza alcazareña. Así es como se arreglan los malos entendidos.
Lástima que la espada no haya entrado a la primera, porque de esta manera y sin ningún tipo de dudas, el rabo hubiera sido mucho más merecido.
Ya en su primero que ha brindado al público, también ha estado con sus clásicas formas de sobar al toro por ambos pitones y sin ninguna concesión de cara a la galería, destacando los pases de pecho llevándose al toro a la hombrera contraria. De este le han concedido una oreja.
Aníbal Ruiz lo tenía, como siempre, fácil por torear en su pueblo, y difícil porque ya son muchos años seguidos como torero fijo en los carteles de la feria de Alcázar y eso a la larga pesa. En esta ocasión ha sido alternando con Ponce, y eso aun carga de más responsabilidad.
Aníbal ha tenido una actuación tan diferente como sus oponentes que le tocaron en suerte. La primera faena ha sido muy meritoria porque darle fiesta al toro más importante de la corrida y de muchas de las corridas de ediciones anteriores, indultos sin sentido concedidos incluidos, era harto difícil.
El 56 que nos tenía enamorados, taurinamente hablando claro, desde que lo vimos en los corrales, ha sido un toro que por las hechuras no podía fallar y que al final no nos ha dejado mal. Ha sido bravo y noble, recordando a la clase de los “samueles” buenos y al que Aníbal ha aprovechado. En todo momento ha intentado lucirlo y darle las ventajas al toro, citando de lejos y trayéndose lo más toreada posible la franca embestida, humillada y con una nobleza que para sí hubiera querido tener en alguno del lote de su última actuación de Madrid.
El comienzo tanteando con una rodilla en tierra ha sido muy puro, dejando dos muletazos técnicamente y estéticamente perfectos. Luego han venido más pases templados que no desentonaban de las alegres embestidas del “samuel”, a pesar de que la temporada del alcazareño no sea muy prolija en festejos. La faena terminó con los clásicos alardes y desplantes y tras matar de una casi entera, levemente desprendida, ha cortado las dos orejas.
En el sexto la cosa no ha andado tan entonada, sin perder en ningún momento los papeles, Aníbal Ruiz ha estado más inquieto. El toro se vino arriba y tal vez otra entrada al caballo no le hubiera sobrado y hubiera hecho al torero sentirse más a gusto.
También ha toreado esta tarde, aunque subido a sus caballos, el rejoneador Segio Galán. El de Tarancón también ha hecho el esfuerzo de matar por primera vez en su carrera, y no se si habrá algún otro rejoneador que lo habrá hecho antes, dos toros de Samuel Flores, encaste totalmente distinto al que están acostumbrados a lidiar los caballistas, ya que casi siempre suelen ser encaste Murube.
Aun así a pesar de ser la primera vez, la experiencia no ha salido mal, ya que los dos toros no opusieron demasiadas complicaciones, aunque sirviera mucho más el primero por su condición galopona, que el cuarto mucho más reservón.
Sergio Galán ha querido clavar siempre al estribo y cumplir su cometido de la mejor forma posible.
Y para que todo lo anterior haya ocurrido se ha lidiado una gran corrida de toros de Samuel Flores, toros muy bien presentados, bravos en líneas generales con todo lo que esto conlleva, y que han servido para el lucimiento de los toreros, aunque en ningún momento hayan vendido gratis sus embestidas.
Ficha del festejo:
Domingo 2 de septiembre. Plaza de toros de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Temperatura agradable y tres cuartos de entrada.
Toros de Samuel Flores, muy bien presentados, alguno con trapío de plaza de categoría superior a la de Alcázar. Algo más grandones los corridos para rejones. Todos dieron un juego muy interesante, bravos en líneas generales, destacando por juego y fondo el tercero de la tarde premiado con la vuelta al ruedo.
-Sergio Galán: dos pinchazos, rejón y un descabello (oreja) y rejonazo (oreja)
-Enrique Ponce (azul pavo y oro): estocada y dos descabellos (aviso y oreja) y pinchazo y entera trasera y caída (dos orejas y rabo).
-Aníbal Ruiz (tabaco y oro): casi entera chispa desprendida (dos orejas) y dos pinchazos, casi entera perpendicular y atravesada y un descabello (aviso y palmas).
Miguel Angel Sánchez (azul pavo y oro) ha actuado de sobresaliente de los toreros de a pie.
Entre las cuadrillas destacar a los tres subalternos de a pie de Aníbal Ruiz en el tercer toro, a Manolo Castellanos con el capote y a Oscar Castellanos y Miguel Ramírez con los palos.
A la presidencia ha vuelto, tras un año apartado José Luis Grau, que sacó el pañuelo para dar comienzo el festejo con diez minutos de retraso y que ha llevado bien las pautas de la corrida, aunque en la concesión del rabo se ha excedido ya que no había petición mayoritaria para concederlo.
Por primera vez en muchos años, no ha habido alguacilillos que hayan hecho el simbólico despeje de plaza y entregaran los trofeos. Estos han sido sustituidos por dos chicas vestidas de flamenca que han sido las encargadas de este último menester.
Como incidencia, lamentar el esperpento del personal de plaza encargado de repintar las rayas de picar tras la muerte del cuarto toro.
Al final del festejo el rejoneador y los dos matadores han salido en hombros por la puerta grande.

































































