Como cada año, el pasado 13 de enero se conmemoró el día mundial de la lucha contra la depresión, una jornada destinada a visibilizar y concienciar sobre uno de los trastornos de salud mental más prevalentes a nivel mundial.
La depresión afecta a millones de personas en todo el mundo y puede presentarse en cualquier etapa de la vida, sin distinción de edad, género o condición social.
Se calcula que la depresión afecta aproximadamente al 4 % de la población mundial. Más de 332 millones de personas en el mundo viven con depresión. Entre los adultos, la prevalencia estimada es del 5,7 %. Es más común en mujeres: 6,9 % frente al 4,6 % en hombres. Y también es frecuente en personas mayores: 5,9 % en mayores de 70 años.
La depresión no es simplemente sentirse triste o tener un mal día; se trata de un trastorno mental complejo que impacta profundamente en el estado de ánimo. Se caracteriza por una serie de síntomas, entre los que predominan la tristeza, el pesimismo y la anhedonia o incapacidad para sentir placer, alegría o interés en situaciones que habitualmente producían estos sentimientos. Son frecuentes también los cambios en el sueño, dormir demasiado o tener insomnio, la dificultad para concentrarse y el retiro social.
Toda esta sintomatología repercute gravemente en la calidad de vida del paciente con un impacto negativo en el entorno familiar, en el desempeño laboral y en sus relaciones sociales, por eso es tan importante saber detectar y diagnosticar la depresión a tiempo.
La buena noticia es que tiene tratamiento y que muchos pacientes logran una recuperación completa o significativa. El tratamiento dependerá de las características específicas del paciente y en la mayoría de los casos combina terapia psicológica y farmacológica, siendo fundamental el seguimiento y el acompañamiento a lo largo del mismo.
La profesión farmacéutica tiene un firme compromiso en la lucha contra la depresión, especialmente en su detección temprana, en el apoyo a los pacientes durante su tratamiento, y en la concienciación de la sociedad sobre su incidencia, causas y efectos.
Es habitual que una persona acuda siempre o casi siempre a la misma farmacia, donde establece una relación de confianza con el farmacéutico. Esto facilita la detección de un incipiente cambio en el estado de ánimo del paciente, que al farmacéutico deberá valorar y dependiendo de factores como la gravedad de los síntomas o la progresión de estos, determinará la conveniencia de derivar al paciente a la consulta médica.
Otras de las labores del farmacéutico con estos pacientes es asegurarse del buen uso de los medicamentos y su adherencia al tratamiento.
El efecto de los antidepresivos no se suele percibir hasta que no han transcurrido dos semanas del inicio del tratamiento, sin embargo, sí que se notan sus posibles efectos adversos: náuseas, vómitos o insomnio. Esto hace que muchos pacientes abandonen el tratamiento o lo tomen de forma incorrecta.
En este sentido, el papel del farmacéutico informando, aconsejando y acompañando al paciente a lo largo de su tratamiento es fundamental ya que se mejora la adherencia y se consiguen mejores resultados.
Recordar, que la depresión tiene tratamiento, y su farmacéutico le puede ayudar
Sagrario Pérez de Agreda Galiano
Farmacéutica adjunta al Centro de Información del Medicamento
Colegio Oficial de Farmacéuticos de Ciudad Real



































































