Creo que ya he hablado por aquí de la voz de tonta que ponen muchas chicas jóvenes y validísimas para no resultar amenazantes. Me parece que señalé en algún momento que cuanto más listas, talentosas e increíbles, más posibilidades había de que fingieran ser ñoñas como método de supervivencia. A mí me indignaba, y quizá no he visto por qué, hasta que no he encontrado la misma actitud, con matices, en chicos jóvenes. Aunque, debo decir, ellos tienden más al disfraz de persona inofensiva que a la voz ñoña, pero algunos tienen su propia versión de forma de hablar suave y casi sin matices, que parece animar a que los cuiden y no se pongan pegas a lo que digan.
Todos, ellos y ellas, cuando me han visto ser contundente en mis apreciaciones, defender algo con vehemencia —o no cortarme en llamar sinvergüenza a alguien que lo merecía muchísimo— se han quedado entre la admiración y el miedo, como si me fuese a caer una consecuencia gordísima por ser agresiva y se sorprendieran cuando esto no ocurre. Nunca he sido una persona agresiva, pero ahora se puede considerar agresiva cierta asertividad.
Por fin, escuchando a Nathy Peluso, porque la música no ha perdido la capacidad de iluminación, me di cuenta de qué pasaba ahí, de qué me irritaba tanto: que algunas personas nos hemos tomado mucho trabajo para que «los malos» no se atrevieran con nosotras, reforzando esa asertividad y seguridad. Una persona que aparenta ser ñoña, o pasivo-agresiva en lugar de firme, que incluso es capaz de fingir delicadeza para no parecer amenazante es un campo abierto para los abusones. Es decir, no me molesta que la gente parezca menos fuerte de lo que es, o que vaya buscando aceptación o cuidados haciéndose los frágiles: lo que me irrita es que eso hace florecer al matón.
Abusones siempre ha habido y, por desgracia, siempre habrá, pero la única forma de detenerlos es hacerles frente. Hablo de firmeza, de poner límites, de mostrarse más fuerte que ellos, porque dentro de cada abusón no hay otra cosa que un niño frustrado con una pataleta. Creo que todos los que hemos tenido niños malcriados cerca sabemos que si se responde a la pataleta concediendo, al final se crea un pequeño dictador. Esto se puede aplicar a los niños, a la socialización de adultos jóvenes, y no tan jóvenes, y a la política internacional, póngase en el orden que a cada uno le guste más.
Una se pregunta a veces por qué la gente la toma con alguien aparentemente inofensivo y, claro, esa es la clave: la apariencia inofensiva. Nadie es inofensivo del todo, y a veces hay que demostrarlo, no jugar a serlo. No hay nada de malo en asustar a los demás si estos son malos y tú una persona brillante. Dejad, personas brillantes, por favor, de parecer más inocuos de lo que sois. Eso sólo colabora con los matones. Y los matones, más pronto que tarde, se fijarán en vosotros.


































































