En la madrugada de hoy, viernes 3 de abril, coincidiendo con la celebración del Viernes Santo, Quintanar de la Orden ha vuelto a vivir uno de los actos más sobrecogedores de su Semana Santa: la tradicional Procesión de la Campaná. Este evento, considerado uno de los más significativos y emotivos de la localidad, forma parte de una Semana Santa declarada de Interés Turístico Regional.
Antes del amanecer, numerosos vecinos y visitantes se congregaban en la Parroquia Santiago de la Espada para asistir al Sermón de la Pasión, pronunciado por el Párroco de la localidad, D. Ángel Manuel Salazar, quien estuvo arropado por una iglesia abarrotada y en recogimiento.
Finalizado el sermón, la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, portada a hombros por sus anderos y escoltada por militares, salía por las puertas del templo entre la expectación de decenas de fieles y nazarenos que aguardaban en el exterior. Así daba comienzo una procesión marcada por la solemnidad y la emoción.
El cortejo recorrió las calles más céntricas del municipio, con un paso llevado con elegancia que mostraba a Jesús Nazareno vestido con su característica túnica blanca, las manos atadas y reposando sobre una cama de claveles rojos. La imagen, además, procesionaba sin cruz, representando el momento previo a su condena a muerte.
El sonido de las campanas que portaban los nazarenos rompía el silencio de la madrugada, creando una atmósfera única. A ello se sumaba la interpretación de música de capilla por parte de algunos componentes de la Banda Sinfónica Municipal, que aportaban aún más solemnidad al recorrido.
En el cortejo también participaban el Párroco de la localidad junto a miembros de la Junta de Cofradías y de la Hermandad. Al llegar a la Plaza del Ayuntamiento, la imagen se detenía para encontrarse con el paso de Jesús ante Pilatos, de la Cofradía del Santo Descendimiento. En ese momento, Zacarías López-Barrajón leía la sentencia que condenaba a Jesús a muerte. Tras ello, los miembros de la Cofradía del Nazareno cambiaban la túnica blanca por una morada, colocaban la corona de espinas y la cruz, marcando el inicio de un nuevo tramo procesional.
Concluida la Campaná, ambos pasos se unían a la Procesión de los Pasos, continuando así una jornada profundamente arraigada en la tradición y la devoción quintanareña.










































































