Con 19 años de trayectoria en la banda, Pedro Oliva asume la presidencia de la Filarmónica Beethoven con un objetivo claro: consolidar el nivel musical, fortalecer la cohesión interna y proyectar la agrupación más allá de Campo de Criptana. En esta entrevista, repasa los retos más inmediatos, el papel de la banda en la Cuaresma y Semana Santa criptanense y la necesidad de un auditorio acorde a la actividad cultural del municipio.
P.- Lleva 19 años en la banda. ¿Imaginó alguna vez que acabaría asumiendo la presidencia?
R.- La verdad es que no. Entré en 2007 como un músico más, sin pensar en cargos ni responsabilidades. Pero con el paso del tiempo, cuando sientes la necesidad de ayudar, organizar y aportar ideas, te implicas cada vez más.
Hoy una banda no solo debe sonar bien; también debe saber comunicar. La difusión en redes sociales y plataformas digitales es fundamental para llegar a nuevos públicos. Tenemos un público fiel, pero debemos abrirnos a nuevas generaciones. Esa combinación de compromiso y visión de futuro fue la que me animó a dar el paso.
P.- ¿Cuáles serán las líneas de trabajo de la nueva directiva?
R.- La primera es clara: mantener y elevar el nivel musical. La directiva no interfiere en el trabajo artístico, esa es la labor del director, pero sí es su apoyo en todo lo necesario para acudir a certámenes, festivales o grandes escenarios.
Queremos proyectar la imagen de la Filarmónica más allá de Campo de Criptana. Apostamos por certámenes de prestigio y por reforzar la comunicación, tanto interna como externa.
Y hay un aspecto fundamental: la cohesión. Somos 190 componentes y el buen ambiente influye directamente en la asistencia, la motivación y el compromiso. Cuando el grupo está unido, la banda crece en calidad y en número.
Además, hemos incorporado una serie de comisiones – comunicación, documentación, logística, artística y banda juvenil- para implicar al mayor número de gente posible.
P.- ¿Qué cambios incorpora la nueva junta?
La formamos nueve personas, combinando experiencia y renovación. Se incorporan perfiles como Fernando López, Juanjo Mínguez y Francisco Javier Alberca Pintor, profesor de conservatorio, que aporta criterio musical y solidez técnica. Continúan miembros con experiencia como Enrique, Raquel, José Antonio Torres, Carlos Castellanos y Ángel María Ortiz, entre otros. Es un equipo equilibrado y con ganas de trabaja
P.- Nuevo director, nueva etapa. ¿Qué supone la llegada de Carlos Garcés?
R.-Carlos Garcés ha aportado aire fresco. No se trata de comparar etapas, sino de entender que cada director imprime su carácter. Ha introducido nuevas dinámicas de trabajo y perspectivas diferentes.
Cuenta con una trayectoria consolidada en el ámbito bandístico, especialmente en el Levante, y ha dirigido formaciones relevantes en distintas comunidades. Esa experiencia se traduce en ambición artística y en una mirada más amplia.
Cuaresma y Semana Santa
P.- En plena Cuaresma y con la Semana Santa a la vuelta de la esquina, ¿Cómo prepara la Filarmónica Beethoven estas celebraciones y lo más inmediato, el tradicional concierto del Santo Entierro?
R.- El concierto de marchas del Santo Entierro es una cita imprescindible en el calendario cultural de Campo de Criptana. Llevamos semanas preparando el repertorio con detalle, cuidando afinación, matices y calidad sonora.
Interpretaremos marchas como La Esperanza de Triana de Manuel López Farfán, Esperanza Macarena de Pedro Morales o Glorias de Sevilla de Manuel Marvizón, entre otras piezas clásicas y contemporáneas.
En los últimos 26 años, este concierto ha evolucionado mucho. El público criptanense tiene cada vez mayor cultura musical cofrade y demanda obras más específicas, incluso menos habituales en nuestra zona. Eso demuestra el nivel cultural que tiene la localidad.
P.- Existe el tópico de que a la Filarmónica no le gusta tocar en las procesiones de Semana Santa. ¿Qué hay de cierto?
R.-Es más mito que realidad. A los músicos nos gusta tocar en Semana Santa. Otra cosa es que nuestros instrumentos, especialmente los de viento-madera como el fagot o el oboe, son delicados y sufren con la lluvia o el frío.
No es una cuestión de gusto, sino de cuidado del instrumento y de calidad sonora. Además, la Semana Santa es uno de los motores económicos de la banda. Sin las procesiones sería inviable mantener nuestras instalaciones o renovar instrumental. Estamos muy concienciados de ello.
Retos tras el 175 aniversario
P.- Tras el 175 aniversario, ¿cuál es el gran reto de 2026?
R.- Nuestro primer gran objetivo es el Certamen de Bandas de Música Ciudad de Cullera. El año pasado conseguimos el segundo puesto y queremos quitarnos esa espinita.
Interpretaremos la obra obligada Mirall de la Joventut de Saúl Gómez y como obra libre Duende, de Luis Serrano Alarcón, además del pasodoble Las Arenas. Nuestro objetivo es traer la victoria a Campo de Criptana y proyectar una imagen digna y ambiciosa de la banda.
Después llegarán el concierto de primavera, los tradicionales conciertos de verano y las citas habituales con las procesiones de los patronos, Corpus Christi y la Virgen del Carmen.
P.- La reivindicación histórica, el auditorio para Campo de Criptana ¿Es un sueño imposible como se canta en el Hombre de la Mancha?
R.-Personalmente, creo que es posible. Pero todas las administraciones deben implicarse. En la comarca existen auditorios acordes a la población y a la actividad cultural.
En Campo de Criptana seguimos actuando en el Teatro Cervantes, al que tenemos cariño, pero que se ha quedado pequeño y presenta limitaciones de seguridad y espacio. No cabemos en el escenario, hay músicos entre bambalinas y trabajamos en condiciones que no son las ideales.
Un auditorio no es solo para la Filarmónica Beethoven; es para toda la vida cultural del pueblo. Puede parecer un sueño, pero creemos que debe convertirse en una realidad.
Con 190 componentes en activo y casi dos décadas de experiencia a sus espaldas, Pedro Oliva inicia una nueva etapa al frente de la Filarmónica Beethoven con ambición, prudencia y una idea clara: seguir haciendo de la música uno de los grandes motores culturales de Campo de Criptana.





































































