Bahamontes 1
Bahamontes 1
Julián Martínez Arribas. Componente del International C.C. Andermartt | En Profundidad 02/06/2013
En los años que viví en Mallorca, solo aparecí una vez por Sineu, una pequeña población situada en pleno corazón de la isla con varios edificios monumentales dignos de ser visitados. Coincidí en sus calles, con una estatua de no excesivo lustre, pero llamativa, ya que la figura no pertenece a ningún militar o político de esos de dudoso “medallero”, sino que es de un ciclista de musculadas piernas, que sujeta desde su pedestal una rueda de bicicleta en señal de su oficio y una copa por trofeo, como gran competidor que fue, mientras en su rostro, parece adivinarse una leve sonrisa.
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Se llamaba Francisco Alomar Florit. Allí, en su pueblo celebran cada año, haciéndolo coincidir con las fiestas, una carrera ciclista “El Memorial Francesc Alomar”. Antes de la salida, todos los participantes se dirigen al monumento y guardan un minuto de respetuoso silencio en memoria de su paisano más popular.

Volví a coincidir con Francesc, (asi le llaman por su tierra) bastante tiempo después, una vez que en mi, hizo mella la afición por el sufrido pedaleo. Fue a siete kmts., de Orense en la parroquia de Gustei en la carretera que lleva a Cudeiro. Allí, un monolito recuerda el punto kilométrico donde falleció el protagonista de nuestra historia un 9 de agosto de 1955 a los 26 años.



Francisco Alomar fue hijo de una familia de nueve hermanos, uno de ellos, Jaime, seguirìa sus pasos en el ciclismo, llegando a ganar una etapa del Giro de Italia en 1963. La afición de Alomar, le vino en la “mili”, cuando adquirió una bicicleta destartalada, para sus idas y venidas al cuartel. Es justo después del servicio militar, cuando ya aficionado al velocípedo, empieza a competir y tras algunos triunfos en la isla pasa al profesionalismo.



Mateo Flaquer, ese buen mallorquin abnegado informador de ciclismo, nos aporta algún documento inédito y nos cuenta que Alomar en 1952 queda segundo en la primera etapa del Gran Premio de Catalunya, en el Gran Premio de Bilbao es también segundo de la tercera etapa, y otra vez segundo en la penúltima etapa de la Vuelta a Asturias. En la península le empiezan a conocer como la revelación mallorquina.

En un año adquiere una notable reputación como ciclista y para muchos rivales es el hombre a seguir.

En 1953 hace tercero en el Campeonato de España. En la Volta vence en la tercera, etapa Girona-Granollers, escapado como casi siempre. En la Bicicleta Eibarresa obtiene un segundo puesto en la tercera etapa En el Campeonato de España por Regiones, Baleares, con Alomar, Bover y Company, concluye en la segunda posición por detrás de Catalunya.



En 1954 continúa obteniendo excelentes resultados. Se impone en la primera etapa de la Vuelta a Mallorca, gana la Vuelta a Aragón después de poner “patas arriba” la clasificación en la sexta etapa, con una escapada solitaria de 155 kilómetros en la que saca casi 7 minutos a Loroño, y otros tantos a Poblet. Por triunfos así, le llamaban el “fugas”, pero su verdadero nombre de guerra era “El caminante solitario”. En el Campeonato de España vuelve a concluir en el tercer puesto, en este caso detrás de Emilio Rodríguez y Bernardo Ruiz. También hace tercero en la Vuelta a Tarragona. Se impone en la Barcelona-Vilada. También vence en la tercera etapa de la Vuelta a Asturias, Se impone además en la Barcelona-Salomó. Alomar, ese año, se convertiría en el mejor ciclista de España por triunfos conseguidos.

Seleccionado para el Tour, llamada entonces por la prensa española, Vuelta a Francia, tendría una actuación más que notable para un debutante, haciendo tercero en la etapa Briançon-Aix les Bains y segundo en la Mónaco-Marsella. Acaba la carrera en el puesto 31º.


De izquierda a derecha, Jesus Loroño – Bernardo Ruiz – Ezquerra – Aldo Botella –Bahamontes – Miguel Poblet

En 1955 en la Vuelta a Andalucía, no hay prácticamente etapa en la que no se deje ver entre los grandes, como Bernardo Ruiz, Botella, Serra, Gelabert, Poblet etcétera, e imponiéndose a ellos en numerosas ocasiones. En la clasificación final es tercero. En la Vuelta a Asturias hace el segundo. En la Vuelta a Levante es el cuarto. Gana en el Campeonato de España de Montaña disputado en Bilbao. Gana también la primera etapa, Valencia-Castellón, de la Vuelta a Levante. Vuelve al Tour y sufre una caída espectacular junto a Huot y Fernandez, que se retiran. El seguirá luchando con las rodillas tocadas y se llevará por dos veces el premio a la combatividad, que otorga buenos réditos al equipo.

Por todo, Alomar, es en ese momento uno de los ciclistas españoles con más futuro aunque en su equipo el Peñas Solera Cacaolat tenía al “enemigo” otro componente de su misma edad, que ese mismo año, ya le había arrebatado el triunfo en la Vuelta a Asturias y que cuatro años más tarde ganaría la ronda francesa. Un Castellano Manchego nacido en SantoDomingo Caudilla, una localidad toledana situada entre Torrijos y Maqueda. Se llamaba Federico, sus apellidos sobran e igual que Francisco, también disfrutaría de otro alias de aguerrido luchador “El aguila de Toledo”, si bien es cierto, que jocosamente, también le apodaban, “el Lechuga“, y no por su aspecto afilado y
delgado, aunque asi lo creían muchos, tal apodo le venía de mote familiar.



Federico y Francisco estaban destinados a enfrentarse, estaban destinados a ser lideres de equipos distintos. Dificilmente se podría haber mantenido a dos gallos en el mismo corral.

La genética de escalador, la raza de Bahamontes, contra el estilo y la fuerza de Alomar. Pero un destino fatal quiso evitar esa confrontación, que pudo haber llenado de líneas periodísticas la épica ciclista española de la época.



En agosto de ese 1955, el Equipo ciclista, viaja a la Vuelta a Galicia y en Noya, al finalizar la 3ª etapa, Bahamontes, acusa abiertamente a la organización de ayudar a los ciclistas locales Emilio y Manolo Rodriguez, y convence al equipo para que abandone a excepción de un componente

Al día siguiente, el Equipo Peñas Solera Cacaolat, ya sin Trobat, (que no quiso abandonar) ni Bahamontes, es decir, los Masip, Corrales, Segú, Alomar y Viudarreta, deciden volver a Orense en bicicleta y de paso estirar las piernas y entrenar.

Y aquí vino la tragedia y con ella el “lio”, que aún hoy perdura. La crónica oficial habla de que el bidón del agua, pudo ser la causa del accidente que hizo que Alomar cayera y se golpease la cabeza, con el fatal desenlace de su muerte, aunque son suposiciones porque nadie pudo verlo.

Federico contó tiempo después que Segú le confeso, que momentos antes de la caída, Alomar y el, bromeaban echándose agua de los bidones. No fueron momentos felices para el Toledano, pues a la pérdida del compañero, se sumaron, voces en contra de su decisión de abandonar la competición y convencer al resto del equipo para seguirle. Algunos hablaban de retirarle la licencia y le acusaban absurdamente de que su decisión trajo la desgracia. Pero siendo honestos, Alomar pudo seguir los pasos de su paisano Trobat, y seguir en carrera, cosa que no hizo.

La prensa nacional dio cuenta de la pérdida de la figura en ciernes del ciclismo español, sin más detalles que el sitio y la posible causa ya mencionada del accidente, que refrendaron sus compañeros.

Sin embargo, mallorquines de pro, como Climent Picornell, se hacen eco de comentarios ”fuera de cámara”. Dice que poco tiempo después se empezaron a oir dimes y diretes sobre que ocurrió algo distinto, y el “bidón caído” tenia forma de coche negro oficial y personajes famosos en su interior. Unos dicen que si el Marqués de Villaverde y la Carmen Sevilla, otros que si la Lollobrigida y Serrano Suñer. El “yernisimo” o el “cuñadísimo” bien podrían haber sido las máculas de aquel militar gallego “héroe de Africa” que presumió de rectitud.



Se dio la circunstancia que al poco de este hecho, apareció una película luego convertida en icono del cine español, sin lugar a dudas la obra maestra de Juan Antonio Bardem. Se trato de Muerte de un Ciclista. En ella, un profesor de universidad interpretado por Alberto Closas y su amante (Lucia Bose), una mujer casada perteneciente a la burguesía, atropellan accidentalmente a un ciclista. Temerosos de que se descubra el adulterio, huyen y ocultan el tragico suceso.

Algunas críticas dijeron de ella:
"Obra maestra, una película comprometida y combativa, que arremete contra la burguesía de la época y ofrece un desolador retrato de la España franquista”.

“Muerte de un ciclista es, la descripción crítica de un país que vivía un periodo de confusión social, en el que la miseria y el lujo no hallan un punto medio de confluencia".

Pudo ser por tanto este filme, estrenado cuando aún estaba en la mente de todos el recuerdo de tan luctuoso hecho, el que diera pábulo a tanto comentario fuera de la versión oficial. Y algunos que no aceptaban una muerte absurda, prefirieron sacar conclusiones que envolvieran el suceso de un halo de misterio que le otorgara mas lustre.

Un toque de clandestinidad donde dos personas reseñables como pasa en la cinta italo-española, debían mantener el silencio y hacerlo guardar porque la verdad afectaría a sus ordenadas y trascendentes vidas y a las de su alrededor. No ayudaría mucho a los desmentidos que Bardem, a la postre, reconocido comunista, nunca calificara de incierta “tal soflama”, y actuara con la ambiguedad necesaria y conveniente a la publicidad exterior de su película, ( ni más ni menos que premio de la Critica en el Festival de Cannes) y de paso arremetía de forma indirecta contra el gobierno vigente, cuya censura la califico de “gravemente peligrosa”.



Por lo mismo, cualquier aclaración que pretendiera haber venido, del estamento gubernamental no hubiera sido muy creíble, máxime si tenemos en cuenta que el Delegado Nacional de Educación y Deportes, era el nombrado héroe de la Defensa del Alcázar de Toledo, D. José Moscardó, y por tanto de una más que evidente fidelidad al Régimen.

En fin, cuando el rio de los mentideros se desborda, se suelta el virus de la duda y hasta ahora. De tal suerte, poca gente en Sineu y alrededores, cree que su valiente conciudadano muriera por esa torpeza. Nadie ha querido creer nunca que Francesc Alomar Florit, que tanta habilidad había demostrado en la bicicleta, pudiera tener tal descuido. Piensan que hubo algo extraño en todo aquello. Se asombran que los compañeros de equipo, que siempre dijeron ir delante, atestiguaran que la caída se debió al bidón. Creen, que de estos, unos callaron, y otros mintieron. Algunos opinan que por dinero, y otros que por algo más poderoso y más barato llamado miedo y es que las sombra de las postguerra fue alargada y caldo de toda clase de cultivos.

Dicho queda…ahora usted decide, apreciado lector.

Viaje al menos, visite Sineu..pase por Gustei acérquese a Toledo y si es en bicicleta…!mucho mejor¡


Julián Martínez Arribas
COMPONENTE DEL INTERNATIONAL C.C. ANDERMARTT
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