El estreno de Priscilla, reina del desierto en Campo de Criptana durante la Navidad ha supuesto uno de los hitos culturales más destacados de los últimos años en la localidad. Detrás de este ambicioso musical se encuentra la asociación Docevientos y la dirección de Juan Gabriel Amores, quien repasa el proceso creativo, las dificultades superadas y el profundo impacto social de un espectáculo que ha emocionado al público y ha abierto un necesario espacio de reflexión.
Después del estreno de Priscilla en Campo de Criptana, ¿con qué sensaciones se queda y qué balance hace de todo lo vivido?
Las sensaciones son maravillosas. Como le decía a mucha gente de la compañía, este es el Priscilla que soñé hace cuatro años. No puedo sentir otra cosa que felicidad. El balance es increíblemente positivo porque el mensaje ha llegado y ha calado, que era nuestro principal objetivo.
Las cien personas que formamos parte del proyecto estamos muy satisfechas. Hemos conseguido algo muy difícil: dejar al público sin palabras. Había personas que, al terminar la función, necesitaban sentarse a asimilar lo que acababan de vivir. Eso es maravilloso, especialmente en un pueblo como el nuestro. El balance, sin duda, es muy positivo.
Ha sido un trabajo muy intenso para todo el equipo. A nivel personal, ¿qué ha significado dirigir este musical y qué es lo que más le ha marcado del proceso?
Ha sido el mayor reto al que me he enfrentado dentro de Docevientos y, probablemente, de mi trayectoria. Es la culminación de muchos años de trabajo, de conversaciones y debates con compañeros como Jorge, Juanmi, Charo o María José, y de una lucha constante contra dificultades que no siempre han sido fáciles de superar.
Uno de los momentos más complejos fue la entrada al teatro y todo lo relacionado con la parte técnica y la tramoya. Resolver esos problemas con calma, empatía y trabajo en equipo ha sido clave. Priscilla ocupa ya un lugar muy importante en mi corazón y en mi alma. Es un musical que nos ha sobrepasado, que nos ha regalado emociones muy intensas y que permanecerá con nosotros para siempre.
Lo que más me ha marcado es el clima humano que se ha creado. La energía ha sido limpia, positiva, con todo el equipo remando en la misma dirección. Esa conexión ha sido fundamental para que el mensaje se entendiera desde el primer momento.
La respuesta del público ha sido extraordinaria desde el primer día. ¿Cómo ha vivido esa conexión y qué cree que se lleva el espectador al salir del teatro?
Hemos vivido situaciones muy emocionantes. Mucha gente se nos ha acercado para darnos las gracias por llevar este mensaje al pueblo, por la valentía de contar esta historia aquí. Ese agradecimiento da sentido a todo el esfuerzo.
Hemos recibido mensajes muy bonitos y conversaciones profundas. Hacemos este tipo de teatro para dar voz a personas como Tick, Adam o Bernadette; a quienes han sufrido insultos, rechazo o frases vejatorias y que, lamentablemente, siguen existiendo. Creo que el público ha salido con ese mensaje muy claro, que era exactamente lo que queríamos transmitir.
La conexión se sentía desde el primer número, desde It’s Raining Men hasta el final. Nos habría encantado ofrecer más funciones durante Navidad, pero no ha sido posible.
Tras este estreno, ¿os planteáis llevar Priscilla a otros escenarios?
Por supuesto que nos gustaría, pero es un proyecto muy complejo por el número de personas implicadas. A corto y medio plazo no hay nada cerrado. Ahora necesitamos parar, descansar y ser conscientes de lo que hemos logrado, porque todavía estamos asimilando todo lo que ha ocurrido.
Priscilla ha marcado un listón muy alto. Ha sido tan especial que solo nosotros mismos podríamos volver a alcanzar algo así. La posibilidad de llevarlo a otros escenarios existe, pero debe estudiarse con mucha calma y responsabilidad.
Para terminar, ¿ya tiene en mente nuevos proyectos?
Sí, hay proyectos muy bonitos sobre la mesa. La asociación no va a parar y yo tampoco. Necesitamos descansar un poco, pero no detenernos. Hay mucha ilusión y muchas ideas, así que Docevientos tiene todavía mucho camino por recorrer.































































