El cuidado estético ya no responde a un único tratamiento, sino que varía en función de la edad y del momento en el que se encuentra cada paciente. Así lo explica el doctor Alejandro Amador Estrada, médico odontólogo y responsable de Clínica Dental Cervantes, quien detalla cómo han evolucionado estos procedimientos hacia una visión más personalizada y progresiva.
Lejos de buscar cambios bruscos, la tendencia actual pasa por prevenir, mantener y corregir de forma natural, adaptando cada tratamiento a las necesidades de cada etapa de la vida.
Prevención en edades jóvenes
En pacientes jóvenes, el objetivo principal no es corregir, sino evitar la aparición de arrugas permanentes. Tal y como señala el doctor, las conocidas como arrugas estáticas —las que quedan marcadas incluso en reposo— pueden prevenirse actuando a tiempo.
En este sentido, la toxina botulínica se utiliza como tratamiento preventivo para evitar que esas líneas de expresión se conviertan en permanentes con el paso de los años.
En cuanto a los rellenos, como el ácido hialurónico, su uso en edades tempranas es más limitado. Se reserva principalmente para zonas concretas como los labios, donde además de aportar volumen, contribuye a la hidratación y al cuidado de esta zona.
Pérdida de volumen en la mediana edad
A partir de los 35 o 40 años, el enfoque cambia. El envejecimiento comienza antes de lo que muchas personas creen —en torno a los 25 o 26 años— y con el paso del tiempo se hace más evidente.
En esta etapa, el principal cambio es la pérdida de volumen facial. Los llamados paquetes grasos del rostro tienden a descolgarse y la piel pierde elasticidad, lo que provoca un aspecto más cansado.
Para contrarrestarlo, se recurre a tratamientos que permiten reponer ese volumen perdido, devolviendo al rostro un aspecto más equilibrado sin necesidad de recurrir a técnicas invasivas.
Edades más avanzadas
En personas de mayor edad, los tratamientos combinan varias técnicas para abordar diferentes signos del envejecimiento.
Por un lado, la toxina botulínica se utiliza para suavizar las arrugas ya marcadas. Por otro, los rellenos dérmicos como el ácido hialurónico permiten recuperar volumen en zonas concretas del rostro.
A esto se suman técnicas como los hilos tensores, que ayudan a combatir la flacidez de la piel, y tratamientos más recientes como los inductores de colágeno, entre los que se encuentran el ácido poliláctico o la hidroxipatita cálcica.
Estos últimos no ofrecen un resultado inmediato, pero sí actúan a largo plazo estimulando la producción natural de colágeno y elastina, lo que contribuye a una mejora progresiva de la piel.
Nuevas técnicas y tratamientos complementarios
Más allá de los tratamientos faciales tradicionales, el doctor también destaca otras técnicas que están ganando protagonismo en consulta.
Entre ellas, el uso del arco de plasma o plasmapen, empleado en el tratamiento de estrías, eliminación de pequeñas verrugas o incluso en procedimientos como la blefaroplastia sin cirugía en casos leves. Este sistema actúa mediante una quemadura controlada que favorece la regeneración uniforme de la piel.
Además, la toxina botulínica ha ampliado sus aplicaciones más allá de la estética, utilizándose también en casos como el bruxismo o el exceso de sudoración.
En la actualidad, uno de los aspectos más valorados por los pacientes es la naturalidad de los resultados. Según explica el doctor, la mayoría de personas buscan mejoras sutiles, alejadas de cambios artificiales.
El tratamiento de labios y la toxina botulínica siguen siendo los más demandados, mientras que técnicas como el efecto lifting sin cirugía, mediante puntos de anclaje estratégicos, permiten tensar la piel y mejorar el aspecto del rostro sin añadir volumen innecesario.













































































