¿Qué hemos hecho mal? Hace unos artículos hablaba de las modas como medidor social. Uno de los ejemplos más impactantes me da ciertos escalofríos cuando lo pienso, y no lo puedo evitar.
A lo mejor os habréis fijado en que muchas chicas jovencitas hablan como si fueran tontas. Estoy hablando de centenials para abajo: voz melosa elevada a la nariz para sonar más dulce, entonación que adelanta el quitar importancia al contenido, caída de pestañas, hombros elevados y cabeza girada a un lado cuando lo que van a decir es importante. Yo lo venía observando desde hace como seis o siete años. Al principio eran unas pocas, pero cada vez hay más. Mi alarma saltó cuando me di cuenta de que las que lo hacían, casi siempre, eran chicas especialmente brillantes en algún sentido. Es decir, no son para nada tontas, pero hablan como si lo fuesen. ¿Por qué?
Resulta que lo de la voz de niñata sin fuste es una moda actual aquí, pero que ya existía en otros países previamente, en especial en oriente, y que, por lo visto, tiene como finalidad no resultar amenazante. Es decir: estas chicas brillantes, conscientes de su brillantez, son conscientes también de que su brillantez puede resultar amenazante y usan la voz para quitarse importancia y no parecer agresivas. Por favor, que alguien me explique qué hemos hecho mal, porque no lo entiendo. A mí que una mujer quiera parecer más tonta de lo que es, no de forma circunstancial sino como norma, me parece un síntoma de una enfermedad social grave.
Una de ellas —¿he dicho ya que suelen ser brillantes?— me dijo que lo hacía de manera muy consciente porque era su manera de conseguir cosas. La gente tendía a protegerla por parecer estúpida, y eso le abría puertas, en especial puertas profesionales. Parecer sumisa y tener una actitud tímida y coqueta, de alguna forma retorcida, la ponía en una situación de privilegio frente a las que mostraban y defendían lo que eran capaces de hacer de forma eficiente y sobria. Las mujeres que van a por lo que quieren de frente, resultan masculinas y causan rechazo. Usar la voz de ñoña te hace parecer más femenina e inofensiva, y por lo tanto puedes encontrar el espacio deseado sin llamar la atención, sin parecer ni una marimacho ni una histérica. Esto es lo que me han contado al respecto, y estoy tan ofendida que no sé por dónde empezar. Lo primero es que se identifica lo femenino con lo inofensivo, lo tonto y lo que hay que proteger. Lo segundo, que si no respondes a ese canon sumiso eres susceptible de ser descartada. Yo no me hice feminista para esto, sinceramente.
A mí, el hecho de que haya muchas chicas que elijan comportarse como niñas pequeñas para poder destacar y ocupar espacio me preocupa, porque significa que el viraje al conservadurismo está hasta donde no lo hemos visto. Y es como una epidemia, tan evidente como la de los trastornos alimenticios en los noventa.