En los rincones más diversos, podía encontrarse un caballete con un lienzo y un pintor dejando volar su imaginación a través de sus pinceles. Inspirados en calles, casas, edificios emblemáticos, parajes singulares o simplemente exteriorizando su imaginación, todos ellos plasmaron sobre sus respectivos lienzos su visión sobre Alcázar de San Juan de una forma concreta, por la noche, en menos de cuatro horas y con espectadores de continúo.
Una tradición ya en Alcázar tanto para los propios artistas como para quienes disfrutan viendo el arte que surge de manera espontánea y con estilos muy diversos que ponen el foco de atención de maneras tan distintas que aportan visiones diferentes sobre lo cotidiano.
Como en otras ocasiones, la Plaza de España volvió a ser uno de los lugares más concurridos, tanto por la concentración de pintores, como de personas ávidas de ver el desarrollo de cada una de las obras. La zona de Santa María y el Torreón, de Santa Quiteria, San Francisco, Santísima Trinidad o de la calle Santo Domingo fueron otros emplazamientos elegidos por los pintores, aunque hubo muchos más.
El resultado, una amplía muestra de artes muy distintos, con predominio o ausencia del color, de estilos realista, abstracto y otros muchos, con líneas rectas, curvas o indefinidas y sobre todo con la huella personal de cada uno de los participantes. A partir de las dos de la madrugada, en el Museo Municipal donde tenían que llevar las obras todos ellos, empresas y personas a título participar adquirieron muchos de estos cuadros.











































































