“Es cierto que hay que dar una vuelta a las diputaciones para que su trabajo sea útil para los ciudadanos y no generen deuda pública. Probablemente en ciudades como Valencia o Castellón, estos organismos no tengan sentido pero, desde lo que conozco, la Diputación de Ciudad Real cumple con el objetivo de atender a pequeños municipios, no tiene deudas con las entidades financieras, las cuentas de 2015 se cerraron con un superávit de 20 millones de euros y cuenta con un remanente de Tesorería de 50 millones de euros. En este caso, debería dársele continuidad de algún modo, tal vez con la fórmula de mancomunidad u otra figura administrativa que recoja la actividad que hasta ahora realiza la Diputación, sino, muchos alcaldes tendrían que entregar las llaves de sus pueblos por no poder gestionarlos”.







































































