Marcilla manifestó que tanto en países en desarrollo como en países desarrollados, «la agricultura familiar es la forma predominante de agricultura en la producción de los alimentos que comemos, las ropas que vestimos, el forraje de nuestros ganados, la biomasa como energía alternativa y el paisaje rural del que disfrutamos».
La agricultura familiar es una alternativa real a una situación actual de desajuste de la cadena, en un entorno de desafío global agroalimentario. Los agricultores y ganaderos, así como sus cooperativas, «contribuimos, con nuestra actividad productiva, a la economía, medio ambiente y empleo particularmente en las zonas rurales de la UE, suministrando alimentos suficientes y de calidad a una población en contínuo crecimiento y
garantizando la seguridad alimentaria en el mundo, así como el mantenimiento del medio ambiente».







































































