


El sábado tuvo lugar la ofrenda floral en la Plaza de Santa María, con la Virgen subida en su paso. Asociaciones, hermandades, colegios y ciudadanos en general llevaron flores blancas, mientras que el alcalde, acompañado de los concejales Ángel Puente y Antonio Montealegre, ofrendó un centro floral con la bandera de Alcázar realizada con claveles.
Previamente había tenido lugar el pasacalles, encabezado por la Agrupación Musical Jesús del Perdón, al que se iban sumando los donantes de flores de camino a Santa María. El alcalde y los concejales se unieron al pasacalles cuando éste discurrió por delante del Ayuntamiento, y de ahí siguieron por la calle Jesús Romero hasta la Plaza de Santa María.
La noche del sábado se celebró la verbena popular, el lanzamiento de fuegos artificiales y la tradicional elaboración de gachas entre diferentes peñas y grupos de amigos.
El domingo la actividad se iniciaba temprano, con el rosario de la aurora que daba comienzo a las siete de la mañana. Posteriormente, a las doce, se celebró la solemne función religiosa en una abarrotada iglesia de Santa María, en la que fue necesario colocar sillas de plástico para que la gran cantidad de gente que acudió a la misa pudiera sentarse.
La primera teniente de alcalde, María Jesús Pelayo, presidió en este caso la representación municipal en ausencia del alcalde, que se encontraba en un acto en Bullas (Murcia) en calidad de presidente de Acevin. Acompañaron a Pelayo los concejales Ángel Puente, Juan José Arias, Julián Mateos y Ángel Montealegre.
Terminada la eucaristía, en los salones parroquiales se celebró la ceremonia de reconocimiento a los alcazareños ausentes, un sencillo acto en el que se homenajea cada año a vecinos de Alcázar a los que la vida les alejó de su ciudad, pero que vuelven cada año con motivo de las fiestas patronales en honor a la Virgen del Rosario. En este caso, se homenajeó a María de las Nieves Úbeda Rivas y a Alfonso Luis Quiñones Romero. Además, la Archicofradía del Rosario quiso entregar un recuerdo a Ángel Izquierdo, miembro de la hermandad, en agradecimiento a sus años de intensa labor en ésta.
Por último, tras la gran subasta de artículos donados por vecinos y empresas colaboradoras, a las ocho y media de la tarde tenía lugar la salida de la procesión de la Virgen del Rosario, con la participación en el cortejo de todas las hermandades de Alcázar de San Juan, el clero local y numerosos devotos con velas. El alcalde, Diego Ortega, acompañó al presidente de la hermandad, Amancio Abengózar, junto a los concejales Manuel de la Guía, Julián Mateos y Ángel Montealegre. La Asociación Banda de Música de Alcázar, ubicada delante del paso de la Virgen, que estaba exornado principalmente con rosas y nardos, se encargó de tocar diferentes marchas entre las que no pudo faltar el “Himno a la Virgen del Rosario”, además de otras composiciones, como “Virgen de los Estudiantes”, “Rocío” o “Encarnación Coronada”.
La entrada de la Virgen del Rosario en Santa María fue uno de los momentos más emotivos para los numerosos fieles que se concentran en la Iglesia de Santa María. Después de cantar el Ave María y rezar la Salve conducida por el párroco Javier Quevedo, tomó la palabra el sacerdote alcazareño, que ejerce su labor en Aracena (Huelva), Longinos Abengózar, quien entonó versos de alabanza a «la Madre de Alcázar, lo más grande del mundo entero», al tiempo que recordó a tantos devotos de la Virgen del Rosario que han fallecido en los últimos años «y ya están con Ella». También puso en valor la labor de la Corporación Municipal a la que le dijo que «lo está haciendo muy bien», así como a los alcazareños que viven en otros lugares y que hacen lo posible por venir a ver a la Virgen y, como es habitual, emocionó a los numerosos asistentes con sus vivas a la Virgen del Rosario, que fueron reproducidos igualmente por algunas de las personas que allí se congregaban.









































































